Jorge Castro: Un nuevo escenario mundial

jorge castro

Por LuisRosales (Defonline).   El analista Jorge Castro, director del Instituto de Planeamiento Estratégico, analiza las claves del nuevo escenario internacional, la emergencia de los BRICS como nuevos actores globales y la incidencia que tiene en este esquema la presencia del primer Papa latinoamericano.

 

LUIS ROSALES: Hagamos un repaso del escenario internacional. ¿Cómo estamos parados frente a la crisis mundial?

JORGE CASTRO: En los últimos cuatro años, el eje del proceso de acumulación ha pasado de los países avanzados a los emergentes. Este cambio también se manifiesta en términos de la estructura del poder mundial. EE. UU. no ejerce más la unipolaridad hegemónica que tuvo durante 17 años, entre 1991 y 2008. Esa unipolaridad ha sido sucedida por una plataforma de gobernabilidad del sistema mundial en la que EE. UU. comparte las decisiones estratégicas con un grupo de países emergentes, de los cuales los tres principales son China, India y Brasil.

LR: ¿Europa desapareció del mapa?

JC: La crisis europea revela la creciente disminución de la importancia de ese continente en el nuevo contexto mundial. El producto bruto actual de los 27 países que integran la Unión Europea representa el 7 por ciento del producto bruto mundial. En 2030 se va a reducir al 4 por ciento o menos. Para entonces, la proporción de la población europea en relación con la población mundial va a ser menor. Esto hace que se presente un desafío extremadamente agudo en materia de incremento de la productividad. La población está disminuyendo no solo en términos relativos, sino en términos absolutos. La población europea está disminuyendo no solo en términos relativos, sino en términos absolutos. Esto hace que la fuerza de trabajo de la zona europea también esté disminuyendo y, por lo tanto, su capacidad de crecimiento potencial en el mediano y largo plazo está cayendo sustancialmente, situación va a acentuarse en los próximos 10 a 20 años. Esta crisis es, al mismo tiempo, una reestructuración de la economía europea, sobre todo de los países de la Europa periférica de la zona euro -Italia, España, Grecia, Portugal-. Si estos países no logran incrementar su productividad de una manera similar o superior a la alemana, la tendencia llevará a una declinación y a una irrelevancia creciente de la zona euro en la economía mundial.

LR: Adentrémonos en el caso de China: muchos especialistas sostienen que existe una dualidad entre una economía en crecimiento y un sustrato político que puede desmoronarse a raíz de un intento de mayor democratización y de mayor libertad.

JC: Lo que está ocurriendo en China en la segunda década del siglo XXI es que hay una disminución significativa de su tasa de crecimiento económico, en relación con lo que ocurrió en los anteriores diez años. Entre 2000 y 2010, la economía china creció a un promedio del 11 por ciento anual. En esta segunda década del siglo XXI, la tendencia lleva a una disminución significativa, que va a estar alrededor del 7 por ciento de crecimiento anual o incluso menos, según estimaciones tanto del Consejo de Estado de China como del Banco Mundial. Lo que es aún más importante es que en esta segunda década, la economía china está creciendo sobre la base del aumento de la demanda interna, especialmente del consumo individual; a diferencia de lo que sucedió en los primeros diez años del siglo, cuando creció a través del incremento de las exportaciones y del aumento de la tasa de inversión. Esto significa que en la presente década, sin dejar de ser la fábrica mundial, China se transforma en el eje del consumo mundial…

LR: China es entonces el gran mercado consumidor

JC: China se convierte en el gran mercado consumidor hacia el cual el resto de los países del mundo -comenzando por los países avanzados- tendrán que dirigir la masa de sus exportaciones, sobre todo de bienes de equipo y de capital de alta tecnología. La misma estimación del Consejo de Estado de China y del Banco Mundial –en lo que se refiere a la disminución de la tasa de crecimiento de la economía– lleva a que de 2010 a 2020 el nivel de consumo doméstico en el país crezca en una cifra que va a ascender a más de 10 billones de dólares. Esto significa que, siendo el consumo interno de 2010 en EEUU de 13 billones de dólares, el consumo interno chino va a crecer a un nivel semejante al de EEUU en la actualidad. Por lo tanto, cambian las condiciones de acumulación mundial.

