Polarización, alternativas y la justicia como problema

 

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Por Jorge Raventos.   En una coincidencia que no puede sino complacer al oficialismo, los medios más influyentes han desplazado de sus pantallas y sus primeras planas las amarguras que suele deparar la economía. ¿Para qué revolver heridas?
En su lugar se multiplican las noticias sobre crímenes y delitos (un escenario en el que el gobierno despliega los estrellatos de Patricia Bullrich y Diego Santilli, empeñada la ministra en autoretratarse como bolsonarista avant la lettre) y, por cierto, sobre la temática de la corrupción, que ocupará a la opinión pública durante buena parte del año electoral, dado el activismo que despliegan ciertos despachos de los Tribunales Federales.

Justicia en debate, grieta y polarización

En el curso de la última semana fue la Justicia la que aportó algunos personajes propios a los titulares de la prensa: dos imputados arrepentidos (el ex contador del matrimonio Kirchner, Víctor Manzanares, y Carolina Pochetti, viuda del ex secretario privado de Néstor Kirchner, Daniel Muñoz) comprometieron a dos magistrados federales en sus declaraciones ante el fiscal Carlos Stornelli y el juez Claudio Bonadio.
Manzanares le confió a Stornelli que el ex juez Norberto Oyarbide asesoró la confección de pericias contables que sirvieron para que su juzgado sobreseyera a los Kirchner en una causa por enriquecimiento ilícito. Los dichos del contable pueden dar fundamento a caracterizar aquella sentencia de Oyarbide como cosa juzgada írrita y, como consecuencia, a revocar el fallo.
La señora Pochetti, por su parte, le aseguró a Bonadio que su difunto esposo compró los favores del juez federal Luis Rodríguez y pagó una altísima cifra en dólares (habló de 10 millones) para que desestimara una causa en su contra. Rodríguez afirmó que esa acusación era falsa.
El viernes 8 se conoció otra denuncia resonante: la divulgó a través de un medio electrónico Horacio Verbitsky, quien dió cuenta de la denuncia penal que el productor agropecuario Pedro Etchebest presentó ante la Justicia (juez Ramos Padilla, tribunales de Dolores) contra el fiscal federal Carlos Stornelli y un equívoco allegado de éste, Marcelo D’Alesio, por intento de extorsión.
El empresario presentó elementos (llamadas telefónicas, filmaciones, grabaciones) destinados a probar que le habían solicitado 500.000 dólares para “hacerlo zafar” en los procedimientos derivados de “los cuadernos de la corrupción” (caso en el que Stornelli protagoniza la investigación). El fiscal acusado sostuvo que se trata de una falsedad, “ una clara operación” en su contra.
El zarandeo de estas informaciones tiende a consolidar las sospechas sobre el sistema judicial que han convertido a este sector en uno de los peor calificados por la opinión pública.
El tironeo contribuye, asimismo, a ratificar la brecha sobre la que trabaja sus estrategias el duopolio de la polarización (oficialismo-kirchnerismo): así, el rincón y los medios afines al mundo K amplificaron al máximo las acusaciones contra Stornelli y mandaron a la cola la información sobre los jueces Rodríguez y Oyarbide; del otro lado, a la inversa, se resaltó el caso Rodríguez (Elisa Carrió reclamó su remoción como magistrado) y se extendieron los detalles sobre la investigación judicial de los cuadernos del chofer Centeno; sobre el tema Stornelli escasearon los detalles de la denuncia del productor rural y de los elementos probatorios que éste aportó; en cambio, se reprodujo con citas textuales la argumentación defensiva del fiscal.
La cinchada polarizadora es una competencia basada en una coincidencia: las dos partes quieren repartirse el escenario sin incómodas terceras partes: Las dos juegan a la polarización y, si se quiere, se necesitan mutuamente y se confirman recíprocamente.

