China-Mercosur: acelerar lo que está en marcha

 

china mercosur

 

por Jorge Raventos. (Presentación en el Seminario “Propuesta de acuerdo de libre comercio ente la República Popular China y Mercosur”, Beijing, octubre 2013).

La perspectiva de un acuerdo de libre comercio entre China y el Mercosur parece determinada por la naturaleza de las cosas: la decisiva gravitación presente y futura de China en el intercambio mundial así como el acelerado incremento de sus vínculos económicos con los países de América del Sur impulsan esa alternativa, en la que la conducción política de la República Popular ha expuesto claramente su interés.

En la segunda década del siglo XXI, China se encuentra en el tope mundial de las exportaciones y las importaciones, es el primer cliente de las ventas externas de Brasil (destino de una quinta parte de sus exportaciones) y el segundo de Argentina (aunque el primero y principalísimo en materia de soja). También es un vendedor  relevante: el primero para Brasil, el número 2 para Argentina.

La circunstancia de que las compras chinas al Mercosur (y, en general, a la región) se concentren casi exclusivamente en materias primas ha generado prevenciones. El hecho es observado como un refuerzo de la llamada “primarización”  (o “reprimarización”) de las economías sudamericanas. Incuestionablemente, el comercio entre China y la región exhibe hasta el momento ese rasgo: las importaciones chinas están especializadas en productos básicos de la región: minerales, alimentos, petróleo y por lo general un solo producto cubre la porción dominante de las ventas.

Más allá de las mencionadas prevenciones, lo cierto es que la formidable demanda china ha sido uno de los factores decisivos (el otro: el vertiginoso desarrollo tecnológico)  en el proceso de reversión del deterioro de los términos de intercambio, según el cual las materias primas estaban condenadas a ver progresivamente reducido su valor comparado con el de los bienes industriales. Empujados por el creciente consumo chino, los precios de esos bienes subieron sostenida y simultáneamente. Como señala Jorge Castro: “Los términos de intercambio de América del Sur (precio relativo de las exportaciones en relación al precio relativo de las importaciones) son los mejores de su historia. Si se toma 1999 como base 100, alcanzaron a 154 en 2010” .

Así, las exportaciones se tradujeron en superávits comerciales y en mejoras del nivel de vida en los países de la región. Paralelamente, en casi todos estos países se observaba un peso creciente de las materias primas y de los productos basados en recursos naturales en el cuadro de sus exportaciones, mientras sectores industriales locales resistían el proceso, reclamando por la competencia de manufacturas chinas no sólo en sus mercados domésticos sino

también en terceros mercados. Los rubros más sensibles en los países del Mercosur han sido, en ese sentido, los textiles, del calzado, los juguetes y las maquinarias.

Con todo, la complementariedad entre la vigorosa y sostenida expansión china -traducida en necesidades de suministro para sus industrias y en incremento en

cantidad y calidad del consumo de su enorme población- y las economías sudamericanas, asentada en primera instancia en una espontáneo aprovechamiento de necesidades y ventajas recíprocas, fue estructurándose a través de instrumentos jurídicos variados (acuerdos comerciales bilaterales, tratados de inversión),  recortados en su potencialidad por el hecho de concretarse país por país. La posibilidad de progresar en un acuerdo de libre comercio China-Mercosur supondría un importante avance y la apertura de una nueva etapa.
China por la expansión del comercio libre mundial

 

La conducción de la República Popular impulsa decididamente ese acuerdo en el contexto de su postura de aliento al comercio libre y al desarrollo de una economía mundial abierta.

El Presidente Xi Jinping sintetizó esa posición en una frase: “Solamente cuando se abre la ventana puede entrar libremente el aire fresco”, dijo en el G20 al señalar que el sistema comercial multilateral mundial debe enfrentar graves desafíos que afectan la recuperación económica global, como el creciente proteccionismo y el estancamiento de las conversaciones de Doha.  .

Xi Jinping presentó una propuesta destinada a impulsar el comercio mundial. Pidió a las naciones del G20 fomentar un entorno comercial mundial libre y abierto e impulsar la liberalización del comercio internacional y abandonar restricciones poco razonable como las que afectan las exportaciones de alta tecnología. Señaló que las economías del G20, responsables por el 80 por ciento del comercio mundial,  deben reforzar el sistema comercial multilateral sistema comercial multilateral mundial, cuya vitalidad reside en su inclusividad y en la no discriminación.

En ese sentido, el presidente Xi Jinping reclamó que los acuerdos comerciales regionales actúen bajo los principios de apertura, inclusividad y transparencia para beneficiar no sólo a los propios participantes, sino también para mostrar apoyo a las reglas y al sistema comerciales multilaterales del mundo. “Las economías del G20 deben trabajar para mejorar la cadena de valor mundial y para establecer un mercado mundial integrado”.

