Huntington y las turbulencias

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Por Robert D. Kaplan* (Stratfor).  En 1968, el politólogo de Harvard Samuel P. Huntington publicó El Orden Político en las Sociedades en Cambio. Cuarenta y cinco años más tarde, el libro es aún, sin duda alguna, la principal guía para comprender los acontecimientos actuales. Olivídense de las bibliotecas de libros sobre globalización, El Orden Político reina muypor encima de todo, es de lejos la obra más incisiva (al riesgo de ser  ruda)  producida por un cientista político en el siglo veinte. Si quieren comprender la Primavera Árabe, la transición  económica  y social en China y muchas otras cosas, ignoren las páginas de los diarios y lean a Huntington.

Ya desde sus primeras frases  El Orden Político ha provocado  la ira de las elites políticas de Washington durante décadas precisamente porque son tan irrefutables:  ”La diferencia política más importante entre los países -escribe Huntington- no se refiere a su forma de gobierno, sino a su grado de gobierno”. En otras palabras, las democracias fuertes y las dictaduras fuertes dictaduras tienen más en común que las democracias fuertes y las democracias  débiles. Por eso los Estados Unidos siempre ha tenido más que ver con la Unión Soviética que con cualquier democracia frágil y vacilante del TercerMundial. Esto, a su vez, se debe a que por lo general  el orden antecede a la libertad, ya que  sin un grado razonable de orden administrativa, la libertad puede tener pocovalor. Huntington cita al periodista estadounidense de mediados del siglo 20, Walter Lippmann: “No hay mayor necesidad para los hombres que viven en  sociedad que tener un gobierno: autogobierno, de ser posible;  buen gobierno,  si son afortunados, pero en cualquier caso, un gobierno que gobierne “.

Por eso, las Instituciones son más importantes que la democracia. En efecto, Huntington, que murió en 2008, afirma que Estados Unidos tiene poco que enseñar a un tumultuoso mundo en transición, porque los estadounidenses están signados por su propia “historia feliz”. Los estadounidenses asumen una “unidad de la bondad”: que todas las cosas buenas – la democracia, el desarrollo económico, la justicia social y así sucesivamente- van juntas. Pero este no es el caso  para muchos lugares con experiencias históricas diferentes , basadas en diferentes geografías y circunstancias que no siempre es el caso. Los estadounidenses, prosigue Huntington, esencialmente importaron sus instituciones políticas de la Inglaterra del siglo 17, por lo que el drama de la historia estadounidense ha consistido  en  general en  cómo limitar al gobierno – cómo hacer que sea menos opresivo. Pero para muchos países del mundo en desarrollo el drama reside en que cargan con instituciones tan escasas como  ilegítimas de modo que tienen que construir una orden administrativo a partir de cero. Bastantes de los países afectados por la Primavera Árabe se encuentran en esta categoría. De modo que los consejos estadounidenses  son más dudosos de lo que se cree, porque la experiencia de Estados Unidos es  opuesta a la  del resto del mundo.

Huntington está  justamente obsesionado con la necesidad de instituciones. Pues cuanto más compleja es una sociedad, más instituciones requiere. El llamado interés público es realmente el interés en las instituciones. En los estados modernos, se es leal a las instituciones. Por caso, los estadounidenses pagan voluntariamente los gravámenes a la autoridad impositiva y cuestionan a los que trampean  o evaden sus cargas.

Porque sin instituciones como el poder judicial, ¿quién se encargaría de determinar lo que está bien y lo que está mal y de hacer cumplir estas distinciones? Las sociedades del Medio Oriente y la China de hoy reflejan comunidades que han alcanzado niveles de complejidad para los que las instituciones actuales no son suficientes y deben ser mejoradas o reemplazadas por otras. La primavera árabe y las intensas luchas políticas internas en China son, en realidad, crisis institucionales. La cuestión no es la democracia  per se, ya que las democracias débiles pueden generar órdenes institucionales ineficaces. Lo que las personas concretas árabes y chinas realmente quieren es justicia. Y la justicia es, en última instancia, el fruto de una administración ilustrada.

¿Cómo saber si una sociedad tiene instituciones eficaces? Huntington escribe que una forma es ver cómo son de buenos sus ejércitos. Porque las sociedades que han hecho bien la guerra  - Esparta, Roma, Gran Bretaña, Estados Unidos – también se han gobernado bien. Ya que hacer la guerra con eficacia requiere organizaciones bien fundadas, lo que, en a su vez, requiere de confianza y previsibilidad. La capacidad de luchar en grandes números es por sí misma un signo de civilización. Los estados árabes cuyos regímenes han caído – Egipto, Libia, Siria – nunca tuvieron muy buenos ejércitos estatales. Pero los ejércitos subestatales en Oriente Medio – Hezbollah en el Líbano, el Ejército Mehdi en Irak, los distintos grupos rebeldes en Siria y las milicias en Libia – a menudo han luchado de modo impresionante.

