Messi, Maradona y la brecha en el fútbol

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Por Gonzalo Neidal.   Hagamos un poco de sociología salvaje.
Hice una pequeña encuesta y arrojó un resultado que resulta lógico y razonable: la gran mayoría de los que están enojados con Messi porque el domingo no nos coronamos campeones de la Copa América, son kirchneristas. ¿Hay alguna explicación a este combo?
Yo creo que sí. Veamos.
Los que rechazan a Leonel Messi, en su inmensa mayoría se muestran afectos a Maradona, al que contraponen como el deportista arquetípico, el modelo a alcanzar. Según esta visión, Maradona aventajaría a Messi no tanto en lo técnico o futbolístico sino sobre todo en su “actitud”, su temperamento, incluso su valentía al momento de disputar partidos determinantes. Dicen que mientras Messi se “apichona”, Maradona “se pone el equipo al hombro” y saca el partido adelante.
Además, cualquier comparación se quiebra en razón de que Messi no ganó ningún título con la Selección Mayor y Maradona, en cambio, ganó un Mundial de Fútbol, el de México ’86. Más aún: cualquier comparación cuantitativa que pretenda establecerse queda anulada en razón de que Messi nunca pudo coronar su carrera con un título Mundial y tampoco con una mera Copa América.
Siguiendo estos argumentos, repitiendo lo que uno ha ido escuchando y leyendo por ahí, Messi no siente la camiseta, a diferencia de la actitud más patriótica de Maradona, que se desvivía por ella. Y, por supuesto, Messi no canta el himno y Maradona sí. Messi juega bien y gana todo en el Barcelona, y no gana nada con la Selección. Y así hasta el infinito.
Maradona, además, es amigo de Fidel Castro y admirador del régimen venezolano. Tiene tatuado en un brazo al Che Guevara. Además, Maradona es peronista, y muy kirchnerista y siempre se expresa a favor de los pobres, incluso cuando cuestionaba en duros términos al Papa Juan Pablo II. Nació en Villa Fiorito, en un hogar pobre, cedió ante la tentación de la droga, tiene varios hijos desparramados, reconocidos y no, y siempre aparece con alguna frase pendenciera, prendido en algún escándalo, denunciando a sus ex amigos y peleándose con medio mundo. Maradona es del campo “nacional y popular”, un patriota a quien el destino depositó en Dubai pero que tiene su corazón muy argentino y, además, se desvive por los pobres, aunque sólo sea en su discurso.
Messi, en cambio, jamás jugó en equipo alguno de su país. Nació al fútbol en el Barcelona, donde es adorado y donde conquistó todos los trofeos posibles y batió todos los records en la historia del fútbol de su club y de la historia del fútbol español. Messi se casó con su novia de Santa Fe, tiene dos hijos, jamás se mete en escándalos y está muy distante de la farándula y la droga. Un muchacho realmente aburrido, que ni siquiera tiene un amigo como Guillermo Cóppola. Además, no se le conocen preferencias políticas aunque se lo presume distante de las ideas de Maradona.
Se ha visto gente contenta tras la nueva derrota de la Selección. Gente que piensa que, de este modo, el pueblo estará más irritable y que ese humor contribuirá a sumar quejas contra el gobierno entreguista de Macri. Un triunfo, razonan, hubiera sido atribuido al nuevo gobierno y lo hubiera fortalecido o cuanto menos hubiera generado una corriente de simpatía hacia él.
Las cúspides futbolísticas que alcanza Argentina, se deben a Messi y las insatisfacciones al simple hecho de que con él, sólo con él, no alcanza.
Dicen que el gran mérito de Maradona fue que recaló en un club pequeño y lo sacó campeón por primera vez. Hay que recordar que el Nápoli contaba con 5 figuras que integraban las selecciones de sus respectivos países. En la Selección, Messi no cuenta con gente que esté a su altura en lo futbolístico.
De todos modos, si  los penales nos hubiesen favorecido, hubiéramos encontrado la forma de menoscabar ese triunfo y reclamar una Copa del Mundo. Porque la queja y la lágrima apuntan a cuestionar a un pibe que no se mete con nadie, que juega lo que mejor que puede y no lo hace tan mal que digamos.
Pero pongamos las cosas en su lugar: se trata de un juego. Tan solo un juego. Quizá deberíamos también ser ganados por el malhumor y la desazón cuando nos enteramos que las pruebas de rendimiento escolar nos dan pésimo o que la pobreza no se reduce o que no somos capaces de parar la inflación.
El fútbol siempre da revancha. Los otros temas suelen ser mucho más complicados.

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