Boudou, el Papa, la inflación y la cola del león

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Por Jorge Raventos.   La segunda semana de 2018 presenta signos ambiguos para el oficialismo. De un lado, las encuestas (propias y ajenas) confirman que, si su ofensiva parlamentaria de diciembre  le había facilitado la pírrica victoria del nuevo cálculo de actualización previsional, también  determinó  una caída  (entre 8 y 10 puntos, según quien mida) de la imagen del Presidente y del gobierno.

Desde  su descanso patagónico, Mauricio Macri  no pareció inmutarse  por esa pérdida: lo consuela acaso la evidencia de que  ninguna figura ni fuerza política está hoy en condiciones de aprovechar su retroceso.  Por ahora, como  advierte el viejo refrán, le alcanza con un ojo para reinar en tierra de ciegos y está dispuesto a usar esa ventaja relativa para avanzar sobre  aquellos  territorios  que estima ocupados  por fuerzas contrarias, inclusive  en momentos en que no tiene demasiados  logros para exhibir.

La inflación y  la cola del león

 Los números de la inflación (uno de sus blancos principales) se muestran esquivos: el INDEC  registró más de 3 puntos en diciembre y los analistas ya advierten que habrá un  arrastre significativo sobre  los guarismos de enero y febrero;  el objetivo inflacionario  que el Banco Central fijó para 2017  quedó largamente desbordado y el de este año, pese a que  el último día de los Inocentes  el Poder Ejecutivo  lo rectificó para darle más “realismo” y lo llevó de 10 a 15 puntos, ya empieza a sonar quimérico  antes de que concluya enero.

Los 15 puntos de horizonte inflacionario  enarbolados  en diciembre  por el Jefe de Gabinete, los ministros de Hacienda y de Finanzas y el banquero central  pretenden, en rigor,  ser un tope para los aumentos salariales que se discutirán en las próximas paritarias.  Por si  los sindicatos no  captan el mensaje,  ha comenzado  a  caer  sobre el sector gremial una lluvia ácida. Que parezca un accidente.

Los sectores más orgánicos  y estructurados  del movimiento sindical  no se mosquean por el hecho de que  figuras marginales como  los platenses Medina y  Balcedo, el bahiense  Monteros  o el  marítimo  “Caballo” Suarez, un favorito  de la última presidencia de CFK, caigan ante investigaciones  de la Justicia por corrupción o extorsiones. Sí se inquietan cuando  observan  que  figuras  del gobierno  y un sector de la prensa  particularmente  receptivo  de  las conceptualizaciones  oficialistas  extienden  los cuestionamientos  y hablan  de “mafias sindicales”  en general, como si  apuntaran a  una blietzkrieg  sobre todo el sector. “La verdad  es siempre concreta, tiene nombres y apellidos.  Cuando  procesan a  algún empresario,  esas  mismas  voces  no hablan de mafias empresariales. Y mucho menos en casos en que no  hay  procesamientos, sino  apenas denuncias o investigaciones en marcha”, observa  un hombre de  la CGT.

A esa impresión se refirió Luis Barrionuevo cuando advirtió que no era  sensato “pisarle la cola al león”.  El león sindical  –así se encuentre hoy  debilitado o  haya perdido parte de la melena y la dentadura-  no deja de ser un factor de gobernabilidad (o ingobernabilidad).  Sugerir, con el ejemplo de algunas manzanas podridas, que ese factor es un reino de mafiosos puede ser un buen recurso de entretenimiento si el gobierno tiene que desviarse de promesas y objetivos, pero no parece la forma de con solidar un poder nacional sustentable.  El gobierno  (y las empresas) necesita  interlocutores orgánicos, no  un paisaje indiscernible e inmanejable.

