Cosmos: La tecnología ante el misterio que nos rodea

galaxia
Por Jorge Raventos.* ¿Cuánto sabemos del universo en que vivimos? En rigor, nuestros conocimientos son infinitamente menos extensos que lo que ignoramos, pero también es cierto que hoy sabemos muchísimo más que hace pocas décadas.
La ciencia ficción y los viajes espaciales son los motores principales de nuestra atracción y nuestra curiosidad. La ciencia y la tecnología son los grandes abastecedores de nuevas respuestas y los que abren nuevos horizontes.
Dentro de quince años, si se cumplen los planes de la NASA (Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio de los Estados Unidos), los seres humanos harán pie en el planeta Marte. Como prólogo a esa aventura desde principios de la próxima década cuatro viajes tripulados al llamado espacio cislunar (entre nuestro planeta y su satélite) se utilizarán para transportar componentes y herramientas y, finalmente, construir una base en la que un número no definido aún de personas vivirán por cerca de un año y trabajarán allí para el salto a Marte.
Los vuelos tripulados encienden la imaginación del planeta, evocan un pasado humano de grandes exploraciones y colonizaciones y nos ponen frente a los grandes misterios del cosmos . Pero lo cierto es que la presencia humana ya se experimenta en el espacio en general y en Marte en particular.
Antes de fin de año arribará al planeta rojo la misión InSight de la NASA. Se trata de una misión no tripulada que aterrizará en un área arenosa de Elysium Planitia, una región de volcanes extintos cerca del ecuador de Marte, estudiará el origen y la composición interna de Marte y recogerá datos a través de tres instrumentos: un sismómetro, un dispositivo para medir el movimiento de rotación del planeta Marte y un sensor de flujo de calor. La intención es tener datos precisos del grosor de la corteza, manto y núcleo del planeta, para poder entender cómo se formó hace 4.600 millones de años. También se pretende estudiar mejor la temperatura de Marte, algo crucial para la preparación de viajes tripulados.
La misión InSight durará dos años y continuará y ampliará la tarea desplegada por Curiosity (un rover conducido desde la Tierra), que alcanzó aquel destino en agosto de 2012.
Se considera que la tarea realizada por Curiosity (que no ha concluido) constituye uno de los mayores éxitos de la historia de la exploración del espacio. Los datos recogidos permiten comprender los rasgos de la atmósfera marciana y han ofrecido evidencias claras de que el agua fluyó en Marte así como de la existencia de compuestos orgánicos.
Más allá de Marte y de nuestro mismísimo sistema solar, más que los viajes es la investigación por instrumentos la que ha permitido a los humanos ampliar sus saberes (y sus incógnitas) sobre el cosmos. Hoy podemos mirar al Universo de otro modo y hemos empezado a hacerlo intensamente.
De hecho, en los últimos veinte años ha habido un boom internacional de descubrimientos astronómicos. Fue a partir de 1997, cuando se empezó a entender que el Universo se expande de forma acelerada.
En las dos últimas décadas hubo varios premios Nobel sucesivos en el área de la astronomía, algo muy poco usual. Los principales descubrimientos se deben al avance tecnológico. Este ha permitido el desarrollo de instrumentos (no sólo telescopios ópticos, sino telescopios de radio, de rayos x, de rayos gamma), que nos permiten observar el Universo no sólo en el rango visible, sino en todo el espectro de radio, las ondas gravitacionales, los rayos cósmicos.
De hecho, en Argentina está el instrumento más grande del mundo para detectar rayos cósmicos, en el observatorio Pierre Auger de Malargüe, Mendoza. Es un instrumento a base de tanques de agua que puede medir la dirección de llegada y la energía del rayo cósmico, formado por partículas que son las más energéticas del universo de las que haya conocimiento. Eso informa qué tipos de partículas hay en el espacio que están bombardeando la tierra.Son mucho más energéticas, por ejemplo, que las que se pueden acelerar en el renombrado LHC de la agencia europea. Si uno quiere estudiar física en energías muy muy altas que no se pueden lograr en la tierra en Malargüe tenemos una especie de acelerador natural que produce los experimentos por uno, lo único que hay que hacer es detectar los resultados de esa información.
Argentina participa -sobre todo con materia gris- en el gran boom mundial de la investigación del espacio.
