Reflexiones sobre el censo de la UBA 2011

 

facultad uba

Por Alieto Aldo Guadagni*(Econométrica) . Ya se conocen los resultados del Censo de Estudiantes de la UBA realizado en el año 2011. Esta iniciativa de la Universidad Nacional de Buenos Aires es muy meritoria y sería conveniente que fuese imitada por otras universidades, ya que pone a disposición de la opinión pública información muy relevante y útil para la política universitaria.

A continuación presentamos y, además, analizamos los principales resultados de este Censo,
indicando que se trata del quinto Censo de la UBA, ya que se habían realizado anteriormente censos en los años 1992, 1996, 2000 y 2004. Además, basados en este Censo, presentamos argumentos a favor de la instauración de un Fondo de Solidaridad, haciendo referencia a la experiencia del Fondo de Solidaridad Universitaria de la Universidad de la Republica del Uruguay establecido en 1994. El objetivo de esta propuesta es avanzar hacia una mayor igualdad de oportunidades en la UBA y, al mismo tiempo, fortalecer la insuficiente matricula en las carreras científicas y tecnológicas.

I) INCREMENTO POBLACION ESTUDIANTIL POR FACULTADES (1992-2011)

La información disponible en este Censo 2011 cubre a las 13 Facultades de la UBA más el CBC, mostrando que entre 1992 y el 2011 la población total estudiantil de la UBA se incrementó un 55,7 por ciento, llegando a 262.932 estudiantes.

Destaquemos el hecho que este aumento es mayor al aumento de la población total del país, que en ese mismo periodo fue del 22 por ciento. En el cuadro I se muestra esta evolución por Facultad,ordenadas según el ritmo de expansión de su población estudiantil.

Cuadro 1

Como se observa, el mayor crecimiento en la población estudiantil le corresponde a Ciencias Sociales, que entre 1992 y el 2011 incrementa su población en 231,3 por ciento al pasar de 6.646 estudiantes en 1992 a 22.016 en el 2011, con este fuerte crecimiento esta Facultad logra duplicar su participación relativa en el total del alumnado de la UBA en estos años. Por su parte, el alumnado en las carreras científicas y tecnológicas en las facultades de Ingeniería y Ciencias Exactas crece mucho menos y por debajo del promedio general del 55,7 por ciento (apenas 11,5 y 28,9 por ciento respectivamente). Es interesante señalar que en el año 1992 por cada 100 estudiantes en Ciencias Sociales había 200 en Ingeniería y Ciencias Exactas, ahora hay apenas 72.

Este serio retroceso relativo en estas carreras no es positivo para el desarrollo futuro de nuestro país, en este difícil y competitivo mundo globalizado; no parece posible fortalecer en este siglo XXI un modelo que ahora se postula como de “acumulación con diversificación productiva e inclusión social”, sin la contribución efectiva de los graduados en las carreras científicas y tecnológicas.
II) AUMENTA FUERTEMENTE EN LA UBA LA PRESENCIA DE ALUMNOS EGRESADOS DE ESCUELAS SECUNDARIAS PRIVADAS Y DE ESTUDIANTES EXTRANJEROS

 

Como hemos visto en el cuadro I entre 1992 y el 2011 los estudiantes de la UBA aumentan un 55,7 por ciento, al pasar de 168.808 a 262.932. Pero existen significativas diferencias cuando se presta atención al origen de los nuevos estudiantes por tipo de escuela secundaria, tal como se indica en el cuadro II.

cuadro2

Como se observa en el cuadro II entre 1992 y el 2011 el alumnado proveniente de escuelas secundarias privadas aumenta un 99,6 por ciento, mientras que los estudiantes que vienen del exterior aumentan nada menos que un 217,8 por ciento. Pero es llamativo que, en el caso de los alumnos cuyo origen son las escuelas secundarias estatales, este aumento se ubica en apenas un 15,4 por ciento en estos casi veinte años, es decir incluso por debajo del aumento de la población (22 por ciento).Es así como de cada 100 alumnos en que aumenta la matricula total apenas 15 de ellos provienen de escuelas estatales, 80 vienen de escuelas privadas y 5 del exterior. Como se observa estamos en presencia de un muy importante cambio en el origen de los estudiantes de la UBA, ya que hacia 1992 había mayoría de estudiantes con origen en escuelas estatales (53,9 por ciento), pero en el 2011 esta presencia se reduce a apenas 39,9 por ciento.

