A la izquierda de Cuba

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Por Gonzalo Neidal.   La reciente Cumbre de las Américas, realizada en Panamá no ha hecho sino confirmar la liviandad adolescente con la que el gobierno maneja las relaciones internacionales.
Cristina está interesada en tornear un determinado perfil –nacional e internacional- de su propia figura política. Y realiza denodados esfuerzos para lograrlo. Algunos de ellos rayanos en el ridículo pero todos convergentes al mismo objetivo.
Apegada a las obsesiones de su generación, de las que no participó en su momento, Cristina pretende ungirse en líder latinoamericana opuesta al ogro norteamericano. Para la generación de Cristina, Estados Unidos era el gran enemigo mundial del progreso y de la paz. Enterrado en Vietnam, se le atribuía responsabilidad en el golpe militar que derrocó a Salvador Allende en 1973 y, aunque Perón en su regreso ya había abandonado su discurso anti norteamericano, los “jóvenes idealistas” del terrorismo urbano (Montoneros y ERP), lo mantenían en un primer plano.
Hacía furor en ese tiempo Las venas abiertas de América Latina, del escritor uruguayo Eduardo Galeano, fallecido ayer. Si bien Galeano, ya crecidito, revisó sus ideas de aquellos años, su imagen ha quedado irremediablemente asociada a ellas. Con Cristina Kirchner ocurre al revés: ausente de las luchas de los años setenta, ya de vieja abrazó ese ideario y está decidida a retomar aquel discurso quizá como una compensación culposa de su inactividad setentista, tiempos en que prefirió ser una abogada exitosa, conforme a su propia confesión.

Disparos contra Obama

Cuando Barack Obama asumió en 2008, Cristina estaba en Cuba. Como ella se encargó de aclarar en un discurso que dio en la isla y que circuló por la red, eso no era una casualidad sino una señal de sus inclinaciones en materia de política internacional.
Ya había ocurrido la Cumbre de Mar del Plata, con George Bush hijo, Chávez, Maradona y Néstor. Sin embargo, el payasesco desaire a Bush no contó con la adhesión efusiva de Lula, quien recibió al presidente norteamericano inmediatamente después. Argent ina nunca recuperó la relación tras ese quiebre. Ni Néstor ni Cristina fueron recibidos en Washington después de ese episodio.
Cada vez que Obama visitó la región, esquivó Buenos Aires. En una de esas visitas ocurrió lo de las valijas del FBI, abiertas con un alicate por el canciller. Cristina estaba furiosa porque el presidente norteamericano visitó Brasil y Chile, sin rozar la Argentina.
Luego, el acercamiento a China, Rusia e Irán. Y la verba inflamada para cuestionar todo lo que proviniere del Norte. Cristina se mofó de la crisis de 2008/09 (“efecto jazz”) y llegó a decir que si le pasaba algo (¿atentado, muerte?) había que mirar hacia el norte.
Y más recientemente, el juicio de los holdouts y su victoria jurídica en la corte de Nueva York, llevó al gobierno a echar las culpas de todo al gobierno de los Estados Unidos, afectando ignorar que el funcionamiento de las instituciones en ese país difieren sustancialmente de cómo se desempeñan en la Argentina.

Todo cambia… ¿todo?

A partir del comienzo de siglo una parte de América Latina, beneficiada por el fuerte aumento de los precios de sus bienes exportables, eligió el camino del populismo. Venezuela, Argentina, Bolivia y Ecuador, principalmente, se volcaron a un revival nacionalista sostenido por el impulso de precios extraordinarios que significaron recursos cuantiosos.
Pero pasados los años, ya estamos comenzando a ver los resultados. En primer lugar, Cuba decidió restablecer sus vínculos con los Estados Unidos. Sólo la terquedad ciega de la izquierda más anquilosada puede ver en esto una victoria de la harapienta revolución cubana. Cuba es un país que se cae a pedazos tras medio siglo de una dictadura castradora. Los resultados del socialismo pueden verse ahí, como en un experimento “in vitro”. El país está congelado y no ha podido siquiera mantener la bella arquitectura de los años cincuenta. Ha vivido, alternadamente, de los aportes de la Unión Soviética y Venezuela, a lo que hay que sumar las remesas cotidianas que llegan de los exiliados hacia sus familiares residentes en la isla. Un fracaso completo que finalmente ha sido reconocido por los propios protagonistas.
Pero en el preciso momento en que Cuba decide aceptar el restablecimiento del vínculo con los Estados Unidos y tiene gestos de amistad impensados hacia Obama, Cristina –excluida del escenario principal de la reunión- se despacha con una agenda anacrónica en búsqueda, probablemente, de un liderazgo latinoamericano contra “los imperios” anglosajones.
Además del desvanecimiento de la vía cubana, está Venezuela para atestiguar la capacidad destructiva de las políticas populistas que, por otra parte, siempre terminan conculcando las libertades individuales y reprimiendo a los opositores cuando no prohibiéndolos directamente.
Brasil, claro, no acompaña sino con simples sonrisas protocolares y condescendientes tanta furia populista contra los Estados Unidos. Dilma Rousseff se apresta a visitar a Obama el próximo 30 de junio, dando por terminado el incidente de las escuchas de 2013. Argentina, en cambio, distante de la Casa Blanca, prefiere orientarse hacia Rusia, habida cuenta de que las relaciones comerciales con Angola no resultaron excesivamente provechosas para el país, pese a las promesas de Guillermo Moreno.

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