LR: ¿Esto va a traer aparejado un cambio geoestratégico mundial en los flujos del comercio?

 

JC: Ese cambio geoestratégico mundial ya está desarrollándose. Hay 196 países representados en la Asamblea General de Naciones Unidas y China ya es el principal socio comercial de 144 de país. Es el principal socio comercial de todos los países de América del Sur, incluyendo Brasil desde 2008. El grado de integración entre Asia y China es superior al que existe entre los países de la Unión Europea. Se trata de una población de 3400 millones de habitantes, integrados alrededor de China, que se han transformado en el eje del proceso de acumulación mundial precisamente porque allí está el mayor consumo del mundo.

LR: Volviendo al planteo anterior, con toda esta fortaleza económica, ¿China puede tambalear en lo político?

 JC: El sistema político chino –caracterizado por un partido dominante que mantiene un vínculo fundamental con respecto, fundamentalmente, a la masa de población campesina– ha sido el elemento fundamental que ha llevado al crecimiento excepcional de los últimos 30 años. Desde 1978 hasta 2010, el incremento de la productividad de todos los factores -debido a las reformas internas y a la integración a la economía capitalista global- ha sido el elemento fundamental del crecimiento de la economía. El sistema político chino no está retrasado en relación al crecimiento económico, sino que, por el contrario, está delante del crecimiento económico y es la razón de ese crecimiento.

LR: En este sentido, tendrían coherencia los anuncios de la nueva jerarquía china de habilitar una mayor libertad política, incorporando la crítica y algún proceso democrático interno.

 JC: En este momento, China tiene unos 600 millones de usuarios de Internet, dentro de los cuales los bloggers interactivos son unos 300 millones. Esto significa que ha surgido una poderosísima opinión pública, con la cual el Partido Comunista chino tiene que compartir las decisiones, sobre la premisa de que esa opinión pública participa de la profunda legitimidad que tiene el sistema político dentro la población del país. El partido tiene que tener extremo cuidado en todo lo que se refiere a episodios de corrupción, de privilegios de los sectores dominantes y, crecientemente, al reclamo de una mayor libertad de prensa y respecto de los derechos individuales, en términos chinos.

LR: Si analizamos el otro gran actor emergente, la India, algunos analistas occidentales afirman que tiene algunas ventajas respecto de China por el peso de la tradición inglesa, lo que le ha dado un mayor apego a las prácticas democráticas, el manejo del idioma inglés y el hecho de la capacitación de su población. Hay quienes dicen que el futuro será de la India y no de China. ¿Coincidís?

JC: El producto bruto de India en el momento actual es menos del 30 por ciento del producto bruto de China, con una población prácticamente similar, aunque su tasa de crecimiento poblacional sea superior. Hacia 2030, India será el país más poblado del mundo, en el orden de los 1500 a 1600 millones de habitantes. El problema que presenta su sistema político, que es democrático y estable, es que está prácticamente paralizado en lo que se refiere a la estructura de decisiones. Al mismo tiempo, como el subcontinente indio es una república federal, hay una creciente autonomía de los distintos estados o provincias en relación al gobierno de Nueva Delhi. Esto significa que hay una creciente competencia entre las unidades provinciales, sobre todo en materia de reformas internas y de atracción de la inversión extranjera directa, lo que permite prever que el crecimiento de India en 20 o 30 años solo va a estar por debajo del de China, pero claramente en una tendencia ascendente.

EL LIDERAZGO BRASILEÑO Y SU VÍNCULO CON ARGENTINA

LR: Pasemos a Brasil. Se sostiene que, siendo un miembro de pleno de los BRICS, carecería de peso específico para estar sentado en esa mesa. Allí podría encontrarse un rol para los países que circundan a Brasil. ¿Estás de acuerdo con esa afirmación?

