La cadena asiática de la prosperidad

Flag_of_ASEAN.svg

Por Pascual Albanese.   Mientras China se acerca a erigirse en la primera potencia económica mundial, el cambio del modelo productivo puesto en marcha por el gigante amarillo, orientado a avanzar de la cantidad a la calidad, a través de una estrategia de desarrollo centrada en la expansión de su consumo interno y el despliegue de industrias de alta tecnología, en sustitución de las industrias tradicionales comenzó a tomar forma un nuevo fenómeno. Un puñado de países asiáticos, configurado por Vietnam, Camboya, Laos y Myanmar (ex- Birmania), protagoniza hoy un proceso de crecimiento acelerado, fundado precisamente en el desplazamiento de inversiones provenientes de los estados chinos de la costa, que encaran la búsqueda de horizontes más favorables para su competitividad.

La razón es muy sencilla: durante la última década los salarios de los trabajadores chinos aumentaron ininterrumpidamente a un ritmo del 14% anual acumulativo. En la actualidad, un trabajador chino gana un sueldo promedio de 900 dólares mensuales, frente a 300 en Vietnam, 150 en Camboya y Laos y 140 en Myanmar.

Vietnam lidera este pujante cuarteto de países emergentes. El Gobierno de Hanoi estaba preparado para aprovechar esta nueva situación. Su pragmatismo hizo honor a la definición de George Kennan, uno de los mayores expertos geopolíticos estadounidenses de la guerra fría, cuando señalaba que “en Asia todo es distinto, incluso el comunismo”. Diecisiete años atrás, un experto argentino en planeamiento estratégico dialogaba con un alto funcionario del Partido Comunista vietnamita y le anticipaba lo que iba a suceder en China con relación a la elevación del nivel salarial y la consecuente pérdida de esa ventaja competitiva de la mano de obra barata que habían usufructuado las empresas multinacionales desde la apertura económica iniciada por Deng Xiao Ping en 1979. El dirigente vietnamita, con un brillo en los ojos, le contestó “en ese momento habrá llegado nuestra oportunidad”. Vale recordar que a partir de 1986 los comunistas vietnamitas ensayaron también su propia estrategia aperturista y promovieron la inversión extranjera, en primer lugar originaria de Japón y Corea del Sur y luego también de EEUU, cerrando las heridas abiertas por los años guerra entre ambos países. Cuando comenzó la nueva oleada de inversiones provenientes de China, una rápida expansión industrial convirtió a Vietnam en el primer exportador a EEUU de los países de la Asociación Económica del Sudeste Asiático (Asean). Con una población de 100 millones de habitantes y un índice de natalidad relativamente elevado, las perspectivas de mediano y largo plazo de Vietnam lucen promisorias. PwC, una de las consultoras internacionales de mayor prestigio en la comunidad financiera, sostiene que en las próximas tres décadas Vietnam crecerá a un ritmo del 5% anual acumulativo, lo que en 2050 lo llevará a ocupar el vigésimo segundo puesto de la economía mundial.

Efecto dominó

En menor escala, por el tamaño más reducido de sus economías, Laos, Camboya y Myanmar siguieron un derrotero semejante al vietnamita. Chris Rowley, un experto británico de la Universidad de Oxford, explica que “tres de estos países pasaron de sistemas socialistas y planificados a economías de libre mercado: Vietnam, Laos y Camboya. En tanto, Myanmar terminó en 2011 con una dictadura militar de 50 años y empezó una senda de liberalismo económico”. Pero este proceso de reacomodamiento recién empieza. Todos los pronósticos indican que no sólo las multinacionales occidentales sino las propias grandes empresas chinas incrementarán sus inversiones en estos cuatro países. Ese desplazamiento responde a una estricta lógica de mercado. Esas compañías también necesitan maximizar sus ganancias y sortear el obstáculo de los crecientes costos laborales chinos.

Paradoja histórica: las empresas chinas empiezan desarrollar en este cuarteto asiático emergente una estrategia similar a la que hasta no hace mucho tiempo emplearon las corporaciones norteamericanas en China.

Por Pascual Albanese.   Este giro tiene un enorme significado económico mundial. China compite hoy con EEUU como primera fuente de inversión extranjera directa. En 2016, las inversiones chinas en el exterior treparon a 226.000 millones de dólares. Las empresas industriales chinas comienzan a utilizar a países con menores costos laborales como fuentes de aprovisionamiento de insumos para los productos de alta tecnología que empiezan a fabricar en su propio territorio. Esa estrategia trasciende las fronteras del sudeste asiático y se expande en otras direcciones, en primer lugar hacia el continente africano, erigido en los últimos años en un nuevo centro mundial de la industria textil. La irrupción de estos “nuevos tigres” representa la cuarta ola de un proceso iniciado en la segunda posguerra por Japón, que fue el primer país asiático que protagonizó un gigantesco salto que le permitió en sólo tres décadas pasar de ser un país destruido a convertirse en la segunda potencia económica mundial. La segunda generación fue la de los “pequeños tigres” (Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong), que en la década del 60 comenzaron un proceso de modernización económica y de industrialización acelerada que los llevó a pasar del subdesarrollo al desarrollo económico en un lapso de treinta años. La tercera fase fue protagonizada a partir de la década del 80 por los “grandes tigres”, encabezados por China, acompañada por Malasia e Indonesia, que siguieron el ejemplo de aquellos “pequeños tigres” pero con la diferencia que surge de su mayor tamaño, una población inmensamente más numerosa y un impacto mucho más profundo en la estructura de la economía mundial. En todos los casos, existe un común denominador: una primera ola, centrada en la expansión de las industrias intensivas en mano de obra, que aprovechaban los bajos costos laborales, seguida de una segunda etapa, caracterizada por un progresivo aumento de los niveles salariales y un correlativo avance hacia la producción de bienes industriales más sofisticados, acompañada por el traslado de esas antiguas industrias hacia los países asiáticos emergentes de la siguiente generación. Así sucedió primero entre Japón y los “pequeños tigres”, luego entre los “pequeños tigres” y China y ahora entre China y este cuarteto de “nuevos tigres” liderados por Vietnam. El desarrollo de esta cadena asiática de la prosperidad permite entender quiénes han sido los grandes ganadores del proceso de globalización de la economía mundial.Por Pascual Albanese.

Dejar una respuesta

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>