“World Order”: en su libro, Kissinger describe el primer orden global y mundial de la historia

mao kissinger

Por Jorge Castro.   El “orden mundial”, sostiene Henry Kissinger, es la búsqueda colectiva de orden (gobernabilidad) que realiza en determinado momento histórico una cierta relación de fuerzas, en la que las grandes potencias –en nuestra época fundamentalmente EE.UU. y China– ocupan por definición el papel esencial.

La gobernabilidad del sistema (“el orden”) no es sinónimo de paz (ausencia de guerra), sino que implica el ejercicio continuado del poder político, sobre todo en situaciones de crisis; y esto exige ante todo el funcionamiento de los Estados, en especial en las regiones en conflicto, mientras aumentan y profundizan los acuerdos entre ellos.

“La estructura de los sistemas de relaciones internacionales es siempre oligopólica. En cada época, los principales actores determinan el sistema –es decir, no son determinados por él –; y la primera característica de un sistema internacional es la configuración de su relación de fuerzas”, dice Raymond Aron ( Paix et Guerre entre les nations , Calman-Levy, París, 1962/1984, págs. 134 y ss.).

La principal relación de fuerzas del sistema internacional en la segunda década del siglo XXI es la que surge de la vinculación estratégica entre EE.UU. y China, sustentada en un doble desarrollo.

En primer lugar, el traslado del eje del proceso de acumulación global de los países avanzados a los emergentes, ocurrido en los últimos 15 años; y la conversión de China en la primera economía del mundo (en términos de capacidad de compra doméstica/ PPP), que es su consecuencia.

Luego, la finalización de la hegemonía unipolar de EE.UU. como estructura básica de seguridad del “orden mundial” que existió de 1991 (caída de la Unión Soviética/ unificación del sistema) a 2008 (colapso de Lehman Brothers/ crisis financiera internacional). El cruce de estas dos tendencias ha provocado una situación de vacío de poder en el sistema mundial, que ha desatado una crisis de gobernabilidad de alcance global, cuya manifestación más extrema y crítica es la guerra que tiene lugar este año en el Levante árabe (Siria, Irak, Líbano), como consecuencia del derrumbe de las entidades estatales/territoriales de la región, creadas por el pacto entre Francia y Gran Bretaña en la Primera Guerra (Acuerdo Sykes-Picot/ 1916).

Este proceso de desintegración territorial/estatal ha originado un inmenso vacío geopolítico en la región más estratégica del planeta; y es lo que le otorga su extraordinaria letalidad a la ofensiva revolucionaria del islamismo militante (ISIS o Estado Islámico/EI).

El vacío geopolítico surgido en el Levante indica que el conflicto es un problema esencialmente de gobernabilidad, no militar; y por lo tanto la respuesta surge de la naturaleza del problema que se enfrenta, que es la reconstrucción del poder político (de la gobernabilidad), en la región del mundo donde se encuentran 2/3 de las reservas petrolíferas globales.

El “orden mundial” con eje en EE.UU., que surgió de la Segunda Guerra, y se extendió al mundo después de 1991, “… se definía –dice Kissinger– exclusivamente con conceptos occidentales, ante todo la extensión de la democracia y las reglas del libre mercado; y era una amalgama del idealismo estadounidense y de los tradicionales conceptos europeos de Estado-Nación y equilibrio del poder, surgidos de la Paz de Westfalia (1648)”.

Lo que ocurrió entonces fue que vastas regiones del mundo no participaron de la conformación de este sistema, y sólo se sometieron al concepto occidental de “orden”. Esas reservas se han tornado ahora explícitas; y el resultado es la crisis en Ucrania/Rusia, los enfrentamientos en el Mar del Sur de China y el estallido del Levante árabe.

La esencia del nuevo orden mundial posterior al occidental/estadounidense, sostiene Kissinger, es que ningún país, ni siquiera China, es capaz de ocupar el espacio vacío que deja la desaparición de la “hegemonía unipolar” de EE.UU., porque lo que ha cambiado ahora, antes que el liderazgo, es la situación.

Por eso es que el equilibrio de poder entre EE.UU. y China incluye necesariamente elementos de cooperación y asociación; y lo que impone esta cooperación, lo que la fuerza geopolíticamente, es la globalización y la revolución tecnológica del procesamiento de la información, que es su impulso fundamental. De ahí que haya surgido en el siglo XXI un espacio global desterritorializado, profundamente integrado y fundado en el principio de instantaneidad, sobre el que se construye el nuevo “orden mundial” sustentado en el acuerdo estratégico entre China y EE.UU. En este contexto global de nuevo tipo, desaparece la distinción entre guerra y paz, y se establece un continuo que atraviesa a las dos categorías históricas, manifestado en las sucesivas crisis de gobernabilidad que se aprecian en distintas regiones del planeta.

“Lo que se experimenta hoy –sostiene Kissinger– es la creación del primer ‘orden mundial’ verdaderamente global de la historia del mundo”. Se trata de un trayecto histórico que contiene implícitamente un proyecto de establecimiento de un Estado mundial, que no es una fórmula, sino un proceso que abarca una época, y que constituye su cuestión central. El resultado de esta extraordinaria transformación, afirma Kissinger, “…es que el poder ha ingresado en un estado de flujo sin precedentes”; y por eso hay una crisis del statu-quo en todas partes al mismo tiempo, cuya primera y más decisiva manifestación es la crisis del Estado (vacío de poder en la Unión Europea/ disolución estatal en el Levante árabe/ generalización de los “estados fallidos”).

Lo que provoca la crisis de los Estados es el hecho de que la economía se ha tornado global, mientras que las estructuras políticas siguen siendo estatales/territoriales/nacionales; y esta dinámica es la que provoca las sucesivas crisis financieras internacionales (la última y de mayor magnitud e intensidad ha sido la de 2008/2009), que ante todo son crisis de gobernabilidad de sistema.

“En el mundo de hoy –concluye Kissinger– hay que adquirir, junto a la cultura y la identidad nacionales, una segunda cultura, global y estructural.”

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