La crisis de la clase media y el poder de Estados Unidos

 

state of the union

Por George Friedman*. Recientemente  escribí acerca de la crisis del desempleo en Europa y recibí una  gran devolución informativa, con europeos de acuerdo en que este es el problema central y estadounidenses que argumentan que Estados Unidos tiene el mismo problema, afirman que el desempleo de EE.UU. es dos veces superior a la tasa oficial. Mi razonamiento en contra es que el desempleo en Estados Unidos no es un problema en el mismo sentido en que lo es en Europa, ya que no representa una amenaza geopolítica. Estados Unidos no se enfrenta a la desintegración política por su tasa de desempleo, cualquiera que sea el número. Europa podría encontrarse en esa situación.

Al mismo tiempo, estaría de acuerdo en que Estados Unidos se enfrenta a un problema geopolítico potencialmente significativo, pero a más largo plazo como derivación de las tendencias económicas. La amenaza para los Estados Unidos es la persistente caída en el standard de vida de la clase media, un problema que está transformando el orden social que se mantuvo en vigor desde la Segunda Guerra Mundial y que, si continúa, representa una amenaza para el poder estadounidense.

La crisis de la clase media estadounidense

La mediana del ingreso familiar de los estadounidenses en 2011 fue de  49.103 dólares.  Ajustado por inflación, ese ingreso es inferior a lo que era en 1989 y es de $ 4,000 menos de lo que era en el año 2000. El ingreso que llega a casa es un poco menos de  40.000 dólares después de pagar el  Seguro Social y los impuestos del estaduales y federales. Esto significa un ingreso mensual por hogar de alrededor de 3.300 dólares. Es indispensable  tener en cuenta que la mitad de los hogares estadounidenses ganan menos que esto. También es fundamental considerar, más que la diferencia entre 1990 y 2011, la diferencia entre los años 1950 y 1960 y el siglo XXI. Aquí es donde la diferencia en el significado de la clase media se hace más evidente.

En los años 1950 y 1960, el ingreso medio permitía a una familia vivir con una sola fuente de recursos – normalmente el marido, con la esposa habitualmente trabajando como ama de casa – y alrededor de tres hijos. Eso permitía la compra de una vivienda modesta, un auto último modelo y uno más antiguo. Permitía ir de vacaciones en coche a algún lugar y, con cuidado, también permitía algunos ahorros. Lo sé porque mi familia era de clase media baja, y así es como vivimos, y sé que muchos otros de mi generación tuvieron una situación similar. No era una vida fácil y muchos lujos se nos negaban, pero no era en absoluto una mala vida.

Alguien que hoy gane el salario medio  podría tal vez sacar las cosas adelante, pero no le sería fácil. Suponiendo que no tuviera obligaciones por préstamos universitarios pero sí dos créditos para pagar los automóviles por  un total de 700 dólares al mes, y que pudiera comprar comida, ropa y cubrir sus gastos por  1.200 dólares al mes, le quedarían 1,400 mensuales para la hipoteca sobre su casa, impuestos sobre bienes raíces y seguros, además de algunos fondos para arreglar el aparato de aire acondicionado y el lavavajillas. Un crédito hipotecario con una tasa del 5 por ciento, le permitiría con aquella plata comprar una casa en el rango de los 200.000 dólares. Obtendría un reintegro por deducciones impositivas pero ese dinero se iría en pagar las cuentas de las tarjetas de crédito por los regalos de Navidad y emergencias.

Se podría hacer, pero no es nada fácil y la dificultad sería más grande en las principales áreas metropolitanas. Y si su empleador no cubre el seguro de salud, los 4,000 a5,000 dólares que precisaría para cubrir a tres o cuatro personas limitarían severamente sus gastos. Y, por supuesto, tendría que tener  20,000 a 40,000 para el pago inicial de su casa Poco y nada le sobraría para pasar una semana en la playa con los niños.

Y estamos hablando de la mediana de ingresos. Todos los que están por debajo – la mitad de todos los hogares – estarían excluidos de lo que se considera clase media, con la casa, el coche y los otros servicios asociados. Esas características se desplazan hacia arriba en la escala de las personas con por lo menos 70.000 dólares en ingresos. Lo básico puede estar disponible al nivel de la mediana si se dan circunstancias individuales favorables. pero por debajo la vida se vuelve sorprendentemente magra , incluso en el nivel de la clase media y sin duda en lo que solía llamarse la clase media baja.