El ministro de Trabajo, Jorge Triaca, puente principal del  gobierno con los sindicatos,  se empeñó en  disipar la susceptibilidad  de los dirigentes, negó  que  el Ejecutivo aliente “una caza de brujas”  y, a diferencia de aquellas voces  que  quisieran  una ofensiva  en toda la línea sobre el  sector, desdramatizó  la advertencia  de Barrionuevo, calificándola amablemente de “desafortunada”. Se encargó, además, de aclarar que “la mayoría de los dirigentes cumplen su función gremial dentro del marco de la ley”.  Y, aunque hay “algunos  con actitudes mafiosas, no toda la dirigencia sindical es igual. Hay una mayoría de sindicalistas de diferentes sectores políticos que hacen las cosas con transparencia”,

Una doctrina peligrosa

Otro campo de ambigüedades para el oficialismo lo proporcionó la Justicia que,  en un paso de contradanza,  decidió  corregir la prisión preventiva de  Amado Boudou y su  coequiper, José Núñez Carmona y les devolvió la libertad.  Para  las miradas  simplificadoras y maniqueas,  la decisión judicial  luce como un triunfo del cristinismo, empeñado en  caracterizar todas las investigaciones  que afectan a  ex jerarcas  de ese período como meras “maniobras políticas”.

En rigor, la  liberación del ex vicepresidente no lo exculpa a éste de nada: los procesos siguen  su marcha y que  pueda esperarlos  fuera de la cárcel no implica ningún veredicto anticipado.  Lo significativo de  esta decisión judicial es  que  pone en discusión  la llamada  “doctrina Irurzun”,  un criterio  demasiado dilatado para aplicar las prisiones preventivas que había sido  celebrado, cuando se  puso en práctica, por  un sector  de la “opinión  publicada”.

Esta columna  señaló en aquellos momentos  (noviembre del año último) algunos reparos al subrayar “peligros ocultos en la  extemporánea ofensiva  de los jueces sobre funcionarios del gobierno que pasó”. Por ejemplo :  “que el repentino ímpetu judicial  sea  considerado una manifestación de descontrol e imprevisibilidad (figuras que a veces  son definidas como inseguridad jurídica)  y que eso redunde en un obstáculo adicional  a la captación de inversiones. Además, existe el riesgo de que  los procedimientos que hoy se emplean sobre personajes como Boudou o De Vido, basados en una extensión de los criterios preventivos asentada en un reciente fallo redactado por el juez  Martín Irurzun, puedan eventualmente ser aplicados a funcionarios actuales o a amigos del poder. El ruido judicial, que hoy tiene su utilidad para el oficialismo en algunos aspectos, puede en otras circunstancias  ser contraproducente”.   

En definitiva,  la propia Justicia contiene y rectifica ahora  los criterios  de aplicación de aquella doctrina y empieza a exigir que  las prisiones preventivas  estén legalmente fundamentadas en función de motivaciones específicas y  no  meramente  en evocaciones genéricas del fallo Irurzun.   El caso Boudou  sirvió para hacer esa corrección, porque  su prisión preventiva no estaba  razonable y específicamente fundada. 

El Papa contra “el descarte”

Mañana, lunes 15, el Papa Francisco habrá llegado a Chile, en una visita al continente sudamericano que no continuará en la Argentina, sino en Perú. Pese a que algunos de los obstáculos que dificultaban el viaje del Pontífice a su patria se han ido allanando (por caso, ahora hay una conducción de la Iglesia argentina más comprensiva de su mensaje) el país no ha sido incluido aún en su en su agenda de este año. Hay quienes imaginan que, al sobrevolar  el territorio  nacional en su  trayecto a Santiago de Chile, el Pontífice  anunciará un próximo viaje a la Argentina.  Buenos deseos.

Bergoglio llega a Chile después de que allí se registraran atentado con bombas contra varias iglesias acompañados por amenazas de que los próximos artefactos “estallarán bajo su sotana”.  Se atribuye esos hechos a grupos  extremistas que  pretenden representar a  la etnia mapuche, aunque en los panfletos que acompañaron los atentados se lee también un mensaje proabortista,  coherente con el feminismo radical que suele  manifestarse contra  iglesias y templos católicos. El Papa tiene por delante un  verdadero desafío.

No habrá en Chile autoridades argentinas de envergadura, pero los mensajes que Bergoglio emita desde allende la Cordillera sin duda tendrán una audiencia atenta de este lado. El Papa subrayará sus críticas a las políticas “del descarte”, que consolidan un destino de marginalidad y exclusión a quienes no tienen instrumentos para integrarse al sistema económico vigente.

