La militarización de la economía cubana

CUBA-LA HABANA-REVISTA MILITAR Y DESFILE POPULAR

Por Pascual Albanese. En su denodado afán por revisar la política de deshielo con el régimen de Raúl Castro impulsada por Barack Obama, Donald Trump puso el ojo en una faceta poco conocida del régimen cubano: la relevancia adquirida por el complejo empresario manejado por las Fuerzas Armadas, erigido en la columna vertebral de la economía de la isla del Caribe.

Desde el emblemático vecindario de la Pequeña Habana, en Miami, capital de la comunidad cubana en el exilio, Trump manifestó que “se restringirá muy robustamente el flujo de dólares estadounidenses a los servicios militares, de seguridad y de inteligencia”. Tras esa declaración, la Casa Blanca prohibió a las firmas estadounidenses hacer negocios con las compañías controladas por los militares cubanos.

Los negocios

No se trata de una decisión meramente simbólica. El Grupo de Administración Empresarial SA (Gaesa), adscripto al Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Minfar), tiene ramificaciones en los principales sectores de la economía cubana, desde el sector hotelero hasta los supermercados minoristas y los puertos.

La acelerada expansión de este consorcio empresario ratifica la hipótesis de que con la asunción de Raúl Castro comenzó en Cuba una traslación de poder en detrimento del Partido Comunista y a favor de las Fuerzas Armadas. El titular de Gaesa es el general Luis Alberto Rodríguez López Calleja, miembro del Comité Central del Partido Comunista, exyerno de Raúl Castro e íntimo amigo de la infancia del coronel Alejandro Castro Espín, hijo del primer mandatario y actual jefe de la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional.

Un informe de la Oficina Económica de la embajada de España en La Habana consigna que el consorcio controla, entre otras empresas, Gaviota (el grupo más importante del sector turístico), Tecnotex y Tecnoimport (exportación e importación), TRD Caribe (supermercados minoristas de venta en divisas), Tiendas Panamericanas (comercios minoristas), Servi-Cupet (estaciones de servicio), El Rápido (red de cafeterías), Unión de Construcciones Militares, Inmobiliaria Almest, Almacenes Universales (servicios portuarios, aduaneros, transporte y ventas por mayor), MelfieMarine (naviera) y Zdimsa (responsable de la Zona de Desarrollo Integral Mariel, un puerto franco situado a 45 kilómetros de La Habana y construido con inversiones de la brasileña Odebrecht.

El turismo

Por la importancia que tiene en Cuba la industria turística (principal fuente de divisas de la isla), Gaviota es la nave insignia de Gaesa. Es propietaria de 83 hoteles de cuatro y cinco estrellas, que suman unas 29.000 habitaciones. La mayoría son operados por catorce cadenas internacionales con las que la empresa tiene contratos de administración y comercialización.

Uno de estos hoteles, el Four Point de La Habana, es gestionado por la cadena Starwood, que fue adquirida por el grupo estadounidense Marriot en marzo de 2016, el mes en que Obama pisó suelo cubano, en una visita histórica que disparó una invasión de turistas norteamericanos en Cuba.

Pero Gaviota detenta también un virtual monopolio de los servicios turísticos. Es dueña de la agencia de viajes Gaviota Tours, la agencia de alquiler de autos Transgaviota, la empresa de insumos y servicios hoteleros AT Comercial SA y las Marina Gaviota Cuba. En total, este complejo turístico factura anualmente unos 700 millones de dólares.

Secretismo de Estado

Las operaciones de Gaesa están envueltas en un halo de misterio. Pedro Freyre, abogado del Consejo de Negocios Cuba – Estados Unidos de la Cámara de Comercio norteamericana, afirma: “siempre he pensado en la economía y en el gobierno de Cuba como en una cebolla o como una de esas muñecas rusas que contienen otras más pequeñas adentro. Yo nunca he visto la última matrioshka. He visto tres o cuatro y creo que lo mismo pasa con una institución como Gaesa”.

Freyre resume su dilatada experiencia con sus interlocutores de Gaesa: “sé que ellos manejan una amplia gama de negocios, tienen reputación de ser gerentes eficientes y efectivos y hay miembros de la familia Castro que están muy bien ubicados dentro de la organización, pero no sé qué ocurre dentro de la matrioshka”.

Para el común de los cubanos, el nombre de Gaesa es absolutamente desconocido. El sitio Foresihgt Cuba, especializado en análisis estadísticos sobre la isla, enfatiza ese secretismo: “ninguna de estas empresas presentan ningún tipo de información sobre sus ingresos, ganancias, impuestos pagados, ni hace concurso público para ninguno de sus cargos”.

Ese hermetismo impide estimar con exactitud la verdadera incidencia de este emporio militar en la economía cubana. La estadounidense Bloomberg sostiene que Gaesa “controla al menos 57 compañías y sus ramificaciones y entre el 50% y el 70% de la recaudación empresarial en Cuba”.

Otras estimaciones son bastante más modestas. Emilio Morales, director de Havana Consulting Group, afirma: “unos dicen que representan el 70% de la economía. Creo que no es cierto. Lo que pasa es que ellos controlan sectores muy visibles y ahí es cuando la gente se confunde”. Según Morales, Gaesa constituye entre el 30% y el 40% de la economía cubana.

En los directorios de las empresas del “holding” es visible la presencia militar. El general Luis Pérez Róspide, ex director de la industria militar, preside el Grupo Gaviota y el coronel Héctor Ortoza dirige las empresas de exportación e importación, donde actúa como asesor el general Fabián Escalante, antiguo jefe de los servicios militares de inteligencia.

La opacidad de las empresas de Gaesa impide conocer sus negocios en el extranjero, pero Omar Everleny Pérez Villanueva, un economista expulsado de la Universidad de La Habana, identifica cerca de un centenar de sociedades constituidas en el exterior.

En los paraísos

En su origen, esas firmas, con domicilio en paraísos fiscales del Caribe, respondieron a la necesidad de eludir el bloqueo estadounidense. Hoy, son sospechadas de encubrir los negocios de la elite militar, erigida en una embrionaria burguesía que espera la hora propicia para emerger, como sucedió en Rusia con la burocracia del Partido Comunista tras el colapso de la Unión Soviética.

La decisión de Trump, no casualmente anunciada en la Pequeña Habana de Miami, pretende frenar el posible ascenso de esta nueva burguesía de extracción militar, que en una futura era postcastrista (Rául tiene 86 años) disputaría el poder económico con la comunidad cubana en el exilio, cuya capacidad de inversión puede ser la clave de la reconstrucción de la economía de la isla, que sufre hoy las consecuencias de la debacle de Venezuela.

 

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