La expectativa de ascenso social

Una pausa para señalar que esta fue una de las causas fundamentales de la crisis de los préstamos subprime de 2007-2008. Personas por debajo de la mediana tomaron préstamos con intereses diferidos con la expectativa de que sus ingresos seguirían en alza como era tradicional desde la Segunda Guerra Mundial. La caricatura del tomador de préstamos como irresponsable equivoca el punto. La expectativa de aumento de los ingresos reales es algo enraizado en la cultura americana, y muchos dieron por sentado, sobre esa base, que el aumento se concretaría en cinco años. Cuando no ocurrió, se encontraron atrapados, pero tomando en cuenta la historia, su presunción no era irresponsable.

La historia de Estados Unidos siempre estuvo basada en el supuesto de que la movilidad social ascendente era posible. La ocupación de las tierras explotables del  Medio Oeste y del Oeste y la industrialización masiva a finales del siglo XIX y principios del XX abrieron oportunidades. Había una expectativa sistémica de ascenso social incorporada a la cultura y la realidad estadounidenses.

La Gran Depresión fue un shock para el sistema, y ​​no fue resuelto por el New Deal, ni siquiera meramente por la Segunda Guerra Mundial. El siguiente impulso a la movilidad ascendente provino de los programas de posguerra para los veteranos, de los cuales había más de 10 millones. Estos programas fueron fundamentales en la creación del Estados Unidos posindustrial, mediante la creación de una clase de profesionales suburbanos. Tres programas fueron decisivos:

1. El proyecto de ley GI, que permitió a los veteranos ir a la universidad después de la guerra, y convertirse en profesionales, a menudo varios peldaños por encima de sus padres.

2. La parte del proyecto de ley GI que proporcionó a los veteranos créditos hipotecarios con garantía federal, ofreciendo hipotecas con baja tasa de interés y sin anticipo a los egresados ​​de universidades financiadas con fondos públicos.

3. El Sistema Interestatal de Carreteras, erigido con fondos federales, que facilitó el acceso a la tierra cercana (pero de fuera) de las ciudades, lo que permitió a su vez la vez la dispersión de las poblaciones en tierra barata (permitiendo viviendas unifamiliares accesibles) y, más tarde, la dispersión de los negocios a los suburbios.

Hubo, sin duda, muchas otras cosas que contribuyeron, pero estas tres no sólo remodelaron Estados Unidos sino que crearon asimismo una nueva dimensión a la movilidad ascendente que estaba incrustada en la vida estadounidense desde el principio. Además, estos programas estaban todos dirigidos a veteranos, a los que se reconocía una deuda, o se crearon por razones militares (el Sistema Interestatal de Carreteras fue financiado para permitir el rápido movimiento de tropas de costa a costa, algo que durante la Segunda Guerra Mundial había sido que era imposible). Como resultado, hubo consenso en torno a la conveniencia moral de los programas.

El fiasco de las hipotecas subprime se basaba en la falta de comprensión de que las bases de la vida de la clase media no estaban bajo presión temporal, sino ante algo más radical. Si alcanzaba con una sola fuente de ingresos para mantener a una familia de clase media en la generación posterior a la Segunda Guerra Mundial, ahora se necesitan al menos dos perceptores. Eso significa que el aumento de la familia de dos ingresos estuvo asociado con el declive de la clase media. Cuanto más se desciende en la escala de ingresos, más probabilidades hay de encontrarse con madres solteras. El alejamiento de la presión social a favor de hogares biparentales fue sin duda parte del problema.

Rediseño de la Empresa

Pero también hubo, creo, una crisis de la empresa moderna. Las empresas proporcionaban empleo a largo plazo a la clase media. No era raro pasar toda la vida trabajando para una sola empresa. Trabajando para una empresa, se recibían aumentos anuales de sueldo, tanto el trabajador sindicalizado como el  no sindicalizado. La clase media tenía seguros tanto el empleo como el aumento de los ingresos, junto con la jubilación y otros beneficios. Con el paso del tiempo, la cultura de la corporación se divorció de la realidad; la productividad empresarial requería comprimir los costos y aquella cultura empresarial se hizo más y más disfuncional e insostenible a la larga. Además, las empresas dejaron de centrarse en hacer una cosa y hacerla bien y en su lugar se convirtieron en conglomerados, con una gestión con frecuencia incapaz de seguir el ritmo de la complejidad de múltiples líneas de negocio.

Por estas y muchas otras razones, la corporación se volvió cada vez más ineficiente, y en los términos de la década de 1980, tuvieron que ser rediseñadas,  lo que significó desmontar, minimizar, refinar y reorientar. Y el rediseño de la corporación, imaginado para volverlas ágiles, significaba que había una revolución permanente en el negocio. Todo se estába reinventando. Se emplearon enormes cantidades de dinero, puestas en manos de personas cuya especialidad era el rediseño de empresas. Las alternativas eran: cambio radical  o fracaso total.  Desde el punto de vista del trabajador individual, esto con frecuencia significaba lo mismo:el desempleo.