Las bocas inútiles

En ese sentido, la prédica papal evoca el mensaje de una obra teatral de Simone de Beauvoir, Las bocas inútiles, en la que, ante una situación de guerra, el poder argumenta que no puede permitirse invertir ineficientemente recursos alimentando personas que no están en condiciones de contribuir a la defensa.

Con la mirada puesta sobre el eficientismo económico y el ajuste insensible, el cuestionamiento papal al “descarte” no debería entenderse como un rechazo a  reformas que procuren modernizar la producción y elevar la productividad, sino más bien como el trazado de un límite a la transferencia de los  costos de ese proceso a los sectores más vulnerables.

Esto se escuchará en un paisaje argentino marcado por los reclamos de las organizaciones sociales y el horizonte cercano de las discusiones paritarias.

Ojo con los límites

La transgresión de ese límite pone en riesgo, si bien se mira, la concreción misma de aquellos objetivos, porque dispara reacciones sociales que pueden poner en riesgo el equilibrio político y la propia gobernabilidad.

Algo de eso se puso de manifiesto en diciembre durante el debate de la nueva fórmula de cálculo de las actualizaciones previsionales. La reacción frente a un procedimiento precipitado, considerado injusto por una amplia porción  de la sociedad y dispuesto sin consultar a los interesados (en principio, los jubilados) terminó haciéndole el campo orégano a grupos inclinados a la violencia nihilista.

Conviene distinguir esos métodos extremos y minoritarios de la naturaleza de las críticas más extendidas y de la expresión cuestionadora pero no violenta de los sectores sociales que se movilizaron.

No parece un signo de lucidez pretender erigir un muro frente a las críticas con el argumento legalista de que “el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes”. Ese modelo, resabio de una era en que las elites políticas no habían perdido prestigio y podían reclamar con respaldo ese monopolio, hace tiempo que quedó atrás. Este es, por otra parte, un tiempo más complejo, descompuesta en múltiples grupos de interés y de opinión. Un tiempo en el que toda la sociedad (desde los consumidores hasta los gremios, pasando por  el sector  rural  y  los vecindarios) se hacen oir  a través de distintas formas de acción directa.

Movimientos sociales y contrademocracia

Como señala el prestigioso pensador socialdemócrata francés Pierre Rosanvallon, los ciudadanos actuales no se conforman con emitir un voto cada cierto número de años y otorgar así un cheque en blanco a los electos. Tradicionalmente la confianza y la legitimidad eran rasgos esenciales de la democracia. Sin embargo, sostiene el autor francés, ahora impera la desconfianza y  se han ido desarrollando prácticas y contrapoderes sociales “destinados a compensar la erosión de la confianza mediante una organización de la desconfianza”.

Entre esas prácticas, que agrupa bajo el título de “contrademocracia”, Rosanvallon incluye “el conjunto de prácticas de control, de obstrucción y de juicio a través de las cuales la sociedad ejerce formas de presión sobre los gobernantes”

La “contrademocracia”, así, no es lo contrario de la democracia, sino su complemento. La representación democrática es “el  conjunto de los principios y los procedimientos que rigen la participación, la expresión y la representación de los ciudadanos, la legitimación de los poderes así como los mecanismos de responsabilidad y de reactividad que vinculan al gobierno y a la sociedad”.  

La política encuentra un desafío y una oportunidad en estas circunstancias: su poder se enraizará si es capaz no sólo de ganar elecciones, sino de contener y dar proyección  a la pluralidad que surge en espacios de confrontación pública y mejorar la toma de decisiones de modo que el interés común sea superior a las diferencias.

Un sistema político debe tener más dimensiones que la mera articulación de poderes estatales. Debe estar integrado con fuerzas políticas sólidas y vivas. Custodios y productores de ideas y valores.

Las protestas, de su lado,  funcionan como erupciones de demanda, pero hacen falta ideas que filtren y elaboren los reclamos con criterios que los conduzcan más allá del pataleo momentáneo. La política implica proyectar  el mediano y el largo plazo y empezar a construir lo que se verá como obra más adelante.

La estrategia de una sociedad necesita ir más allá de la urgencia.

La política, tiene que actuar en un tejido de procesos, que necesitan persistencia, organización y acuerdos para perfeccionarse.

Sin esa perspectiva, seguirían prevaleciendo la grieta, la crisis y el descarte. Así, se haría más difícil que el Papa nos visite.

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