De Benoist: La elección francesa y la implosión de la V República

Emmanuel Macron, head of the political movement En Marche !, or Onwards !, and candidate for the 2017 presidential election, attends a campaign rally in Albi

Concluida la segunda vuelta de las elecciones legislativas francesas, que según la prensa comercial representan un triunfo arrollador del presidente Emmanuel Macron y su partido En Marcha, resulta interesante la lectura de este análisis político del pensador francés Alain De Benoist. Aunque referido a las presidenciales de mayo, el análisis de De Benoist observa costados reveladores, que las insustancialidades de la gran prensa suelen ignorar (como han barrido bajo la alfombra el dato de que la verdadera triunfadora en las legislativas fue la abstención, que rozó el 50 por ciento. Aquí las respuestas de De Benoist al interrogatorio del sitio web Breizh-info.com.  

-¿Qué lecciones ha aprendido de la primera vuelta de las elecciones presidenciales? ¿En qué difiere de todas las que la precedieron?

-  El hecho capital de estas elecciones, lo que les confiere un carácter histórico real, no es ni el fenómeno Macron ni la presencia de Marine Le Pen en la segunda vuelta. Es la derrota total de los dos antiguos grandes partidos de gobierno, el PS y Les Républicains. Lo había presagiado aquí mismo en febrero, en un momento en el que nadie parecía advertir que: por primera vez desde que el jefe de Estado es elegido por el voto popular, ninguno de los dos partidos que desde hace casi medio siglo han gobernado Francia alternativamente estará en la segunda ronda.

En el pasado, estos dos partidos nunca habían representado entre ellos menos del 45% de los votos (57% en 2007, 55,8% en 2012). Hoy en día, juntos sólo representan una cuarta parte (19% Fillon, Hamon 6%), menos que Sarkozy en 2007 u Hollande en 2012. Ambos se encuentran en un estado de ruina y al borde de la implosión. Su descomposición marca el final de la V República como la hemos conocido. Ellos son los grandes perdedores de las elecciones.

Este trueno sin precedentes no debe sorprender sin embargo, ya que es perfectamente coherente con el esquema populista. En todos los países donde el populismo gana puntos, son los partidos que representan a la antigua clase dominante los que más sufren. Esto lo vimos en Grecia, España, Austria y en otros lugares. Ahora es la hora de Francia. Y esto es probablemente sólo el comienzo, ya que sin duda vamos a dirigirnos ahora a un período de inestabilidad, de crisis institucional y de gran confusión.

-Es este el fin del sistema tradicional izquierda-derecha que conocemos desde hace décadas?

- Los antiguos partidos de gobierno eran también los que usaban la tradicional división izquierda-derecha. El cursor se desplazaba entonces sobre un plano horizontal, lo que cansó a los votantes que por añadidura no acaban de ver bien lo que distingue a la izquierda de la derecha. Macron y Le Pen tienen en común el surfear sobre este cansancio vis-à-vis del “sistema”. Repito aquí lo que ya he escrito muchas veces: el viejo eje horizontal correspondiente a la división izquierda-derecha ha sido sustituido en lo sucesivo por un eje vertical que opone a los de arriba con los de abajo. El pueblo contra las élites, la gente contra los poderosos.

Podemos, por supuesto, querer preservar a toda costa el par derecha-izquierda, pero entonces hay que constatar que las clases populares están cada vez más hacia la derecha, mientras que la burguesía está cada vez más a la izquierda, lo que ya constituye una revolución .

-Los resultados también parecen confirmar la fractura entre las ciudades y la “Francia periférica”, pero también entre la Francia que cuenta con menor número de inmigrantes, que vota a Macron, y la que cuenta con más, que vota a Le Pen. ¿Qué piensa de ello?

- Creo en efecto que la división Macron-Le Pen cubre en gran medida la oposición entre la “Francia periférica”, la de las clases populares humilladas, dejadas de lado, que se sienten con razón víctimas de una exclusión a la vez política, social y cultural, y la de las metrópolis urbanizadas donde viven los altos ejecutivos y los “bobos” [burgueses bohemios], las clases poseedoras y la burguesía intelectual integrada, que se benefician de la mundialización y aspiran siempre a más “apertura” . De un lado, la Francia que se gana bien la vida, del otro, la que sufre y la que se inquieta.

