Corea, un tigre de papel con dientes atómicos

COREA DEL NORTE

 

Por Pascual Albanese.   Nunca durante las cuatro largas décadas de la guerra fría el mundo estuvo tan cerca de una tercera guerra mundial como en 1950, cuando las tropas de Corea del Norte atacaron sorpresivamente Corea del Sur y llegaron a ocupar Seúl. Aquella invasión originó una reacción norteamericana que implicó el estallido de una guerra que hubiera involucrado a EEUU, la Unión Soviética y China. El conflicto se prolongó durante tres años y finalizó con un cese de hostilidades en 1953, sin que jamás se firmara una paz definitiva. Desde entonces, la frontera entre Corea del Norte y del Sur, en el paralelo 38, a sólo 57 kilómetros de Seúl, es la zona más militarizada del planeta. Hoy, a 64 años de ese precario armisticio, la historia amenaza repetirse, con un agravante: a diferencia de 1950, Corea del Norte ahora es una potencia atómica. El régimen comunista coreano es el único en el mundo que no cedió a los vientos de la globalización. Mientras China, Vietnam y hasta Cuba abrieron gradualmente sus economías, Corea del Norte es el último estandarte de la vieja ortodoxia comunista. Tiene otra singularidad: es también la única “monarquía comunista”: su actual presidente, Kim Jong-un, es hijo de Kim Jong-il (muerto en 2011) y nieto de Kim Il-sung, quien gobernó desde 1948 hasta 1994, fue cofundador del Partido Comunista y teórico del llamado “socialismo juche”, que intenta sintetizar las recetas de Marx con el nacionalismo coreano y la tradición oriental, cuyo eje es la búsqueda de la autosuficiencia nacional en todos los órdenes.

Las dos Corea, tan distintas

En 1953, al finalizar la guerra, ambas Coreas eran económicamente parejas, o sea igualmente pobres. Sesenta y cuatro años después las disparidades son escalofriantes. Con 50 millones de habitantes, Corea del Sur tiene un ingreso por habitante de más de 30.000 dólares, equivalente al de muchos países desarrollados. Corea del Norte, con 25 millones de habitantes, tiene un ingreso aproximado de 1.800 dólares anuales per cápita, parecido al de países africanos como Senegal. En ese rubro, Corea del Sur ocupa el 44§ lugar en el mundo, mientras que Corea del Norte figura en el puesto 132. Esas diferencias se expresan en todos los indicadores sociales. Corea del Sur tiene un consumo de 3.100 calorías por habitante, Corea del Norte 1.900 calorías. Los surcoreanos tienen una expectativa de vida de 79,2 años las mujeres y 71,8 años los hombres, mientras que en Corea del Norte las mujeres tienen una expectativa de vida de 66 años y los hombres de 60,5. En Corea del Sur la mortalidad infantil es de cinco niños cada mil por año, en Corea del Norte nueve veces mayor: 45 niños cada mil. En términos estructurales, Corea del Norte es un caso paradigmático de atraso económico y social. Corea del Sur, junto a Singapur, Taiwán y Hong Kong, es uno de los cuatro famosos “pequeños tigres asiáticos” que en la década del 70 constituyeron la primera oleada de lo que después se llamó el mundo emergente, ya que salieron aceleradamente del subdesarrollo y se integraron exitosamente en la dinámica de la economía mundial. Pero militarmente la relación de fuerzas es a la inversa: Corea del Norte tiene un ejército de cuatro millones de soldados (el cuarto en el mundo en cantidad de efectivos) y, aunque sea precariamente, logró su objetivo estratégico de erigirse en una potencia nuclear. Corea del Sur sólo puede sobrevivir gracias al paraguas militar estadounidense.

El dilema estratégico chino

Para Washington, la evolución del programa nuclear de Corea del Norte se ha convertido en una amenaza de seguridad. Robert Litwak, director de Estudios de Seguridad del Centro Académico Woodrow Wilson, citado por The New York Times, señala que “Corea del Norte se encuentra al borde de un punto de inflexión estratégica, cuantitativamente (elevando el número de sus cabezas nucleares) y cualitativamente (a través del perfeccionamiento de la miniaturización de esas cabezas y de los misiles balísticos de largo alcance), que amenaza directamente suelo estadounidense”.

Más allá de las obvias consideraciones de política doméstica, Donald Trump resolvió encarar este desafío mostrando en la península coreana los músculos militares recientemente exhibidos con el bombardeo en Siria y el lanzamiento de “la madre de todas las bombas” en Afganistán. El publicitado envío de un poderoso portaaviones norteamericano generó un clima de suspenso internacional que algunos asocian con la “crisis de los misiles” de 1963, cuando la instalación de proyectiles atómicos soviéticos en Cuba, colocó a EEUU en un estado de vulnerabilidad estratégica que obligó al presidente John Kennedy a lanzar un ultimátum militar a Moscú para que retirase esa amenaza localizada a cien millas de su territorio. No casualmente esta escalada político – militar coincidió con la reunión entre Trump y su colega chino, Xi Jinping. La Casa Blanca subrayó que no descarta ninguna alternativa. El abanico incluye desde la eliminación física del líder norcoreano hasta la opción militar. Sin embargo, EEUU preferiría que China asuma la responsabilidad de contener a King Jong-un. Pero Beijing tiene sus propias preocupaciones de seguridad. Teme que un derrumbe del régimen de Pyongyang promueva la reunificación de la península coreana, en un proceso similar al ocurrido en Alemania tras la caída del muro de Berlín, y que el surgimiento de esa Corea unida signifique para China admitir en su frontera a un estado que alberga a bases militares norteamericanas. Obviamente, Beijing aspira a que en algún momento no demasiado lejano Corea del Norte siga el “modelo chino”.

En Corea del Norte, el capitalismo tendrá que edificarse desde afuera hacia dentro, sea a través de la reunificación nacional o de su conversión lisa y llana en un protectorado chino. Ninguna de estas opciones es compatible con la continuidad de la dinastía gobernante. El problema es quién le pone el cascabel al gato. La historia le atribuye a Mao Tse Tung una caracterización sobre Estados Unidos: “es un tigre de papel, pero con dientes atómicos”. Algo similar le habrá advertido Xi Jinping a Trump sobre Corea del Norte.

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