JC: Brasil se ha convertido en un actor global tanto en lo económico como en lo político, pero para proyectarse como tal necesita disponer de una plataforma de proyección de su poder mundial, que es América del Sur. La élite gobernante ha identificado como esa plataforma al vínculo estratégico con la Argentina, que tiene un grado de estabilidad que va más allá de los conflictos parciales. Al mismo tiempo, a Brasil se le presenta un desafío mayor, en el siguiente sentido: el año pasado su economía prácticamente no creció y la tendencia es al mantenimiento de ese nivel de estancamiento económico a mediano y largo plazo. La razón es que la tasa de inversión en el país es muy baja; está en el orden del 18,4 o del 18,6 por ciento del PBI, basada en una tasa de ahorro todavía inferior. Lo que ocurre es que Brasil tiene una serie de componentes fundamentales que hacen a su poder mundial…

LR: ¿Independientemente de la realidad económica de la que hablabas?

JC: Sí, independientemente. Me refiero al alto nivel de consumo doméstico, el pleno empleo, el aumento de los salarios reales, y, por ende, el incremento del ingreso per cápita real. La razón fundamental del crecimiento extraordinario del consumo doméstico, que el año pasado fue del 8 por ciento, es que en los últimos diez años se han incorporado al mercado como productores y consumidores más de 40 millones de brasileños, que han salido de niveles de extrema pobreza y se han incorporado a la denominada “clase media C”. También hay que tomar en cuenta que, dentro de los grandes países emergentes, Brasil es después de China el que tiene el mayor número de empresas transnacionales -de fuente y capital brasileño-. El protagonismo de las empresas transnacionales brasileñas es global. Con 194 millones de habitantes, Brasil tiene un PBI superior al de la India, que tiene 1200 millones de habitantes. Esto indica cuál es la magnitud de Brasil en el nuevo contexto mundial. Otro elemento que muestra su proyección global es la capacidad extraordinaria de atracción de inversión extranjera directa (IED); el año pasado atrajo 66.000 millones de dólares. El cálculo que hace la UNCTAD es que en 2020 Brasil -que es en este momento el quinto país del mundo en atracción de IED- va a ser el tercero, detrás de EE. UU. y China.

LR: El profesor Mangabeira Unger sostiene que Brasil especula con la posibilidad de jugar un rol global, de la mano de los otros países emergentes, sin necesidad de representar una región del planeta. Es decir, el país tendría dos escenarios posibles y uno de ellos sería el BRIC, independientemente de América del Sur. ¿Compartís esta visión dual?

JC: Brasil se ha convertido en un actor global debido al cambio de las condiciones mundiales. No responde a un proyecto ni a una visión brasileña. Este cambio de condiciones globales tiene que ver con el protagonismo en materia de comercio e inversiones que tiene China. Hay un vínculo fundamental entre China y Brasil. Entre 2000 y 2010 las exportaciones brasileñas a China han aumentado 30 veces, mientras que en ese mismo período las importaciones de productos chinos a Brasil han crecido 20 veces. En la primera década del siglo, el comercio bilateral entre China y Brasil ha crecido un 57 por ciento anual acumulativo. Esto significa que el corredor entre Asia y América del Sur es el principal corredor comercial.

LR: ¿Y todo el romanticismo que se ha visto en Caracas con el funeral de Chávez y la idea de recrear una Patria Grande? ¿Es una utopía?

JC: En los últimos dos años de su vida, el presidente Hugo Chávez realizó un realineamiento fundamental de la política y de la inserción internacional de Venezuela, con respecto a los diez años previos. Ese realineamiento se manifestó en la decisión de incorporar a Venezuela al Mercosur, que carece de significado económico y comercial, y cuya implicancia es exclusivamente política y estratégica. Implica la aceptación por parte de Venezuela del liderazgo o de la hegemonía brasileña en América del Sur. Ha sido uno de los grandes éxitos de la política exterior de Itamaraty en toda su historia. En este sentido, el arco de países sudamericanos integrantes del ALBA -Venezuela, Bolivia y Ecuador- ha dejado de ser una opción al liderazgo brasileño. El chavismo, como tal, ha dejado de ser una opción al liderazgo brasileño.

