La geopolítica del shale

shale

 

Por Robert D. Kaplan.  Según los periódicos de élite y las revistas de opinión, el futuro de las relaciones exteriores se basa principalmente en las ideas: el impulso moral para la intervención humanitaria, las diversas teorías que rigen los tipos de cambio y lel reequilibrio de la deuda necesarios para arreglar Europa, el aumento del cosmopolitismo junto a la vitalidad tenaz de nacionalismo en el este de Asia, etc. En otras palabras,: el mundo del futuro puede ser diseñado y definido sobre la base de tesis doctorales. Y hasta cierto punto esto puede ser cierto. Como nos probó el siglo XX, las ideologías – el comunismo, el fascismo o el humanismo – importan. Y mucho.

Pero hay otra verdad: la realidad de  grandes fuerzas impersonales, como la geografía y el medio ambiente, que también ayudan a determinar el futuro de los acontecimientos humanos. África ha sido históricamente pobre en gran medida debido a su escasez de  buenos puertos naturales y ríos navegables entre el  interior y la costa. Rusia es paranoica pues su masa continental está expuesta a la invasión, con pocas barreras naturales. Los emiratos del Golfo Pérsico son fabulosamente ricos no en ideas, sino merced a sus enormes depósitos subterráneos de energía.  Adivinó: los intelectuales se concentran en lo que pueden cambiar, pero somos incapaces de cambiar mucho de lo que sucede.

Agréguele shale (o esquisto), una roca sedimentaria en la que puede quedar atrapado gas natural. El shale gas o gas de esquisto constituye una nueva fuente de energía extraíble para el mundo post-industrial. Los países que tienen considerables depósitos de esquisto estarán en mejores condiciones en la competencia entre los estados del siglo XXI, y los que no tienen estos depósitos estarán peor. Las ideas importarán poco en este asunto.

Stratfor, como es el caso, ha estudiado el tema en profundidad. Este es mi propio  análisis, influenciado en parte por la investigación de Stratfor.
Así que veamos quién tiene shale y cómo esto puede cambiar la geopolítica. Pues el futuro dependerá en gran medida de lo que hay bajo la superficie..
Resulta que Estados Unidos tiene vastos depósitos de gas de esquisto: en Texas, Louisiana, Dakota del Norte, Pennsylvania, Ohio, Nueva York y otros lugares. Estados Unidos, más allá de muchas opciones políticas que adopta, está a punto de ser un gigante de la energía del siglo XXI. En particular, la Costa del Golfo, centrada en Texas y Louisiana, están proyectados en un boom del gas de esquisto y del petróleo bituminoso. Ese desarrollo hará del Caribe un punto focal económico del Hemisferio Occidental, más estimulado aún  por la ampliación, en 2014, del Canal de Panamá. Al mismo tiempo, la cooperación entre Texas y el vecino México se intensificará, ya que México se convierte cada vez más en un mercado para el shale gas, y explota  sus propias cuencas de esquisto cerca de su frontera norte.
Estas son, noticias inquietantes para Rusia. Rusia es actualmente el gigante energético de Europa: exporta hacia el oeste gas natural en grandes cantidades, lo que proporciona a Moscú influencia política en toda Europa Central y en particular en Europa del Este. Sin embargo, las reservas de Rusia están a menudo en partes de Siberia que son difíciles y costosas de explotar – aunque la tecnología de extracción de Rusia, alguna vez antigua, se ha modernizado considerablemente. Y Rusia por el momento podría enfrentar poca competencia en Europa. Pero, ¿y si en el futuro Estados Unidos fuera capaz de exportar gas de esquisto a Europa a un precio competitivo?

