La desaceleración china no afecta el potencial de Argentina

soja

Por Jorge Castro.    Los precios del mercado mundial de commodities han caído 40% desde 2012; y se han derrumbado las exportaciones de los países emergentes que son exportadores de materias primas. Por eso se han sumergido en la recesión o estancado.

Esto ha ocurrido cuando es nítida la recuperación de Estados Unidos (3,6% en 2015), y la Reserva Federal aumentaría las tasas de interés tras un ciclo de 7 años de inacción (0%/1,5% anual).

Estados Unidos es un faro de atracción –títulos del Tesoro mediante- para los capitales del mundo en situaciones de crisis. De ahí que hayan comenzado a salir los capitales y a devaluarse las monedas de los países emergentes (en Brasil, el real se ha devaluado 20% en el último año).

El caso de la Argentina es particular. Sus exportaciones son commodities agrícolas (soja, harina de soja) y derivados industriales (aceites), con destino principalmente a los mercados asiáticos (China/India en primer lugar); y la demanda de granos de la República Popular, en vez de caer –como sucede con el cobre y mineral de hierro-, aumenta cada vez más.

La razón fundamental del alza del consumo de granos en China y de los alimentos es el auge del ingreso per cápita (más 9% anual en los últimos 5 años), a pesar de la desaceleración de la economía (que creció al 7% anual en los primeros 5 meses de 2015), que hoy asciende a U$S 7.800 anuales (medidos en capacidad de compra doméstica/PPP).

Esto ha desencadenado una gigantesca transición dietaria (vuelco masivo de la población al consumo de proteínas cárnicas), y ha acarreado un incremento excepcional del consumo de soja y maíz.

China importó 74 millones de toneladas de soja en 2014, que serían 90 millones en 2015, y treparían a 115/120 millones de toneladas en 2022/2023 (según el USDA). El ritmo de aumento de las importaciones de soja se está acelerando, y aumentaron 25% en el segundo trimestre de 2015 respecto a igual período del año pasado.

También aumentan los contratos de compra de largo plazo de la soja norteamericana por las grandes empresas importadoras de granos chinas.

Es una tendencia de signo contrario a la que arrastra hacia abajo las compras de cobre y mineral de hierro (que han caído en volumen más de 40% en los últimos 3 años), y que responde sobre todo a la disminución de la tasa de inversión en la República Popular (menos 10 puntos en los últimos 5 años/47,6% del PBI a 37%).

La regla en China es clara: las importaciones de soja aumentan y caen las del cobre y mineral de hierro; y la Argentina es uno de los tres grandes exportadores mundiales de la primera.

La caída del precio de los granos nada tiene que ver con la disminución de la demanda en China, sino que es resultado directo de dos supercosechas norteamericanas consecutivas. Es cuestión de oferta, no de demanda.

Esta diferencia es crucial para la Argentina: la desaceleración de la economía china no afecta su extraordinario potencial como gran productor mundial de agroalimentos, que está intacto.

Hoy ese potencial está frustrado en más de 30%, debido a una política regresiva y hostil, propia del ciclo que concluye indefectiblemente en diciembre de 2015. Con una demanda firme, el punto fijo para modificar los acontecimientos en la Argentina es el potencial intacto y la competitivdad de la producción agroalimentaria

 

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