La UBA tiene como hemos visto 13 Facultades, en 12 de ellas los alumnos que vienen de escuelas estatales son ahora minoría, la única excepción es Filosofía y Letras donde estos estudiantes representan el 50,6 por ciento del total de los alumnos. En el otro extremo de mayor presencia de alumnos de escuelas privadas, encontramos a Odontología con apenas 34,7 por ciento que vienen de escuelas estatales. Esta importante mayoría de alumnos de escuelas secundarias privadas más estudiantes provenientes del exterior seguramente continuará en los próximos años, ya que apenas el 41,3 por cientos de los alumnos del CBC en el 2011 reconocían como origen escuelas estatales.
III) EL CAMBIO EN EL NIVEL SOCIOECONOMICO DEL ALUMNADO DE LA UBA
ENTRE 1992 y 2011.

 

Este Censo no proporciona información sobre el nivel de ingresos de las familias de los alumnos de la UBA, pero si aporta datos sobre el nivel educativo de estas familias. Teniendo en cuenta las videncias empíricas que muestran una estrecha asociación en nuestro país entre niveles educativos y de ingresos de las familias, es razonable asumir un comportamiento similar entre ambos indicadores. Baste decir que, según la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC actualmente el 54 por ciento de los graduados universitarios del país corresponden al 20 por ciento más rico de la población, mientras que apenas 2,4 de cada 100 graduados universitarios vienen del 20 por ciento más pobre.

Además, según estudios hechos en 1999 por la Secretaria de Política Universitaria de la Nación, era ya entonces evidente la desigualdad socioeconómica en el acceso a la Universidad, incluso a la estatal. En ese año 1999 de cada 100 estudiantes de las universidades estatales 60 venían de las familias ubicadas en el grupo superior del 40 por ciento de mayores ingresos, mientras que las familias ubicadas en el 20 por ciento del nivel inferior de ingresos aportaban apenas 6 estudiantes de cada 100 en estas universidades; esta realidad era ya entonces incompatible con la igualdad de oportunidades. Veamos ahora que ocurrió en las últimas décadas, presentando la evolución de los niveles educativos de los padres de los alumnos de la UBA.

 

cuadro2

 

Como se observa en el Cuadro III, en el año 2011 el 26,3 por ciento de los padres de alumnos de la UBA tenían grado universitario, pero había una gran diferencia entre Facultades; así por ejemplo, en Ingeniería este porcentaje trepaba al 42,7 por ciento, mientras que en Psicología caía al 22,3por ciento. Al comparar los niveles educativos de los padres de 1992 con los del año 2011 surge lo siguiente:

• Aumenta significativamente la importancia de los padres cuyos padres tienen grado
universitario al pasar del 20,8 por ciento al 26,3 por ciento del total de los padres.

• Se reduce fuertemente la presencia de padres que no superaron la escuela primaria,
al reducir su participación de un 27,3 por ciento al 16,9 por ciento.

Para ubicar esta información censal de la UBA dentro del panorama del nivel educativo de toda la población adulta del país, es útil acudir ahora a la información que proporciona el Censo Nacional de Población realizado en el año 2010. Podemos así comparar a continuación los niveles generales educativos de toda la población con el segmento específico de los padres de los alumnos de la UBA.
cuadro4

Las diferencias educativas de los padres son notorias y muy significativas, ya que mientras nada menos el 42,2 por ciento de los adultos del país no paso más allá de la escuela primaria, esta proporción ser reduce a apenas el 16,9 por ciento en el caso de los padres de alumnos de la UBA.

Al mismo tiempo se observa que mientras el 38,5 por ciento de los padres de alumnos de la UBA paso por la universidad, esta proporción se reduce a apenas el 13,6 por ciento cuando se considera toda la población adulta del país comprendida entre 40 y 49 años de edad. Este Censo de la UBAademás también proporciona información sobre los padres de los alumnos de las escuelas CarlosPellegrini, Nacional Buenos Aires y la Escuela Agropecuaria. Es interesante destacar que aquí las diferencias son aún mucho más notables, ya que el 67,2 por ciento de los padres y el 70,1 por ciento de las madres de los alumnos de estos institutos secundarios que dependen de la UBA pasaron por la Universidad, destacándose que el 53,3 por ciento de estos padres y el 59,8 de las madres son graduados universitario; señalemos que esta graduación apenas llega al 9,4 por ciento en la población adulta del país. Este es un buen indicador que señala el muy alto nivel educativo de los padres de los institutos secundarios de la UBA, cuyos alumnos se ubican así en los escalones más altos desde el punto de vista socioeconómico, ya que apenas 2 por ciento de sus padres no
avanzo más allá de la escuela primaria, recordemos que en todo el país esta proporción se eleva a nada menos que un 42,2 por ciento.