Desde el punto de vista de la economía, significaba crear de valor ya fuese por la desaparición de compañías, el cierre de algunas de ellos o desplazar trabajos al extranjero. Fue pensado para aumentar la eficiencia total, y mayormente funcionó.

Aquí es donde las cosas se descoyuntaron. Desde el punto de vista del inversor, se había salvado a la corporación de colapso total rediseñándola. Desde el punto de vista de los trabajadores, algunos retuvieron los puestos de empleo que de otro modo hubieran perdido, mientras que otros perdieron empleos que se hubieran perdido de todos modos. Pero lo importante no es la amargura subjetiva de los que perdieron sus puestos de trabajo, sino algo más complejo.

A medida que los puestos de trabajo corporativos permanentes disminuían, más personas debían comenzar de nuevo. Algunos debían hacerlo cada pocos años en la medida en que las empresas se volvían más eficientes y necesitaban menos empleados. Eso significaba que si conseguían trabajo ya no sería con los niveles de sueldo generosos de las corporaciones sino cerca de los niveles salariales de los empleados nuevos en las pequeñas empresas, convertidas ahora en el motor del crecimiento. Cuando estas empresas fracasaban, eran compradas o cambiaban de dirección, perderían sus puestos de trabajo y y deberían empezar de nuevo una vez más. Para ellos los salarios no subían y por largos períodos podían estar desempleados, nunca para conseguir un trabajo nuevo en sus campos, ahora obsoletos, y desde luego nunca para trabajar en una empresa por los siguientes 20 años.

La reestructuración de las empresas ineficientes creó un valor sustancial, pero ese valor no fluyó a los ahora desplazados trabajadores. Algo podía derramarse en beneficio de los trabajadores que quedaban en sus puestos, pero la mayor parte fue para los ingenieros que reestructuraron las empresas y para los inversores que ellos representaban. Las estadísticas revelan que, desde 1947 (cuando empezaron a registrarse datos sobre esto), actualmente los beneficios empresariales como porcentaje del producto interno bruto están en su nivel más alto, mientras que los salarios como porcentaje del PIB se encuentran ahora en su nivel más bajo. La cuestión no era hacer más eficiente la economía – eso, por cierto, ocurrió- sino de dónde se acumulaba el valor. El segmento superior de la curva de salarios y los inversores continuaron haciendo dinero. La clase media se dividió en un segmento que ingresó en la clase media-alta, y otro que se hundió en la clase media-baja.

La sociedad estadounidense en general nunca fue igualitaria. Siempre se dio por sentado que habrían diferencias sustanciales de salarios y riqueza. De hecho, el progreso estaba de alguna manera impulsado por el deseo de emular a los ricos. También existía la expectativa de que, aun si otros recibían mucho más, la riqueza de todos se elevaría. También se sobreentendía que, fuese cuestión de conocimientos o de suerte, a algunos les toca perder.

Lo que estamos enfrentando ahora es un cambio estructural, en el que el centro de la clase media, no por pereza o estupidez, se está desplazando hacia abajo en términos de nivel de vida. Es un cambio estructural que tiene sus raíces en el cambio social (la ruptura de la familia convencional) y el cambio económico (la declinación de las corporaciones tradicionales y la creación de la agilidad empresarial que pone a cada trabajador en situación de desventaja masiva).

La crisis inherente descansa en una economía cada vez más eficiente y una población que no puede consumir lo que se produce debido a que no puede pagar los productos. Esto ha sucedido muchas veces en la historia, pero los Estados Unidos, con excepción de la Gran Depresión, era el contraejemplo.

Obviamente, este es un debate político masivo, solo que los debates políticos señalan problemas pero no los esclarecen. En los debates políticos, la cuestión es  culpar a alguien.

En realidad, estos procesos están incluso más allá de la capacidad de control del gobierno. Por un lado, la gran empresa tradicional era beneficiosa para los trabajadores hasta que se derrumbó bajo el peso de sus costos. Por otra parte, la eficiencia creada amenaza con socavar el consumo por el debilitamiento de la demanda efectiva de media sociedad.

