Uso y abuso de los plebiscitos

plebiscito

Por George Friedman (Geopolitical Futures).   Los colombianos votaron en un referéndum este fin de semana sobre un tratado de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), un grupo que ha estado en guerra con el gobierno desde 1965. El 50,2 por ciento de los que votaron estuvieron en  contra del acuerdo, pero sólo vot{o el 39 por ciento de los empadronados. En Hungría, un referéndum sobre las cuotas de refugiados de la Unión Europea dio lugar a un 98 por ciento de la votación pública a favor de la posición del gobierno, pero sólo alrededor del 32 por ciento participó en la votación. Al menos el 50 por ciento de los votantes deben participar para que  un referéndum sea válido en Hungría. En Gran Bretaña, que llevó a cabo la consulta popular que obtuvo la mayor atención pública en los últimos tiempos, el 52 por ciento de la gente votó para salir de la Uni{on Europea, con una participación del 72 por ciento.

Los referendos son extremadamente comunes en los países europeos, así como en otras regiones. Cuando se trata de cuestiones muy importantes, se considera conveniente dejar que la gente tome la decisión final. Esto est{a en las ant{ipodas del sistema federal de EE.UU., donde la Constitución deja deliberadamente fuera los referendos. La noción de gobierno estadounidense difiere de las de Europa (y América Latina). Teniendo en cuenta el creciente número de cuestiones importantes que se deciden por referendos en Europa y en otras partes, la naturaleza, las fortalezas y debilidades de este sisteme deben ser entendidas. Estos referendos pueden redirigir la historia.

En primer luga, debe tenerse presente que en el referéndum de Colombia sólo alrededor del 20 por ciento de las personas con derecho a voto votaron en contra del tratado. En el caso de Hungría, donde la oposición sabía previamente que no podía ganar pero también sabía que  podía bloquear el referéndum pidiendo a la gente que se quedara en casa, casi todo los votantes apoyaron la posición del gobierno. Pero una combinación de los que se oponían al gobierno y aquellos que simplemente no votaron se adjudicó finalmente la victoria. El modelo húngaro está diseñado para evitar el tipo de resultados que vimos en Colombia. Sin embargo, yo supongo que si la mayor{ia hubiera votado en Hungría, el gobierno habría ganado. Una coalición de los opuestos y los indiferentes, probablemente, bloqueó esa mayoría. En el Reino Unido , sólo el 37 por ciento de los electores votaron por Brexit – y eso fue suficiente para llevar a Gran Bretaña fuera de la Unión Europea .

El fundamento de la consulta es que en cuestiones vitales, la gente debe tener la última palabra. En teoría, esto perfecciona la democracia. Los representantes son habilitados para  tomar decisiones de rutina, pero la gente misma decide directamente cuestiones cruciales, como el final de una guerra civil, una política nacional sobre la inmigración o la pertenencia a la Unión Europea.

Hay tres problemas con este sistema. En primer lugar, hay una tradición romántica de pensar en el pueblo como una entidad única y  unida. Como todos sabemos, nada podría estar más lejos de la verdad. Los pueblos suelen estar muy divididos. En segundo lugar, los pueblos también son con frecuencia indiferentes. Lo más llamativo en los tres casos que he citado es qué pocas personas acudieron a las urnas. En tercer lugar, las cuestiones que se presentan a referéndum no sólo son complejas, sino que rara vez se prestan a una respuesta de sí o no. La parte del público que entiende el problema se ve obligado a votar sí o no, cuando su posición habitual es ni. La parte de la opinión pública que está cómoda votando sí o no muy a menudo no entiende el problema, ni las consecuencias de lo que está votando. No es que sean tontos (aunque eso es lo que por lo general piensan los perdedores), sino que no han dedicado el tiempo necesario para entender el problema, por lo general porque están ocupados haciendo cosas que son más importantes para sus vidas.

La celebración de referendos asume que el público está tan apasionado por los temas políticos y sociales como los políticos, periodistas, profesores, etc.. En general, una gran parte de la población tiene un mayor sentido del equilibrio sobre lo que es importante en sus vidas que aquellos movidos apasionadamente por esos temas. Y con frecuencia, las cuestiones que los organizadores de referendos consideran de gran  urgencia son asuntos ante a los que el votante se siente indiferente. Por lo tanto, muchos se quedan en casa, y otros votan casualmente. Toda la idea de que la nación se movilizará para decidir cuestiones importantes es básicamente defectuosa. Para la mayoría, el tipo de cuestiones que se vota –inclusive el acuerdo de paz con las FARC – simplemente no importa tanto como los cívicamente comprometidos piensan que deberían. Y muchos votantes consideran que lo cívicamente comprometido es totalmente irrepresentativo e irrelevante para las normas que ellos han establecido para sus propias vidas.

