Los gobiernos locales modelan la nueva economía

shanghai

Por Pascual Albanese.  Desde 2008, y por primera vez en toda la historia universal, la mitad de la población mundial vive en ciudades. En 2011, China superó también ese porcentaje. Un estudio de la consultora Mc Kinsey consigna que un quinto de la población del planeta reside en sólo seiscientas ciudades, que generan más de la mitad del producto bruto mundial. Las proyecciones demográficas indican que a mediados de este siglo más del 70% de los habitantes del planeta vivir á en centros urbanos.

En términos de competencia económica, en esta nueva fase de la globalización, las ciudades, más aún que los propios países, están destinados a ser los grandes actores del escenario internacional del siglo XXI. El avance de las tecnologías de la información hace que el mundo se asemeje cada vez más a una inmensa red de ciudades interconectadas.

Este resurgimiento de la importancia de las ciudades como protagonistas de la economía y la política mundial es el resultado de un proceso que comenzó aproximadamente hace dos décadas. En este período, el poder de los estados nacionales se ha visto crecientemente erosionado por una conjunción de dos grandes fuerzas que tienden a reducir su influencia: la esfera supranacional y la descentralización económica y política.

Puede afirmarse entonces que hay en curso simultáneamente sendas traslaciones de poder desde los estados nacionales hacia otros actores públicos. La primera es “hacia arriba”, es decir hacia los mecanismos institucionales de la nueva sociedad mundial. El segundo deslizamiento, tal vez menos perceptible pero igualmente intenso, es “hacia abajo”, o sea hacia las regiones, las provincias, los municipios y, particularmente, las ciudades.

En todo el mundo, las ciudades atraviesan una profunda transformación estructural. Esos cambios, históricamente inéditos, están centrados en dos tendencias estructurales. Una, de naturaleza cuantitativa, es la ampliación de las mega-ciudades, cuya población aumenta aceleradamente. La otra, de carácter cualitativo, es la irrupción de las “ciudades globales”, erigidas en los “nudos activos” de las redes de la globalización.

Las mega ciudades

Según las estimaciones del National Geographic, en 1975 el mundo tenía tres mega-ciudades: Nueva York, México y Tokio. Hoy en día se registran por lo menos veinte, aunque esa cantidad sea estimativa, por los distintos modos de definir los límites geográficos de las grandes urbes.

Un estudio de la consultora Mc Kinsey pronostica que en 2025 ya habrá veinticinco mega-ciudades: catorce estarán en Asia, sólo cuatro (Nueva York, Londres, Los Ángeles y París) en Estados Unidos y Europa y las otras siete en América Latina y África. Para entonces, las siete ciudades de mayor población estarán en Asia: Tokio, Mumbai, Shangai, Beijing, Calcuta y Dhaka.

Pero las mega-ciudades distan de ser un fenómeno homogéneo. Edgard Glasear, autor del libro “Triumph of de City ”, afirma que “las mega-ciudades combinan lo mejor y lo peor de la densidad urbana a escala gigantesca.”. Explica que “en el mundo desarrollado, las mega-ciudades son bastante atractivas. Huelgan las palabras para referirse a NuevaYork, Londres y París. Pero en el mundo en desarrollo las desventajas de la densidad son evidentes”.

En Asia esos contrastes son visibles. Tokio está considerada una ciudad de primera categoría, con un sistema de transporte excelente, escasa congestión de tránsito y aire de buena calidad. Beijing y Shangai son ciudades planificadas y modernas, pero la contaminación atmosférica y el congestionamiento vehicular están entre los peores del mundo. Las ciudades de India son un muestrario de todos los males del subdesarrollo.

Las políticas sociales estarán cada vez más centradas en la búsqueda de respuestas efectivas a los dramáticos desafíos que plantea la creciente superpoblación de las grandes urbes, habitualmente acompañada con elevadísimos índices de marginalidad.

Las ciudades globales

Las “ciudades globales” son aquéllas que tienen un efecto directo en los asuntos mundiales, tanto en los aspectos económicos como en la cultura y en la política. La socióloga y economista holandesa Saskia Sassen, egresada de la Universidad de Buenos Aires, actualmente docente de la Universidad de Columbia y codirectora del Centro de Pensamiento Global, recién galardonada con el premio Príncipe de Asturias, fue quien, en su libro “The Global City ”, editado en 1991, acuñó el término que inauguró una escuela de pensamiento.

Este concepto de ciudad global alude al escalón más elevado de la jerarquía urbana. Su rasgo distintivo no es el tamaño sino la relevancia económica y cultural. Su importancia reside en que en dichas ciudades están presentes instituciones, organizaciones, empresas, centros educativos y profesionales de excelencia, cuya sinergia permite atraer actividades económicas de primer nivel mundial.

En la nómina de las diez ciudades globales por excelencia, figuran siete estadounidenses y europeas y tres asiáticas. Pero si se hace una lista más extensa comienza a advertirse un incremento de la participación de ciudades de los países emergentes. La mitad ya de esas ciudades son asiáticas. Algunas de ellas, casi desconocidas para el gran público, como Guangzhou en China o Bangalore en la India, tienen mayor relevancia que Milán o Barcelona. En América del Sur hay dos Buenos Aires y San Pablo.

Resulta obvio que la incorporación de la mayor cantidad posible de sus ciudades más importantes a esa extensa red de ciudades globales interconectadas es una prioridad estratégica para todos los países del mundo. Porque contar con ciudades globales será la condición necesaria para elevar los niveles de competitividad de las economías nacionales.

Los gobiernos locales

En este nuevo contexto, aumenta cualitativamente la gravitación de los gobiernos locales. Los alcaldes adquieren, en sus respectivos territorios, una relevancia igual o superior a la de los gobernadores, presidentes o primeros ministros. Hay cada vez más ejemplos de mandatarios locales que, a partir de una gestión exitosa, se proyectaron como figuras políticas nacionales.

El caso de Rudolph Giuliani, quien protagonizó nada menos que la virtual eliminación del delito en Nueva York, fue una experiencia emblemática. En Tokio, el alcalde conservador Shintaro Ishirara, que se desempeñó durante cuatro mandatos consecutivos, cumplió una gestión altamente exitosa en la reducción de la contaminación ambiental. En Corea del Sur, la alcaldía de Seúl fue la plataforma de lanzamiento para la presidencia de Lee Mying-bak. En Indonesia, Joao Widodo, actualmente alcalde de Yakarta, es mencionado como un probable candidato presidencial.

Los numerosos acuerdos de distinto tipo concertados directamente entre ciudades, la proliferación de las redes de ciudades y la creación de diversas asociaciones regionales o internacionales de alcaldes son otros tantos síntomas de un fenómeno que llegó para quedarse: el mundo que viene es un mundo de ciudades. La acción política tendrá que atender a ese nuevo desafío.

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