Alternativas e interferencia

El último lunes el peronismo alternativo quiso reunirse en Mar del Plata para dar la buena nueva de su constitución como oferta orgánica para las elecciones de octubre y como opción al eje polarizador constituido por los liderazgos personales de Mauricio Macri y Cristina Kirchner. El mensaje llegó con interferencia.
En principio, de los tres precandidatos que ya anunciaron que competirían para representar a esa escudería, uno estuvo ausente. El salteño Juan Manuel Urtubey tuvo que volar desde la playa a su provincia, alarmado por desbordes del río Pilcomayo. La triste circunstancia impidió comparar en un mismo escenario la actuación de los tres postulantes y la densidad de sus respectivos discursos. Pichetto reiteró sus mensajes cargados de realismo político y de desafío a lo políticamente correcto. El senador rionegrino no es el que mejor mide en las encuestas de opinión pública, pero sin duda está entre los políticos más respetados por sus pares y por el llamado círculo rojo, que reconoce su profesionalismo y su equilibrio. Son virtudes de un estratega que mira, más allá de su propia fuerza, al conjunto del sistema político, pero probablemente no las alimentan un candidato presidencial con posibilidades.
Si Urtubey se hizo notar por ausencia (expuso su pensamiento a través de entrevistas periodísticas) el que se quedó como dueño de la escena marplatense fue Sergio Massa, que desplegó un discurso francamente opositor al gobierno y suavemente diferenciado de la señora de Kirchner, aludida tácitamente con la idea de que “hace falta una candidatura capaz de ganar”, comentario que subraya la virtual unanimidad de las encuestas en cuanto a que en un mano a mano de segunda vuelta Mauricio Macri la derrotaría.
Lo cierto es que, si de de encuestas se tratara, al día de hoy éstas no le asignan al propio Massa (ni a la suma algebraica de los tres postulantes del peronismo alternativo) cifras que pongan en riesgo al dueto polarizador.

El enigma del cuarto pasajero

Allí es donde aparece el cuarto pasajero del encuentro de Mar del Plata: Roberto Lavagna. El economista habló en ausencia: se proyectó un video con un mensaje suyo en el que propuso al peronismo alternativo trabajar por una alternativa de “unidad nacional” y un “amplio acuerdo” de distintas fuerzas. Desde Salta, Urtubey lo invitó a participar en las internas del sector. A través de una radio, Lavagna respondió que no pensaba intervenir en esas internas (“Participar de una primaria sería contraproducente con la idea central de un acuerdo amplio. ¿De qué sirve participar de una interna de un partido y luego imponerla al resto? Es incompatible; en lo personal no tengo ninguna intención de esa naturaleza”.
Lavagna no resta en absoluto importancia a la construcción del peronismo alternativo, pero la juzga como “un ladrillo” de una construcción más abarcadora y ambiciosa. De hecho, el martes 5, en Rosario, una reunión de fuerzas opositoras de signo progresista (socialistas, el GEN de Margarita Stolbizer, Libres del Sur, una liga de radicales disidentes de la provincia) parecía elaborar otro ladrillo: esas corrientes convenían en trabajar para un acuerdo amplio de oposición. Uno de los participantes en ese encuentro, el gobernador socialista de Santa Fé, Miguel Lifschitz, había estado dos semanas atrás visitando a Lavagna en Cariló y había declarado posteriormente que el economista sería un candidato óptimo para una unión de ese tipo.
Llama, pues, la atención que algunos comentaristas extraigan del video enviado por Lavagna al encuentro del peronismo federal la idea de que su candidatura “se desinfló”. En rigor, esa candidatura nunca fue lanzada por el propio Lavagna (sí, es cierto, por allegados o interlocutores) y sin embargo, más que pincharse, está en el aire. Y los meteorólosos del gobierno analizan con discreción el fenómeno.
Tampoco una candidatura unificada es necesariamente incompatible con las estructuraciones de peronistas o progresistas. Más bien por el contrario, la conformación más orgánica de esas corrientes favorece la idea de acuerdos posteriores entre fuerzas con perfiles e identidades claras. De esos acuerdos podría surgir una alianza electoral con una candidatura acordada.
Si Lavagna va a ser candidato, sólo lo será de una coincidencia de esa naturaleza.