En Europa y América Latina, el estado se encuentra en el centro de la sociedad y la política en el centro del estado. Hace poco fui a una reunión en México, donde yo estaba fascinado por el grado en que las cuestiones de negocios, que en Estados Unidos no tendrían nada que ver con ningún organismo gubernamental, eran relacionadas con los ministerios en la Ciudad de México. En estas sociedades, la política se considera vital en la formación de la vida cotidiana. Aún así, sus votantes son indiferentes. Incluso en el Reino Unido menos de tres cuartas partes de los votantes se interesaron en votar sobre el Brexit, y eso se considera una participación muy alta. Cuando se trata de referendos, la teoría del estado de Europa y América Latina y la realidad de la vida cotidiana chocan. La noción del pueblo como un solo organismo es parte de la tradición europea del nacionalismo romántico, pero no está conectada a la realidad.

Los padres fundadores estadounidenses tomaron un enfoque completamente diferente sobre el gobierno. En su opinión, el gobierno no era el centro de la sociedad, y la política no era lo más importante. El gobierno era un mal necesario que tenía que ser mantenido al margen de la sociedad. El centro de las cosas era la sociedad civil, que, para los fundadores, incluía negocios, iglesias, ligas de fútbol de fantasía y todo lo demás que compone la textura de la vida cotidiana.

 

Los fundadores no confíaban en los políticos. Tampoco confiaban en elpueblo. Ellos creían que la gente puede ser tan venal, ignorante y corrupta como los políticos. También consideraban que el público pueda experimentar tanto espíritu faccioso y  odio como los políticos. No había nada mágico en las personas, excepto que la gente debía constituir una unión más perfecta. Y que la unión tenía ciertas características. En primer lugar, limitar el poder del Estado sobre la sociedad. En segundo lugar, estructurar el estado de modo que éste pudiera entrometerse poco. El objetivo de los fundadores era paralizar la política para proteger a la sociedad y, por  cierto, no consideraban una legislación copiosa como buena señal.

También crearon una forma republicana republicana de gobierno, no una forma democrática. La gente podía votar, pero sólo a las personas que la representaría. Incluso el presidente no sería elegido directamente, sino a través de un colegio electoral. Ellos querían mantener a la gente, a cualquier de sus facciones, fuera del control directo del gobierno. Su punto de vista sobre la gente era que debía ocuparse de su vida privada, porque  politizada eran propensa a causar estragos. Pero entregaron a la gente el poder de seleccionar a sus representantes en varias configuraciones. Los representantes que participarían en un gobierno paralizado por dos legislaturas con diferentes reglas, un Tribunal Supremo y un presidente, ninguno de ellos bajo la más mínima obligación de ser razonables.

 

Para que todo esto funcionara, los representantes tenían que ser personas a las que no les gustara el poder, pues de lo contrario las barreras se podría romper. Los fundadores querían representantes que tuvieran intereses privados y vieran la política como una obligación, no  comouna carrera. Buscaban alguna manera de forzar al público indiferente a seleccionar a sus superiores intelectuales y morales. Y esa ha sido la debilidad del sistema americano. La gente rara vez reconoce superiores y cuando lo hace, no le gustan. Quieren elegir a  personas como ellos. Y eso hacen.

La diferencia entre los dos sistemas no implica superioridad, sino complejidad. El sistema de gobierno estadounidense es extraordinariamente complejo, y su complejidad hace la vida difícil para los ambiciosos. En Europa y América Latina, los órganos de gobierno son increíblemente complejos, pero el sistema político principal es sencillo y elegante, con un parlamento, un primer ministro y de vez en cuando un plebiscito. Esto es algo que el sistema federal de  EE.UU. no tiene (aunque sí los estados,  y yo rara vez tengo idea de lo que estoy votando cuando debo participar en uno).

Los fundadores de América se habrían horrorizado ante un plebiscito, tanto como los europeos y los latinoamericanos están consternados por características del sistema americano. Pero creo que los fundadores tenían razón sobre los plebiscitos. Estos  no cosechan la voluntad del pueblo sino su caótico desacuerdo. Son una excusa de los representantes para evadir su responsabilidad, no una forma de empoderar la nación.

 

 

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