Como se observa en función de estos censos de estudiantes de la UBA la composición social del alumnado hoy es muy distinta a la prevaleciente hace dos décadas. Es razonable suponer que la creación de varias universidades estatales localizadas en el conurbano bonaerense, con capacidad de atracción de los segmentos más humildes de la población en el Gran Buenos Aires, haya contribuido a este nuevo sesgo en favor de una mayor presencia en el estudiantado de la UBA de núcleos poblacionales de mayor nivel socio‐económico. Llegados a este punto, surge entonces el interrogante si esta circunstancia nueva no sería propicia para introducir el criterio hasta ahora ausente de la “solidaridad universitaria”.

 

IV) UN PASO POSITIVO HACIA LA SOLIDARIDAD UNIVERSITARIA.
EL EJEMPLO DEL URUGUAY.

 

Partamos por enfatizar tres hechos propios de los últimos veinte años, dos de los cuales ya fueron expuestos detalladamente. El primero se refiere, como hemos visto, a la gran presencia de alumnos que vienen de escuelas privadas (alrededor de 150.000) y también la creciente presencia de alumnos del exterior (alrededor de 7000), muchos de los cuales también provienen de escuelas privadas. El segundo se refiere al preocupante estancamiento de la matricula correspondiente a las carreras científicas y tecnológicas, lo cual no es promisorio para nuestro futuro desarrollo. El tercer hecho es la reducida relevancia que tienen hoy los programas con magras becas orientados a los alumnos de escasos recursos, baste decir que en la UBA existían apenas 4054 estudiantes becados por la UBA y sus facultades; no es positivo observar que con una gran población estudiantil de 262.932 alumnos, la mayoría de los cuales vienen de escuelas privadas, se puedan
financiar magras becas apenas para el 1,5 por ciento de los estudiantes. Señalemos que el programa de becas Sarmiento de la UBA establece una baja remuneración mensual de 430 pesos.

En el 2010 la UBA dedico a becas estudiantiles apenas el 1,2 por ciento de su presupuesto total de gastos.

Por todo esto es hora ya de reflexionar, teniendo en cuenta estas grandes transformaciones en el alumnado de la UBA en las últimas décadas, sobre el verdadero significado actual de la tradicional gratuidad irrestricta y generalizada para todos los estudiantes de la enseñanza universitaria, incluso a favor de segmentos poblacionales altos desde el punto de vista socioeconómico o de extranjeros en tránsito. La evidencia hasta aquí exhibida y que surge del Censo de Estudiantes de la UBA no indica que, gracias a esta gratuidad generalizada haya habido progresos en el sentido de una mayor inclusión social consistente con la igualdad de oportunidades. Este tipo de reflexión y debate ya se ha dado responsablemente hace varios años en otros países como la vecina República Oriental del Uruguay, que legisló en 1994 la implementación del Fondo de Solidaridad Universitaria de la Universidad de la Republica, orientado a financiar importantes y expansivos programas de becas. La Universidad de la Republica tiene actualmente alrededor de 82.000 alumnos (es decir menos de la tercera parte que la UBA), sin embargo tiene 6700 becas o sea que más del 8 por ciento de sus alumnos goza de este beneficio, recordemos que en la UBA los becados son apenas el 1,5 por ciento de los estudiantes. Además, y esto debe ser destacado, estas becas en el Uruguay son importantes ya que están en el orden de los 240 dólares mensuales (recordar que las becas Sarmiento de la UBA son de apenas 430 pesos por mes). La pregunta es: cómo es posible entonces que con menos de la tercera parte de alumnos de la UBA la Universidad
de la Republica beneficie con becas un 65 por ciento más de alumnos que la UBA. La respuesta se encuentra en el inteligente método de financiamiento establecido por ley en 1994, por el cual todos los graduados de la Universidad de la Republica deben contribuir a este Fondo, a partir del quinto año de graduación. El aporte obligatorio de los graduados en el año 2012 fue de 120 dólares anuales para graduados en carreras de 4 años, mientras que en el caso de graduados en carreras de 5 o más años este aporte obligatorio asciende a 200 dólares. La aplicación de un modelo de financiamiento de becas similar al de la Universidad de la Republica, permitiría a la UBA tener más de 20.000 becados, con becas significativamente mayores a las actuales y lo suficientemente atractivas para asegurar la dedicación plena al estudio de nuevos alumnos provenientes de sectores humildes.

