El acuerdo con Irán patea el tablero en Medio Oriente

obama irán

(Stratfor)*.   Los Estados Unidos e Irán, junto con otros miembros de la coalición negociadora occidental, llegaron a un acuerdo cuyo punto final es el abandono vigilado de todo intento iraní de producir armas nucleares y,ligado a eso, el cese de las sanciones contra la economía de Irán. No es un acuerdo final: esto tomará más tiempo, como mínimo hasta el 30 de junio. También hay fuerzas poderosas en Irán y los Estados Unidos que se oponen al acuerdo y podría debilitarlo. Finalmente, ninguna de las partes sabe a ciencia cierta si el acuerdo se mantendrá. Sin embargo lo que importa es que se ha producido un entendimiento entre el Gran Satán y un miembro fundador del Eje del Mal. Y esto importa menos por lo que dice sobre el poder nuclear iraní o las sanciones económicas occidentales que por sus consecuencias en el equilibrio regional de poder.

Israel ha sido vociferante en su oposición a cualquier arreglo con Irán. Pero al final, este acuerdo afecta a los demás menos de lo que Israel proclama. En primer lugar, el comportamiento del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, no indica que él crea en serio en una inminente amenaza nuclear iraní. Él ha estado asegurando durante más de una década que los iraníes están a un año o dos de distancia de producir un arma nuclear. Según él, siempre hay un año o dos de plazo. Se ha convertido en una afirmación no comprobable. No importa el período que transcurra, nada disuade a Netanyahu. Más importante aún: si Netanyahu realmente creyera lo que dice, sería inconcebible que no hubiera adoptado, con o sin apoyo de Estados Unidos, una acción militar para proteger a Israel de una amenaza existencial. Israel tiene una capacidad militar sustantiva, que incluye armas nucleares tácticas. Mientras que sus fuerzas están relativamente lejos de Irán, hay otros poderes regionales en la Península Arábiga y en el Cáucaso que son hostiles a Irán y temen que consiga hacerse de armas nucleares, que teóricamente podrían permitir que Israel usara sus territorios para lanzar desde allí ataques a las instalaciones de Irán.

Las declaraciones y acciones de Netanyahu – o su ausencia- son totalmente contradictorias. Si él quiso decir lo que dijo acerca de la amenaza, y Estados Unidos no se mostró dispuesto a actuar, el primer ministro de Israel habría abandonado sus propias responsabilidades al no actuar. Netanyahu no es un hombre que descuide su deber. Por lo tanto, no puede creer lo que dice. De hecho, lo que constantemente ha procurado es un ataque estadounidense contra Irán, o al menos una hostilidad incesante de Estados Unidos hacia Irán. Su temor al programa nuclear iraní tiene  más que ver con limitar un acercamiento entre EE.UU. e Irán que  con proteger a Israel de armas nucleares de Irán. Este último habría producido acciones diferentes.

El temor a un acercamiento entre EE.UU. e Irán no es irrazonable, y todas las naciones deben usar las herramientas que están a su alcance para dar forma a su entorno. Pero en este caso, la respuesta israelí será de importancia secundaria.

De mayor importancia será la respuesta de Arabia Saudita y Turquía. Arabia Saudita es el enemigo mortal de Irán, no sólo por cuestiones religiosas, sino geopolíticamente. Riyadh entiende que es rica y sin embargo militarmente restringida, mientras que Teherán es pobre, pero tiene capacidades militares más robustas. Esto implica encontrarse en una posición incómoda. Obviamente, Irán quiere dominar la Península Arábiga. Estados Unidos ha sido el garante de la seguridad nacional de Arabia. El entendimiento con Irán, si perdura y evoluciona hacia una relación más amplia, pone en peligro la seguridad de toda la  Península Arábiga.

Esto también se puede poner a Estados Unidos en una posición donde la Península Arábiga ya no puede simplemente dar por descontada la hostilidad de Estados Unidos hacia Irán o el apoyo de Estados Unidos a sus intereses. Los ataques aéreos en Yemen son el primer indicio de que la región se hace cargo de sus intereses estratégicos. Habrá más iniciativas militares de ese tipo, y se verá a  la Península Arábiga cortejando a los Estados Unidos en lugar de a la inversa.

Lo mismo es cierto para otro país que es mucho más importante: Turquía. Durante los últimos años, Ankara ha jugado un juego complejo con Washington, apoyando aquellas cosas que contemplaban sus propios intereses y oponiéndose a otras que no los tomaban en cuenta. Esto tiene sentido, pero la relación de Estados Unidos con Irán cambia la dinámica básica. La última semana Turquía hizo gestos hostiles hacia Irán. Los intereses turcos e iraníes no son idénticaos y pueden divergir fácilmente. Para Turquía es importante que Estados Unidos mantenga distancia de Irán. Hasta ahora, Estados Unidos cortejó a Turquía y ambos países se conviertieron en socios renuentes. Si Estados Unidos tiene una relación más estrecha con Irán, Turquía, como Arabia Saudita, tendrá que pagar un precio mucho más alto por la alineación con los Estados Unidos y si no está dispuesta a pagar ese precio, aumentarán sus riesgos.

La cuestión de las armas nucleares de Irán es más teórica que real. Irán llegará a ser, si no un aliado, posiblemente un país con el que cooperar en temas como,  por ejemplo, lo que está sucediendo en Irak. Hay un dicho en el ajedrez: cuando usted esté siendo  eliminadop, una patada al tablero y a empezar una nueva partida. El entendimiento entre Washington y Teherán es en sí mismo tanto incompleto como incierto. Sin embargo, si se vuelve algo sólido, entonces podremos ver este hecho como el momento en que Estados Unidos pateó el tablero y comenzó un nuevo juego.

* *El centro de reflexión geopolítica Strategic Forecast (www.Stratfor.com), está dedicado a analizar e informar sobre  los riesgos y la seguridad mundial, las relaciones estratégicas entre los países y los factores de poder de las naciones.

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