LR: Chile, con sus distintos gobiernos, se ha mantenido un tanto aislado de todos estos procesos. ¿Es la Noruega de la Unión Europea o la Suiza de Sudamérica?

JC: Chile es el país de América Latina que tiene el más alto nivel de credibilidad en el sistema mundial. El riesgo de invertir en Chile es prácticamente el mismo de invertir en Gran Bretaña o en EE. UU. En segundo lugar, Chile tiene 44 tratados de libre comercio con todas las partes del mundo, encabezados por un TLC con EE. UU., otro con la Unión Europea y un tercero con China. El problema del país no es su credibilidad ni su inserción internacional, sino su bajo nivel de incremento de la productividad: en los últimos diez años, ha sido nulo o incluso negativo. Ha habido una mejora en los últimos tres años del gobierno de centro-derecha de Piñera, pero aún así la tendencia sigue siendo declinante. Los costos de la producción siguen siendo muy elevados, debido fundamentalmente a la estructura oligopólica de la economía chilena y al hecho de que -si bien los indicadores sociales están entre los mejores de América Latina- la pobreza estructural torna a Chile en el país más desigual de toda la región después de Brasil.

LA PRODUCTIVIDAD DE LA ECONOMÍA, UN FACTOR CLAVE

LR: El tema de la productividad de la economía pareciera ser fundamental. ¿Qué debería hacer la Argentina?

JC: Convendría mirar la estructura del comercio exterior de la Argentina. Más de dos tercios del total de las exportaciones argentinas son productos agroalimentarios, en primer lugar la soja. Al mismo tiempo, la balanza comercial del producto bruto industrial argentino es ampliamente deficitaria. El año pasado, el déficit de la balanza comercial intraindustrial de la Argentina fue de 32.000 millones de dólares. Esto significa que la extraordinaria competitividad del sector agroalimentario argentino está acompañada por una muy baja competitividad de su aparato industrial. Para que la Argentina se transforme en uno de los protagonistas de la economía mundial de los próximos diez o quince años, es imprescindible que el sector industrial alcance los niveles de incremento de la productividad que ya tiene su sector agroalimentario.

LR: ¿Existe algún manual para aumentar productividades sectoriales?

JC: Los países de América del Sur han crecido extraordinariamente en los últimos diez años, pero su productividad no ha acompañado ese crecimiento. Por el contrario, los países asiáticos han tenido un proceso de convergencia estructural con los países capitalistas avanzados, que se da a través de una doble vía: la productividad que se incrementa de una manera superior a EE. UU. y esto se refleja en un crecimiento del ingreso per cápita por encima del norteamericano.

LR: ¿Por dónde pasa este aumento de productividad?

JC: La experiencia histórica indica que hay una estrecha relación entre lo que sucede en el mundo político y lo que sucede en el mundo económico. No hay tal cosa como la economía por un lado y la política por el otro. Al contrario, el factor más representativo y más importante del crecimiento económico son las transformaciones de orden político. En este sentido, hay que señalar la necesidad de una convergencia entre el sector más competitivo de un país -en el caso argentino, el sector agroalimentario- y el poder político. Lo que no hay que hacer desde el poder político es enfrentarse sistemáticamente con el sector más productivo de la economía.

EL PAPA FRANCISCO, UN EMERGENTE DEL NUEVO SISTEMA DE PODER

LR: ¿Qué rol puede jugar el Papa Francisco en este nuevo escenario mundial?

JC: La Iglesia se ha transformado en la principal esperanza del mundo moderno. Se ha hecho cargo del Pontificado una figura que es arquetípica de la Compañía de Jesús. Los jesuitas son una orden que une la alta intelectualidad con una extraordinaria capacidad de acción. En este campo, Jorge Mario Bergoglio es una figura fundamental, en un momento en que lo que ha ocurrido en el mundo es que el eje del proceso de acumulación ha pasado de los países avanzados a los emergentes. Se ha hecho cargo del Papado el primer Pontífice extraeuropeo en siglos y proviene del hemisferio americano, donde hay que incluir no solo a Amerérica Latina sino también a EE. UU y Canadá. El papel de los nueve cardenales norteamericanos en la elección de Bergoglio como nuevo Papa ha sido esencial. En estas condiciones, lo que ya está en marcha es un protagonismo global de la Iglesia y de la fe, en manos de Bergoglio, como expresión de esta nueva estructura de poder y de influencia de la fe en el sistema mundial.