Por supuesto, hay diferencias de recursos. Los de Argentina tienen límites estrechos. La NASA (la agencia espacial de Estados Unidos), eje de la investigación en ese campo, cuenta con un presupuesto de 14.000 millones de dólares (ver entrevista al astrofísico Gustavo Romero).
Pero no todo depende del presupuesto. La agencia estadounidense moviliza el interés de la gente por el espacio a través de programas de “ciencia ciudadana”. Proporciona datos y aplicaciones propias que permiten a cualquiera, independientemente de su educación, colaborar con la investigación científica real. Infinidad de aficionados voluntarios participan en la experiencia y colaboran sea en observación de rutina (que muchas veces revela datos novedosos) sea, incluso, con descubrimientos de valor. Los comunicadores de la agencia mencionan, por caso, la detección de “redes de crestas en Marte, un impacto de meteoritos en Júpiter e incluso sistemas previamente desconocidos de planetas que orbitan alrededor de otras estrellas”, conocidos como exoplanetas.
“Los proyectos de ciencia ciudadana democratizan la ciencia y abren caminos para que participen personas que no se dedican a la ciencia, o que todavía están en la escuela y piensan en estudiar ciencias”, considera Amy Kaminski, ejecutiva de uno de esos programas de la NASA.
La democratización es un ángulo desde el que se puede interpretar esos procedimientos, pero no el único. Es asimismo un impulso a la productividad y la creatividad de la sociedad y una experiencia en gran escala de economía colaborativa que suma recursos científicos a muy bajo costo.
La República Popular China, convertida en segunda potencia mundial, ocupa también ese lugar en la investigación espacial. La NASA china responde a la sigla CNSA (por China’s National Space Administration) y sus planes incluyen expediciones tripuladas a la Luna, el establecimiento de una estación espacial en el curso de los próximos tres años además de misiones no tripuladas de investigación en satélites de Marte y exploración del espacio profundo alrededor del sistema solar.
China ya tiene experiencia en vuelos espaciales tripulados (es la tercera potencia en adquirirlo) y sostiene un vigoroso y eficaz aparato de investigación científica y tecnología específicas, el Centro para la Ciencia Espacial y la Investigación Aplicada (CCEIA, a veces citado por la sigla inglesa CSSAR) que trabaja un amplio campo que va de la ingeniería espacial a las tecnologías de información y los estudios sobre clima.
En rigor, los planes chinos distan de ser convencionales y tanto los éxitos que han alcanzado hasta el momento como los recursos que dedican al objetivo da crédito a sus posibilidades.
Uno de esos planes sería la construcción de satélites que funcionen con energía solar y puedan enviar energía a la Tierra. Una tecnología capaz de este desarrollo, además de sus derivaciones económicas (nuevas fuentes de provisión energética para el desarrollo industrial) tienen inquietantes potencialidades militares.
.La misión lunar prevista para los próximos dos años tiene como objetivo la cara oculta del satélite. La investigación que se proponen los chinos tiene que ver no sólo con lo geológico (muestras del suelo, etc.), sino con las comunicaciones. Esa región lunar, que no ha sido aún explorada desde la Tierra, es, se supone, un entorno no contaminado por señales de radio.
Muchos de los proyectos de exploración espacial se proponen investigar cómo pueden vivir y trabajar robots y humanos fuera de la Tierra. En Occidente se especula con que China quiere ir más allá. Tiene, al parecer, la intención de explorar asteroides lejanos, algo lo que podría ayudar a entender el origen de los planetas y la vida, ya que los asteroides también se formaron durante la creación del sistema solar. Más allá aún, se afirma que China apuesta a encontrar vida inteligente en el espacio exterior. Un gigantesco telescopio instalado (o camuflado) en los bosques de la sureña provincia de Guizhou tendría como misión principal rastrear el universo en busca de señales.
Por curiosidad, por las posibilidades que abren vertiginosamente los avances tecnológicos, por la seducción que ejerce lo desconocido, por afrontar el desafío del conocimiento, por razones económicas o por estrategias de defensa militar, el espacio se abre ante los humanos como nunca antes en la Historia. Si a veces nos echamos atrás ante su magnetismo abismal no es porque tengamos miedo de caer, sino porque tenemos miedo de arrojarnos.

*. Artículo publicado en la revista del ITBA, Instituto Tecnológico de Buenos Aires.

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