La conducción china trabaja por ese proceso de integración fuera y dentro de sus fronteras. Ese es el sentido del lanzamiento de una zona económica especial de nuevo tipo, centrada en Shanghai, en un área de unos 29 kilómetros cuadrados que podría extenderse a los 1210 kilómetros cuadrados del área de Pudong, si el éxito la acompaña. En la nueva zona se pone en marcha, con una combinación de audacia y cautela,  la reforma financiera y cambiaria, que incluye en principio la plena convertibilidad del yuan y tasas de interés básicamente orientadas por el mercado.

El proyectado acuerdo de libre comercio con el Mercosur debe comprenderse como una pieza más de la estrategia china aludida por Xi Jinping en la reunión del G20.

El liderazgo chino, por lo demás,  no apunta en América sólo al Mercosur, sino que busca socios con una mirada muy amplia. El presidente Xi visitó el continente en junio de 2013 y su primer destino no fue el que parecía obvio –Brasil, su principal socio comercial en América Latina- sino dos vecinos y socios comerciales de Estados Unidos: México y Costa Rica.

Aunque el comercio entre México y China no es intenso, entre el año 2000 y el 2013 el país asiático pasó de ser el destino número 19 de sus exportaciones al número 3 (un tercio de éstas en el rubro de los minerales metálicos) y del puesto 7 al puesto 2 como origen de sus importaciones. Xi Jinping prometió al presidente de México aumentar sensiblemente las importaciones chinas de productos mexicanos para equilibrar una balanza comercial favorable a los asiáticos.

The Economist subrayó un dato interesante: “Costa Rica y México no son los exportadores de commodities que China ha tendido a cortejar. México, en particular, es un rival en la producción de  manufacturas baratas, lo que abre la posibilidad de que China con sus salarios en alza  y su lejanía de Estados Unidos amenazando su competitividad, esté a la búsqueda de plataformas exportadoras que apunten al mercado norteamericano”. La observación es sostenida teóricamente por  François Duhamel y Diana Bank,quienes sostienen que “México, para los inversionistas chinos, representa una plataforma única de exportación para Estados Unidos y para el resto de América Central, el Caribe y América del Sur, en contraste con la IED de China en otras partes del mundo”. Agregan: “Uno de los principales problemas de los inversionistas chinos es ganar cuota de mercado en el principal mercado del mundo: Estados Unidos. México cumple efectivamente las condiciones mencionadas previamente para jugar un papel de plataforma de exportación para los inversionistas extranjeros”.

¿Es un  caso especial ese rasgo de la inversión directa china en Méjico o es una manifestación de una etapa diferente? En todo caso, las observaciones sobre las consecuencias de la tendencia general al alza de los salarios en China (Morgan Stanley prevé que en los próximos 10 años los salarios reales chinos se cuadriplican)  y sobre las nuevas búsquedas de sus inversiones externas merecen ser analizadas en el Mercosur.

 

China y el Mercosur: obstáculos y necesidades

 

Algunos observadores contemplan con escepticismo las perspectivas de un acuerdo  China-Mercosur. Ana Soliz Landívar, economista en el Instituto GIGA de Estudios sobre América Latina, con sede en Hamburgo,  apunta que “el Mercosur sólo ha firmado exitosamente un acuerdo de libre comercio con Israel, el resto ha fracasado, tanto es así que las negociaciones con la Unión Europea llevan diez años”. Con talante similar, Financial Times señala que el Mercosur es reacio a dejar de lado ciertas prácticas proteccionistas, circunstancia que obstaculizaría un acuerdo en los parámetros descriptos por el Presidente chino. “Proteger a la industria local es algo que los peso pesados del Mercosur, Brasil y Argentina, creen de todo corazón, pese a que sus políticas han provocado numerosas fricciones y de a ratos mala sangre entre los vecinos y socios del bloque”.

Sin embargo, debe tomarse en cuenta que en el 2016 China habrá obtenido el estatus de economía de mercado reconocido por la Organización Mundial del Comercio con lo que no será tan fácil interponerle recursos antidumping, como lo han venido haciendo con insistencia  Brasil y Argentina. Una negociación en bloque puede ser una buena manera de afrontar lo que los países de la región observan como el lado amenazante de la vinculación estrecha con el país asiático.

 

La propuesta china

 

La propuesta de trabajar para un acuerdo de libre comercio entre China y el Mercosur fue formulada a mediados de 2012 por el entonces primer ministro chino Wen Jiabao, durante una significativa gira por la región en la que visitó Brasil, Uruguay, Argentina y Chile.

Wen señaló en ese momento la intención china de iniciar “estudios de factibilidad” para analizar la creación de “una zona de libre comercio” entre su país y el Mercosur y propuso, en principio, y mientras esas aproximaciones tomaban curso, la meta de duplicar para el año 2016 el volumen comercial alcanzado por China y el mercado común del Sur en 2011.

El alto dirigente de la República Popular manifestó con elocuencia la voluntad de su país de asociarse muy activamente con los países de la región: “Estamos interesados en ampliar las inversiones, la cooperación financiera, científica y tecnológica para mejorar las calidad de las relaciones”, dijo y se refirió a la intención china de “promover una red de transporte” en Sudamérica, que apunta a una de las asignaturas pendientes para la integración física de la región.