 

V) IGUALDAD DE OPORTUNIDADES Y FINANCIAMIENTO UNIVERSITARIO

 

Con el propósito de ilustrar otro ejemplo de solidaridad universitaria escogido entre varias
alternativas posibles, presentamos las características principales de una propuesta distinta al modelo de la Universidad de la Republica. Si se establece un Fondo Solidario en la UBA, sostenido con contribuciones regulares y obligatorias por cada cinco alumnos con capacidad efectiva de contribuir, se podría financiar una beca a favor de un estudiante que la necesite para poder cursar normalmente y con plena dedicación sus carreras universitarias. Se podrían así financiar los estudios de 20.000 nuevos alumnos; esto supone que son apenas 100.000 los que aportan (tener en cuenta que significan apenas el 38 por ciento del total de los alumnos), como se observa es un esquema de financiamiento distinto al uruguayo, pero el resultado es esencialmente equivalente en cuanto a la cobertura de becas.

Estas becas “solidarias”, cualquiera fuese el método de financiamiento escogido, deberían asignarse por la UBA con tres criterios, a saber:

• En primer lugar, deben ser estudiantes que realmente las necesiten, para poder así
dedicarse plenamente al estudio y cumplir con las exigencias de la carrera escogida.

• En segundo lugar, tienen que demostrar un buen desempeño escolar previo en el nivel
secundario y avanzar regularmente en sus estudios en la UBA.

Finalmente, las becas normales podrían financiar a alumnos de cualquier carrera. Pero el grueso de las becas y los montos individuales más altos, debería corresponder a los aspirantes a las becas que los convierten en alumnos de dedicación plena y que opten por las diversas carreras científicas y tecnológicas que hoy necesita nuestro país. En estas disciplinas hay estudiando en cinco Facultades de las trece de la UBA apenas 30.000 alumnos de los 262 mil matriculados, esto quiere decir que la matrícula en estas carreras estratégicas se podría incrementar en casi un 70 por ciento.

VI) REFLEXION FINAL

La equidad no consiste simplemente en tratar igualmente a los muy desiguales desde el punto de vista socioeconómico; por esta razón, a la luz de las evidencias que surgen de los cambios de las últimas décadas, es hora de replantearse los fundamentos éticos de la presente gratuidad generalizada, cualquiera fuese la capacidad financiera de quienes ingresan a la UBA o el país de residencia. Paradójicamente esta gratuidad general es, en el actual contexto educacional en nuestro país, un escollo en el sendero hacia una mayor inclusión social en la Universidad por la ausencia de financiamiento para una activa política de becas. Por esta razón, es ahora necesario avanzar hacia un estadio distinto, caracterizado por una incorporación masiva de alumnos de origen humilde con genuina vocación de estudiar y que se orienten principalmente a las carreras científicas y tecnológicas que el país necesita. Estos jóvenes humildes no están hoy en condiciones de afrontar las exigencias de plena dedicación propias de estas carreras, ya que sus familias son pobres y por eso no los pueden sostener y deben por lo tanto trabajar.

Quienes abogan dogmáticamente por la tradicional gratuidad generalizada, cualquiera fuese el nivel socioeconómico o incluso la residencia permanente del beneficiado, no están aportando efectivamente a la vigencia de una nueva situación con más igualdad en la acumulación del capital humano, por la sencilla razón que bloquean la posibilidad de un financiamiento solidario. La inclusión social y la igualdad de oportunidades son grandes desafíos para afrontar en este siglo, pero para avanzar hacia esa meta hay que ir por el sendero de la solidaridad.

 

*Miembro de la Academia Nacional de Educación

 

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