¿Intrusos en las internas?

¿No habrá entonces una PASO del peronismo alternativo y una candidatura presidencial propia surgida de esa interna?
Una PASO de esa naturaleza tendría al menos algunas objeciones internas. Es seguro que ni la Unión Ciudadana de la señora de Kirchner ni Cambiemos definirán sus candidaturas presidenciales a través de una interna abierta. Son dos fuerzas de conducción personal. La hipótesis de que Martín Lousteau pueda disputar con Mauricio Macri ese postulación en el oficialismo suena a un bluff destinado a negociar otras situaciones. En tal caso, si los dos ejes de la polarización están electoralmente vacantes el domingo de las PASO, ¿no es plausible imaginar que pueden volcar sus activos militantes para que intervengan en la interna abierta del peronismo alternativo de modo de perjudicar al candidato que perciban más peligroso para su interés?
Esa hipótesis no es una ocurrencia antojadiza: uno de los motivos alegados en la sección cordobesa de Cambiemos para negarle al intendente de la capital, Ramón Mestre, la posibilidad de definir en internas la candidatura a gobernador (una batalla que, sin embargo, ganó Mestre) ha sido que ese comicio podía sufrir la influencia del peronismo que lidera el gobernador Schiaretti. ¿Por qué no podría ocurrir algo análogo en las PASO presidenciales?

Si CFK es candidata, Lavagna une al “resto del mundo”

Más allá de esos obstáculos eventuales, la PASO entre los actuales postulantes perdería interés si, hacia la fecha decisiva de junio, estuviera claro que habrá acuerdo de la oposición (peronismo-progresismo y otros) y candidatura unificada. La clave para que esto ocurra está, si se quiere, en poder de la señora de Kirchner y sólo quedará develada en el filo de la fecha de oficialización de candidaturas. Si ella opta por ser candidata presidencial, celebrarán en el Instituto Patria y también en el cuartel general de Cambiemos, en las oficinas de Marcos Peña y en el estudio de Jaime Durán Barba. Pero habrá que ver si la celebración no es prematura, pues una candidatura de la señora de Kirchner gatillaría la candidatura de Lavagna, como mejor opción para enfrentar al eje polarizador, tanto al oficialismo como a un kirchnerismo recauchutado pero electoralmente atractivo, en la primera instancia, si ella es la cabeza de la lista. Impulsando la candidatura de la señora, el oficialismo estimula el surgimiento de un tercer candidato fuerte.
Seguramente en esa situación tanto Massa como Urtubey y Pichetto optarían por facilitar una candidatura competitiva, a riesgo de obtener un resultado cuya irrelevancia favorecería la polarización, la reelección de Macri y probablemente la futura ingobernabilidad del sistema.
En cambio, si la señora de Kirchner elige no pelear por la presidencia (sea dando un paso atrás para favorecer la unidad electoral del peronismo o dando la pelea por otro cargo), entonces sí Massa, Urtubey y Pichetto competirían con ganas por una candidatura que, en esas condiciones, pondría al candidato resultante en condiciones de pelear directamente con Macri para decidir, casi seguramente en primera vuelta, el próximo Presidente.
Así leídas, las jugadas del peronismo alternativo y las de Lavagna (complementariamente, las del progresismo) no son divergentes, sino complementarias. Al menos hasta junio, cada cual atiende su juego pero una mano invisible los hace trabajar para un objetivo común. El propio Lavagna lo señaló con nitidez el martes por radio: “Sobre mediados de año, uno debería saber con claridad si efectivamente hay posibilidad de una alternativa que no sea más de lo mismo”.

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