Aunque la iniciativa se produjo en momentos en que los países del Mercosur estudiaban aplicar aranceles de hasta un 35 % a productos chinos, desde Brasil, la Presidente Dilma Roussef resumió el interés regional en la propuesta y lo encuadró en la situación mundial:”En un cuadro de crisis internacional, que no tiene carácter agudo pero que parece extenderse durante un tiempo bastante largo todavía, es muy importante que los países del Mercosur y China estrechen sus relaciones”.

El presidente uruguayo, José  Mujica, apuntó a las tareas que plantea para los países del bloque el vínculo más estrecho con China: “Es un desafío que nos obliga, nos compromete a ser mucho mejores que lo que hemos sido hasta hoy”, dijo. Una clara alusión al déficit de productividad que afecta a la región. La productividad, como señala Castro “es un concepto sistémico, que abarca lo económico, lo político y lo social, enfundados en una determinada actitud cultural. De ahí que el resorte básico de la productividad sea de tipo institucional y abarque lo público y lo privado”.

En mayo, durante una visita a China, Mujica señaló lo paradójico que resultaba que las exportaciones a China estuvieran todo el tiempo creciendo mientras las industrias del Mercosur “no están en posición de competir con los precios con los que China sale al mundo”

 

La inserción internacional y sus requisitos

Un acuerdo de la naturaleza del sugerido por la iniciativa china estimularía la inserción del bloque Mercosur en el motor principal de la economía y el comercio internacional que es la región Asia-Pacífico, cuyo eje es China, precisamente cuando China se convierte en principal exportador mundial de capitales y despliega políticas más activas en materia de inversión en el exterior.

Las inversiones son las que potencian el comercio, la integración productiva,  el avance tecnológico y las mejoras en la productividad, un rubro en el que el sector industrial de nuestra región se encuentra rezagado.

Hasta el momento, la inversión directa china en la región  revela, para algunos estudiosos la “ausencia de  estrategia coherente nacional de las inversiones extranjeras de China”. En todo caso, LinYue, sobre la base de un análisis de los 402 proyectos chinos de inversión directa genuina en América Latina, llega a estas conclusiones: “Las empresas chinas planean sus inversiones en América Latina para dos motivos: la búsqueda de recursos y la búsqueda de mercado. Por un lado, la importancia de América Latina como uno de los principales proveedores de las materias primas para China, especialmente minerales, metales y combustibles, se justifica por el creciente porcentaje de las importaciones de China de la región. Las materias primas importadas de América Latina representaron el 16.3% de la importación total de China de los productos básicos en 2010, en comparación con el 10.3% en 2002. Por otro lado, América Latina también sirve como un mercado creciente para los productos manufacturados de China. En 2010, 5.8% de las exportaciones de los productos manufacturados de China se dirigieron a América Latina: una duplicación del nivel de 2002 (2.9%)”.

Otra especialista, Loretta Napoleoni, explica que “uno de los sectores prioritarios a los que apunta la inversión china es el energético. Por años Pekín ha aguardado y preparado sus empresas para aprovechar esta oportunidad. En 2005 lanzó la campaña  Hacia elexterior, una política que en el ámbito de la inversión china externa directa fomentó la transferencia de tecnología y nueva inversión estratégica en el exterior. El primer sector seleccionado fue el energético, que hasta ahora ha absorbido la mayor inversión china directa en el exterior”

. Para un país como la Argentina, que dedica diez mil millones de dólares al año en importar energía mientras cuenta con grandes recursos inexplotados de petróleo y gas convencionales y no convencionales para cuyo desarrollo necesita inversiones y tecnología, esa perspectiva es una opción que cae de madura.

La transición que ocurre en China, que busca sostener ahora su desarrollo en el crecimiento de su mercado interno, supone para los países del Mercosur (y particularmente para Argentina), gran fábrica de alimentos, una doble oportunidad. De un lado se incrementa la demanda de sus principales productos de exportación, requeridos por una nueva clase media que mejora su alimentación a medida que mejoran sus ingresos. De otro, esa mejora de ingresos de los trabajadores chinos impulsa a los capitales de ese origen a buscar ventajas competitivas en otros horizontes. Se calcula que a fines de la presente década, la inversión directa china en el exterior estará alrededor del billón y medio de dólares. Otra oportunidad para países que necesitan inversión. China puede elaborar en el exterior, con ventajas competitivas que exceden las que en el pasado le proporcionaban los salarios deprimidos, para garantizarse la seguridad alimentaria de sus ciudadanos.

La pura fuerza de las cosas ya ha incrementado el comercio entre China y la región a ritmo vertiginoso (44% en el primer trimestre de 2011). Un acuerdo de libre comercio entre China y Mercosur y una apertura audaz a la inversión directa china en puntos estratégicos para unos y otros (energía, industria alimentaria, minería) potenciaría ese ritmo enormemente.

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