La amenaza del largo plazo

El mayor peligro es uno que se enfrentará por décadas, pero que acecha ahí fuera. Estados Unidos se basa en el supuesto de que una marea creciente levanta todos los barcos. Eso no ha sido el caso para la generación pasada, y no hay indicios de que esta realidad socio-económica vaya a cambiar en el corto plazo. Esto significa que lo que está en riesgo es un supuesto central. El problema es que la estabilidad social se construyó en torno a este supuesto – no en el supuesto de que se le deba una buena vida a todo el mundo, pero sí en la hipótesis de que, en general, todos se beneficiarán de una productividad y una eficiencia crecientes.

Si pasamos a un sistema en el que la mitad del país está estancado o perdiendo terreno mientras  la otra mitad está en alza, el tejido social de los Estados Unidos está en riesgo, y con él,  el poder global masivo que Estados Unidos ha acumulado. Otras potencias, como Gran Bretaña o Roma, no tenían la idea de un estado de perpetuo mejoramiento de la clase media como valor fundamental. Estados Unidos, sí lo tiene. Si pierde eso, se pierde uno de los pilares de su poder geopolítico.

La izquierda argumenta que la solución es dictar leyes para transferir riqueza de los ricos a la clase media. Eso aumentaría el consumo, pero, dependiendo del alcance, amenazaría la cantidad de capital disponible para la inversión y eliminaría los incentivos para invertir. No se puede invertir lo que no se tiene y nadie aceptaría el riesgo de una inversión si se lo va a privar de sus resultados.

La capacidad de adaptación de la empresa norteamericana es algo decisivo. La derecha argumentará que con permitir que funcione el libre mercado funcione se solucionará el problema. El libre mercado no es garantía de resultados sociales, sólo responde por los resultados económicos. En otras palabras, puede dar más eficiencia de conjunto y hacer crecer la economía de conjunto, pero por sí mismo no garantiza cómo se distribuye la riqueza.

La izquierda no puede ser indiferente a las consecuencias históricas de la redistribución extrema de la riqueza. La derecha no puede ser indiferente a las consecuencias políticas de una vida de clase media minada en sus cimientos, ni puede ser indiferente a la incapacidad de la  mitad de la población para comprar los productos y servicios que las empresas venden.

Las acciones más significativas realizadas por los estados suelen ser involuntarias. El proyecto de ley GI fue pensado para limitar el desempleo entre los militares que volvían de la guerra; inadvertidamente eso creó una clase profesional de graduados universitarios. Los préstamos hipotecarios para viviendas suburbanas fueron diseñados para estimular el sector de la construcción, pero terminaron creando las bases de los barrios de suburbios y la extensión del comercio. El Sistema Interestatal de Carreteras estaba destinado a mover tropas rápidamente en caso de guerra, pero creó un nuevo patrón de uso de la tierra y expandió los suburbios.

No está claro cómo el sector privado puede hacer frente al problema de la presión sobre la clase media. Los programas gubernamentales con frecuencia no cumplen siquiera las intenciones mínimas mientras despilfarran recursos escasos. Estados Unidos ha sido un país afortunado, con soluciones que surgen frecuentemente de maneras inesperadas.

A mí me parece  que, a menos que Estados Unidos tenga suerte una vez más, su dominio mundial está en peligro. Tomando en cuenta su historia, Estados Unidos puede tener la esperanza de volver a tener suerte, pero por lo general la tiene cuando está asustado. Y a esta altura, más que miedo muestra irritación, creyendo que alcanzaría con emplear sus propias soluciones para que este problema y todos los demás desaparecieran. Mi punto de vista es que las soluciones convencionales ofrecidos desde distintos costados aún no llegan a comprender la magnitud del problema -que los fundamentos de la sociedad estadounidense se encuentran en riesgo- y por eso todos se limitan a repetir lo que se ha dicho antes.

La solución tendrá que diseñarla gente más inteligente y afortunada que yo.

Yo simplemente señalo las consecuencias potenciales del problema y la insuficiencia de todas las ideas que he visto hasta ahora.

 

El autor es fundador y director del centro de reflexión geopolítica Strategic Forecast (www.Stratfor.com), dedicado a los riesgos y la seguridad mundial, las relaciones estratégicas entre los países y los factores de poder de las naciones.

Este análisis fue publicado en AP por primera vez el 2 de febrero de 2013   cuando el desempleo rozaba el 8 por ciento  y la recuperación tras la crisis financiera de 2008/2009 aún era tenue y Stratfor decidió reeditarlo ahora a la luz del  discurso sobre el Estado de la Nación del Presidente Obama, el 20 de enero de 2015.  Aunque actualmente el desempleo bajó al 5,6 por ciento y las encuestas indican que los estadounidenses se están volviendo más optimistas sobre su economía, el punto de vista principal de Friedman sigue en pie: el fundamento de la sociedad americana, su clase media, se encuentra en riesgo. 

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