Pero esta oposición espacial, particularmente bien explorada por Christophe Guilluy, tiene también (y sobre todo) el sentido de una oposición de clase. Comparto esta opinión, no sólo de Guilluy, sino también de Mathieu Slama, según el cual “la lucha de clases resurge políticamente gracias a un duelo de segunda ronda que opone al liberal Emmanuel Macron y a la soberanista Marine Le Pen“.

“Detrás de esta lucha de clases, añade Slama, se esconde un enfrentamiento entre dos visiones del mundo: la visión liberal y universalista que no cree ni en el Estado ni en la nación, y la visión que ahora llamamos populista o incluso soberanista, que quiere restaurar el Estado, las fronteras y el sentido de comunidad, frente a los estragos de la mundialización“.

El error simétrico de la derecha y de la izquierda clásicas siempre ha sido creer que la política podía extraerse de las cuestiones de clase – la derecha por alergia al socialismo y al marxismo, la izquierda porque cree que la clase obrera ha desaparecido y que el pueblo ya no interesa.

- ¿Qué representa Macron?

- La morfo-psicología ya nos dice que Emmanuel Macron es una pequeña cosa temperamental, manipulable e incapaz de decisión. Dicen que es un algoritmo, una imagen de síntesis, un multimillonario de las telecomunicaciones, un flautista programado para engañar a quienes no ven más allá de la punta de la nariz. Es el candidato de la casta, el candidato de los dominantes y de los poderosos. Es un liberal-libertario que concibe Francia como una “star up” y sueña solo con la abolición de las fronteras y de los límites, de las historias y las filiaciones. Es el hombre de la mundialización, el hombre de los flujos migratorios, el hombre de la precariedad universal. El jefe de filas de los “progresistas”, en contraposición a los que ya no creen en el progreso porque han constatado que éste ya no mejora, sino más bien al contrario, se ensombrece cotidianamente.

En el pasado, los círculos de negocios apoyaban al candidato que estimaban como el más apto para defender sus intereses (Alain Juppé a principios de la campaña). Esta vez, encontraron más fácil presentar uno ellos mismos.

- ¿Fracaso de Jean-Luc Mélenchon?

- ¡Fracaso muy relativo! Orador incomparable, tribuno verdaderamente vivido, Jean-Luc Mélenchon es el que, en la forma y en el fondo, hizo la mejor campaña electoral. En el espacio de algunas semanas, remontó más que ningún otro candidato en los sondeos, aplastando de paso al pitufo del PS, alcanzando prácticamente el nivel de Fillon y duplicando su resultado en relación con 2012.

Más importante aún, estas elecciones presidenciales le dieron la oportunidad de encarnar un populismo de izquierda que antes de él sólo existía en forma de bosquejo. Usted posiblemente habrá observado que comenzó a subir en los sondeos desde el momento en que no habló más de la “izquierda” en su discurso, sino sólo del “pueblo”. Es un detalle revelador. Añádase a esto que, a diferencia de Hamon o Duflot, tuvo el coraje de no llamar a votar por Macron.

-¿Le sorprende la débil movilización en las calles contra Marine Le Pen, a diferencia de lo que vimos en el 2002?

-: No me sorprende en absoluto. Las elecciones de 2002 no tienen relación con las que acabamos de vivir. Hemos cambiado época.

-¿Una observación final?

-Si un guionista hubiera escrito de antemano la historia de esta campaña electoral tal y como efectivamente se celebró, ningún realizador hubiera encontrado creíble su escenario. Ella desbarató en efecto todos los pronósticos. François Hollande ha soñado durante años solicitar un segundo mandato, pero finalmente tuvo que renunciar a él. Lo dábamos por un fino maniobrero, pero perdió el control de su propio partido. La derecha consideraba que esta elección era “imperdible”, y sin embargo la perdió. Las primarias se supone que deberían reforzar el poder de los partidos y consagrar a los mejor colocados para ganar (Sarkozy o Juppé, Valls o Montebourg), definitivamente los debilitaron y seleccionaron sólo a “outsiders“ que no brillaron.

En cuanto al fenómeno Macron, nadie lo imaginaba posible hasta hace un año. Esto demuestra que en política nada está fijado nunca con antelación. La historia está siempre abierta.

 

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