Estados Unidos todavía tiene poca capacidad de exportación de shale gas a Europa. Tendría que construir nuevas instalaciones de licuefacción para hacerlo;  en otras palabras, tendría que erigir plantas en el Golfo de México, que conviertan el gas en líquido para que pueda ser transportado por barco a través del Atlántico, donde otras instalaciones de licuefacción lo retransformen en gas. Esto es factible con  inversión de capital, conocimientos técnicos y legislación favorable. Los países que construyan estas instalaciones tendrán más opciones energéticas, para exportar o importar, sea cual sea el caso. Así que imaginen un futuro en el que Estados Unidos exporta gas de esquisto licuado a Europa, reduciendo la dependencia que los países europeos tienen de la energía rusa. La geopolítica de Europa podría cambiar un poco. El gas natural podría llegar a ser para Rusia, más que una herramienta política, una puramente económica (aunque incluso ese cambio no tan sutil requeriría importantes exportaciones de gas de esquisto de América del Norte a Europa).
Esto podría resultarle especialmente relevante a Polonia. Pues Polonia puede tener importantes yacimientos de gas de esquisto. Si los  depósitos de esquisto polaco  demostraran ser los más grandes de Europa (un gran “si”), Polonia podría convertirse por derecho propio en un gran productor de energía, transformándose este país llano y sin defensas naturales hacia el este y el oeste – aniquilado por tanto Alemania como por la Unión Soviética en el siglo XX – en un estado pivote o potencia de nivel medio en el XXI. Estados Unidos, por su parte, un tanto liberado del petróleo del Medio Oriente debido a sus propias fuentes de energía (incluyendo hallazgos de gas natural), puede centrarse en la construcción de Polonia como una potencia amiga, incluso a medida que pierde interés sustancial en Arabia Saudita. Sin duda, los inmensos depósitos de petróleo y gas natural en la Península Arábiga, Irak e Irán mantendrán al Medio Oriente como un gran exportador de energía durante décadas. Pero la revolución del gas de esquisto complicará la oferta mundial de hidrocarburos lo que puede hacer que el Medio Oriente pierda parte de su primacía.

Ahora bien, resulta que Australia también tiene grandes depósitos nuevos de gas natural que, con  instalaciones de licuefacción, podría convertirla en un exportador principal de energía a Asia Oriental, suponiendo que Australia reduzca significativamente sus costos de producción (lo que puede ser muy difícil de hacer). Debido a que Australia ya está empezando a emerger como el aliado militar más confiable de los Estados Unidos en el Anglosfera, la alianza de estos dos grandes productores de energía del futuro podría consolidar aún más la influencia occidental en Asia. Los Estados Unidos y Australia se dividirían el mundo: en cierto modo, por supuesto. Ciertamente, si la explotación no convencional de gas  tiene algo que ver con eso, el llamado mundo post-norteamericano sería todo lo contrario.
La emergencia geopolítica de Canadá – de nuevo, el resultado del gas natural y el petróleo – podría amplificar esta tendencia. Canadá cuenta con inmensos yacimientos de gas natural en Alberta, que podría ser transportado a través de gasoductos en el futuro a la Columbia Británica, donde, con instalaciones de licuefacción, entonces podría ser exportado a Asia oriental. Mientras tanto, el este de Canadá podría ser el beneficiario de nuevos yacimientos de gas de esquisto que llegan a través de la frontera al noreste de Estados Unidos. Por lo tanto, nuevos descubrimientos de energía unirían más firmemente a los dos países de América del Norte,mientras América del Norte y Australia se vuelven más poderosos en la escena mundial.

China también tiene importantes yacimientos de gas de esquisto en las provincias del interior. Debido que Beijing carga con relativamente pocas regulaciones, el régimen podría adquirir las tierras y construir la infraestructura necesaria para su explotación. Esto aliviaría algo la crisis energética de China y ayudaría la estrategia de Pekín para de compensar el declive de su modelo económico costero y  estimular el desarrollo interior.
Los países que posiblemente puedan sufrir a causa de una revolución del gas de esquisto serían los productores de petróleo sin litoral, políticamente inestables como Chad, Sudán y Sudán del Sur, cuyos hidrocarburos podrían volverse relativamente menos valiosos una vez que estas otras fuentes de energía estén en línea. China, sobre todo, en el futuro podría perder el interés en los depósitos de energía en estos países de alto riesgo y baja gama si el gas de esquisto de su propio interior se torna importante.
En general, la llegada del shale gas magnificará la importancia de la geografía. Qué países tienen esquisto subterráneo y cuáles perderán peso en las relaciones de poder. Y debido a que el gas de esquisto puede ser transportado a través de los océanos en forma líquida, los estados con costas tendrán la ventaja. El mundo será más pequeño debido a la tecnología de extracción de gas no convencional, pero eso aumenta, no disminuye,  el valor inapreciable de la geografía.

Nota del Editor: Este artículo se reproduce por gentileza de Stratfor. Robert D. Kaplan, prestigioso columnista de New York Times, Tha Atlantic, es jefe de Geopolítica en Stratfor.

 Stratfor ofrece una combinación de visión geopolítica, inteligencia basada en fuentes y un análisis objetivo para producir información confiable, previsión para empresas, organizaciones y agencias gubernamentales. Para obtener más información sobre las soluciones de Stratfor, haga clic aquí: http://info.stratfor.com/solutions/

 

 

 

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