LR: Cuando escribiste tu  libro Dios en la plaza pública, ¿te esperabas un proceso de esta envergadura?

JC: Me ha sorprendido como a todo el mundo. Pero una vez que se producen los acontecimientos, lo que es asombroso es el grado de necesidad que demuestran hacia el pasado. Dios en la plaza pública es un estudio sobre el pensamiento de Joseph Ratzinger -Benedicto XVI-. La idea básica es que el siglo XXI es un siglo que para la Iglesia tiene un signficado esencialmente político. La política en el siglo XXI ya no se refiere simplemente a la puja por el poder. Se refiere, fundamentalmente, a la creación y al impulso de valores destinados a fundar y a legitimar el nuevo sistema de convivencia mundial que ha surgido de la revolución de la técnica. Acá lo que está en juego es la disputa que hay entre la razón instrumental propia del mundo secularizado de la técnica y, por otro lado, la razón trascendente que es la propia de la fe y especialmente de la fe cristiana.

LR: O sea que el Papa argentino puede venir a contribuir decidamente a la construcción de ese entramado teórico que justifique ese nuevo poder mundial.

 JC: Exactamente. Yo agregaría que acá lo que está en juego es la disputa que hay en el mundo entre la razón instrumental propia del mundo secularizado de la técnica, por un lado,  y la razón trascendente que es la propia de la fe y especialmente de la fe cristiana.

LR: Teniendo en cuenta a los 2300 millones de asiáticos, mi pregunta es si no estamos cayendo en el pecado de ver todo a través del ojo de la cerradura del cristianismo.

 JC: Uno de los aspectos principales del pensamiento de Ratzinger, que acaba de ser ratificado en todos sus términos por Francisco, es la importancia crucial que tiene para el cristianismo el diálogo con las grandes religiones, fundamentalmente con la fe islámica. En un sentido estricto, el siglo XXI aparece como un diálogo entre la fe cristiana y la fe islámica para ver cuál es el posicionamiento común frente al mundo de la secularización y de la técnica, cuyo punto fundamental es su creencia que Dios es irrelevante. El pensamiento de Ratzinger es la respuesta a la idea de Nietzsche de que “Dios ha muerto”; en realidad, lo que Nietzsche dice es que en el mundo de la modernidad Dios es irrelevante y se ha convertido en una cuestión privada.

LR: ¿Cómo ves la influencia del Papa Francisco en nuestros asuntos domésticos?

 JC: Yo creo que ya se ha producido. Hay que tomar en cuenta que las categorías teológicas son la fuente y la razón de ser de los conceptos políticos. El mensaje fundamental de Bergoglio es que, para propagar la fe, de lo que se trata es de construir, y construir es unir, no dividir. En términos políticos, significa que hay que dar por terminada la estrategia de confrontación, polarización y enfrentamiento como mecanismo de acumulación de poder doméstico que ha caracterizado la vida política argentina de los últimos diez años.

LR: ¿La obsesión de Francisco por la pobreza choca o se complementa con las fuerzas que están dominando la escena futura del mundo?

 JC: Francisco sostiene hay dos clases de pobreza en el mundo: por un lado, la que proviene de la falta de trabajo, de la miseria y de los bajos salarios; y, por otro, la pobreza espiritual. Esta pobreza espriritual es lo que Ratzinger y ahora el nuevo Papa caracterizan como “dictadura del relativismo”. Vivimos en un mundo extraordinariamente rico y poderoso, pero, al mismo tiempo, extremadamente pobre en lo espritual. En este sentido, a medida que disminuya la pobreza en términos sociales y económicos, va a aumentar ese vacío y se va a hacer cada vez más evidente en términos espirituales.

 

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