 

Huntington podría postular que esto es un signo de nuevas formaciones políticas que eventualmente reemplazarán los estados post-coloniales. Huntington conjetura que la inestabilidad de hoy – la formación desordenada de nuevos órdenes institucionales – es causada por la urbanización y la ilustración. Como las sociedades se vuelven más urbana, las personas entran en contacto directo con desconocidos más allá de sus grupos familiares, lo que requiere la intensa organización de las fuerzas policiales, del alcantarillado, el alumbrado público, el tráfico y así sucesivamente. El drama principal del Medio Oriente y China en el último medio siglo, recuerda, ha sido la urbanización, que ha afectado a la religión, la moral y mucho más. Los autócratas de Estado  simplemente no han podido seguir el ritmo de los cambios sociales. dinámicos.

Huntington está lleno de ideas incómodas, que desafían a la intuición. Él escribe que un gran número de personas analfabetas en una democracia como la India puede en realidad ser un factor de estabilidad, ya que los analfabetos tienen relativamente pocas demandas; con el aumento de la alfabetización, los votantes se vuelven más exigentes, y su participación en agrupaciones democráticas como los sindicatos se incrementa, lo que conduce  a la inestabilidad. Una India de más y más votantes alfabetizados puede  experimentar más malestar. En cuanto a la corrupción, en lugar de algo que necesariamente debe ser vilipendiado, puede ser un signo de modernización, de que se están creando nuevas fuentes de riqueza y poder  aun cuando las instituciones no pueden seguir el ritmo. La corrupción también puede ser un reemplazo de revolución. “El que corrompe a los agentes de policía de un sistema tiene más probabilidades de identificarse con el sistema que el que incendia las estaciones de policía del sistema “.

Para  Huntington, las monarquías, más que reaccionarias, a menudo pueden ser más reformistas que las dictaduras modernizantes.  Ya que el monarca tiene legitimidad histórica, y  aún  así puede sentir la necesidad de probarse a sí mismo a través de las buenas obras, mientras que el dictador secular se ve a sí mismo como el vencedor del colonialismo, y por lo tanto con derecho a los despojos del poder. Así, Huntington ayuda a un poco a explicar por qué monarcas como los de Marruecos, Jordania y Omán han sido más humanos que dictadores como los de Libia, Siria e Irak.

En cuanto a las dictaduras militares, Huntington añade varios giros. Escribe: “En el mundo de la oligarquía, el soldado es un radical; en el mundo de la clase media, es un participante y un árbitro, cuando la sociedad de masas se cierne en el horizonte, se convierte en el guardián conservador del orden existente. Así, de manera  paradójica  pero comprensible – prosigue-:  cuanto más atrasada es una sociedad, más progresivo es el papel de su ejército … “.

Y así explica  Huntington  por qué América Latina  y África subsahariana experimentaron una gran cantidad de golpes militares durante las  décadas centrales de la Guerra Fría: el cuerpo de oficiales a menudo representaba  la rama más ilustrada de la sociedad del momento. Los estadounidenses ven a los militares como conservador sólo por nuestra propia desarrollo particular como sociedad de masas.

La lógica detrás de gran parte de la narrativa de Huntington es que la creación de orden – no la mera celebración de elecciones – es progresiva. Sólo una vez establecido ese orden puede ser constructiva la presión popular para menos coercitivo ese orden  y transformarlo en algo  más sutil institucionalmente. Precisamente porque  vivimos una época de grandes cambios sociales, habrá agitación política continua, en la medida en que las poblaciones humanas buscan vivir bajo órdenes institujcionales más receptivos. Para navegar mejor las crisis que vienen, los líderes estadounidenses harían bien en leer Huntington, de modo de matizar sus a menudo  indigeribles lecciones para extranjeros  sobre la manera de reformar.

 

 

*  El autor es Jefe de anàlisis geopolìtico de Stratfor y este artículo se reproduce por gentileza de ese centro de anàlisis.   Stratfor ofrece una combinación de visión geopolítica, inteligencia basada en fuentes y un análisis objetivo para producir información confiable, previsión para empresas, organizaciones y agencias gubernamentales. Para obtener más información sobre las soluciones de Stratfor, haga clic aquí: http://info.stratfor.com/solutions/

 

 

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