Nobel a Svetlana Alexievich: el periodismo como literatura

svetlana nobel

Por Josep Massot (La Vanguardia)    El Nobel de Literatura a Svetlana Alexievich es un premio a la prosa de no ficción, el esperado reconocimiento a una forma de hacer literatura que en los últimos años ha tenido un auge espectacular: tras la larga hegemonía de la llamada autoficción, ante ese agotamiento de obras en las que no se sabe si lo que se narra es realidad o invención, la realidad directa y contundente.

En segundo lugar, es un escándalo para el jurado de la Academia, ya que el, nombre de la ganadora ha encabezado las apuestas desde el primer momento. Y, una vez más, en las últimas horas, ha habido inversiones masivas que la colocaban 3 a 1. El Nobel, ya cuestionado en algunas de sus decisiones, está adquiriendo mecanismos propios de la Bolsa. Con astutos agentes literarios que invierten elevadas sumas en las apuestas para que sus representados aparezcan entre los posibles galardonados, al más puro estilo Saatchi. ¿Cuánto costaría una campaña de márketing de, por ejemplo  Murakami, que le garantizara titulares en medios de comunicación de todo el mundo?

Alexievich se merece el premio. Escritora de Bielorrusia, país gobernado con mano de hierro por Lukashenko, un dictador que juega con su posición intermedia entre la Rusia de Putin y la UE, ya el año pasado se le dio como ganadora del Nobel. Quedó segunda, tras Modiano. El siguiente tenía que ser para ella.

“Yo he buscado un género en el que las voces humanas hablan por sí mismas. Gente real hablando sobre los principales acontecimientos de su época, como la guerra, el desastre de Chernóbil o la caída del gran imperio. En su conjunto registran verbalmente la Historia del país, su historia común, mientras individualmente cada persona pone en palabras la historia de su propia vida”, dice la escritora, partiendo de la convicción de que “el arte ha fracasado a la hora de entender muchas cosas sobre la gente”.

En sus libros rescata las historias que la Historia mantiene invisibles. Empezó rescatando las voces de las mujeres rusas durante la Segunda Guerra Mundial. En el frente -pilotos, conductoras de carros de combate, francotiradoras…- y no sólo en su rol de enfermeras o cuidadoras de la familia. La sensibilidad y la generosidad contra la visión militar masculina. Después, extendió esta otra visión de la guerra al recuerdo que tenían de ella los niños.

Svetlana Alexievich puso su mirada en la guerra rusa que marcó el fin de la era soviética. Las consecuencias vividas de la guerra de Afganistán, con el conflicto Norte-Sur, el islamismo talibán, cuyos efectos estallaron el 11-S en Nueva York, y de cuyas cenizas nació una nueva pesadilla global. Su anatomía del alma del homo sovieticus, implantada durante décadas de horror y represión, de deshumanización, de silencio temeroso y humillación, explica las dificultades para que la democracia llegue al antiguo imperio, hoy en manos del zar Putin.

Tal vez su obra mas difundida sea Voces de Chernóbil, un relato documental que pone el escalofrío que no poseen los relatos distópicos de Philip K. Dick o Ballard. ”Lo que allí ocurrió es mucho peor que lo vivido en los gulags y el Holocausto”, llegó a escribir, no sin polémica. La devastación ecológica que nos espera.

¿Y el año que viene? El premio Nobel tendría que recuperar su enorme capacidad para iluminar las zonas de sombra de la literatura universal que el mercado editorial mantiene arrinconado en los estantes del subsuelo. Está bien prestigiar la excelencia literaria sin atender de forma obsesiva los mapas ni las cuotas de culturas o de género -a veces se ha premiado a autores menores por intereses geopolíticos, como Pamuk- , pero hay olvidos clamorosos en la literatura africana, árabe y en lenguas minoritarias.

 

 

Dejar una respuesta

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>