Macri, la diáspora peronista y Xi Jinping

macri Xi J

 

Por Jorge Raventos.   La cuarta semana de octubre de 2017 se caracterizó por una formidable aceleración política. En ese breve período ocurrieron hechos que probablemente determinarán el escenario de los próximos años.

En primer lugar, las verificaciones científicas practicadas sobre el cuerpo encontrado unos días antes en el Río Chubut no sólo confirmaron que el muerto era Santiago Maldonado sino que permitieron anticipar que el joven no había sido víctima de  una agresión externa y descartar así  la teoría de la “desaparición forzada”,  interesadamente difundida por algunas organizaciones de derechos humanos, por sectores kirchneristas y  por los grupos extremos de la llamada “resistencia mapuche” con la intención de desacreditar al gobierno  nacional y a la gendarmería.

Que estas  primeras conclusiones basadas en hechos comprobados  trascendieran en vísperas y sobre  la jornada electoral del domingo contribuyó a  frenar una incipiente pérdida de votos  del oficialismo (que algunos estudios  estimaron en cinco puntos en la Capital Federal  y atribuyeron  sobre todo a  declaraciones inapropiadas de Elisa Carrió). Ese goteo adverso nunca llegó, de todos modos, a equipararse con la  verdadera ola  de respaldo a la coalición oficialista que se extendió nacionalmente.

El  gobierno no sólo derrotó netamente a la Unidad Ciudadana de Cristina Kirchner en la vital provincia de Buenos Aires, sino que incrementó sus votos en  el distrito y particularmente en el conurbano .

Pero, además,  esa significativa victoria vino acompañada  por otros logros destacables: Cambiemos ganó  en el núcleo productivo más importante del país  (Capital y las provincias de Buenos Aires, Santa Fé, Córdoba, Mendoza y Entre Ríos), derrotó al kirchnerismo  en su patria chica de Santa Cruz y conquistó  bastiones justicialistas como La Rioja o Chaco. Ganó en  El Tigre de Massa y en la Salta de Urtibey. Al  neutralizar a Massa, Urtubey y al cordobés Juan Schiaretti, Mauricio Macri  deja al peronismo  poskirchnerista  sin  figuras alrededor de las cuales ensayar  un rápido reagrupamiento.

Otro hecho  importante de la vertiginosa semana: el Congreso quitó los fueros al ex ministro Julio De Vido y la Justicia lo  alojó en  la cárcel de Ezeiza, en lo que muchos  consideran  el primer paso de  una ofensiva judicial  que  conduce ineludiblemente ala señora de Kirchner.

Ante  un  peronismo   fragmentado,  necesitado  de una renovación que vaya más allá de  chapa y pintura  y aún lastrado por la  fastidiosa contaminación K, Mauricio Macri parece tener  despejado  el camino hacia  un intento reeleccionista de aquí a dos  años.  En todo caso, sus  principales riesgos  no surgen de  afuera. Debe observar  las tensiones  intestinas, la presión de  los sectores más apresurados  (el antigradualismo,  el purismo beligerante),  la  tentación de la soberbia y  el  aislamiento decisionista.

El  Presidente no desconoce que su poder se ha ampliado aunque tampoco ignora que  no cuenta, sin embargo, con  plena libertad de movimientos.  El nuevo sistema político argentino, que  empezó a manifestarse con la derrota del kirchnerismo  en 2015 y que ahora  se perfila con un  mayor predominio presidencial, podría inspirarse  en las reflexiones que  esta semana  emergieron como  uno de los mensajes  del  último congreso  del partido comunista chino, donde se  consagró  la figura del presidente Xi Jinping.

El comunismo de la República Popular ha redefinido en esta etapa lo que, aplicando un concepto de Mao, llama la “contradicción fundamental”  que afronta la sociedad china:  esta es, de acuerdo a Xi Jinping,  “la que hay entre el desarrollo desequilibrido e insuficiente y las demandas crecientes del pueblo de una mejor vida”. No se trata de una generalidad: por el contrario, la frase toma en cuenta  los cambios que se han producido en el gran país, donde hoy  las “insuficiencias” no son las de tiempos de Mao, sino las de una sociedad que ha crecido hasta transformarse en segunda potencia mundial. “Las demandas del pueblo de una vida mejor que satisfacer son ahora notablemente más amplias-describe el  líder chino-. Han aumentado no solo las necesidades materiales y culturales, sino también las demandas de democracia, imperio de la ley, equidad y justicia, de seguridad y de un mejor medio ambiente”. 

La política argentina debería  observar, analizar  la expansión de las demandas sociales en el país,  aquellas que son consecuencia de los  cambios  de época y de transformaciones ya ocurridas  tanto como aquellas  que surgen de la ausencia de  reformas y de la ausencia de Estado. Y cambiar métodos, procedimientos y programas. 

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