Chalecos amarillos: “un ensayo general”

gilet jaune

(El País. Madrid).   Su nombre es Alain de Benoist (Tours, 1943). En los años setenta impulsó lo que se llamó la “nueva derecha”, intelectuales que se movían en los pantanosos límites entre la derecha y la extrema derecha en la que a veces se le ubica en Francia. Él, que cita a Ortega y Gasset para denunciar la “hemiplejia” intelectual que tiende a encasillar a las personas en un campo, nunca se sintió cómodo con la etiqueta.

Ahora, a los 75 años, es uno de los pensadores de cabecera de populistas y nacionalistas en toda Europa —y en Estados Unidos— y una voz identificada con el movimiento de los chalecos amarillos, síntesis perfecta, y surgida de abajo, de la alianza entre la izquierda radical y la derecha radical.

“No me considero ni de extrema, ni de derecha. Me horroriza el extremismo y no me reconozco en ninguna derecha. Diría que tengo ideas de izquierdas y valores de derechas. Estoy a favor de la renta básica universal, del decrecimiento económico, de la lucha contra el liberalismo y contra el capitalismo en general”, dijo esta semana en el modesto piso donde vive, en el distrito 11 de París.“Hay valores de derechas como el desinterés o la ética del honor. Pero Marx es más interesante que Maurras”, añade aludiendo a Charles Maurras, el gran intelectual reaccionario francés de principios del siglo XX. ¿Marxista conservador? Lo que se ha llamado la nueva derecha, recuerda, fue “una crítica de la modernidad en el sentido de que esta ha destruido las solidaridades tradicionales, las relaciones de generosidad, para sustituirlas por lo que Marx llamaba las aguas heladas del cálculo egoísta”.

El antiliberalismo —título de su último libro: Contra el liberalismo. La sociedad no es un mercado— y la superación de la división entre izquierda y derecha —título del penúltimo: El momento populista. Izquierda-derecha, ¡se acabó!— marcan hoy el territorio de Alain de Benoist. No es extraño que sienta fascinación por la alianza italiana entre el Movimiento 5 Estrellas y la Liga de Matteo Salvini, y que políticos e intelectuales que orbitan en estos movimientos sientan fascinación por él. Tampoco sorprende su interés por el Podemos en su vertiente más populista y por su antiguo dirigente Íñigo Errejón, y por la idea de un patriotismo transversal que opone a los de abajo contra los de arriba, más que a la izquierda contra la derecha.

Sus contactos con los ideólogos rusos de la doctrina eurasianista son notorios: en 2013 publicó El llamamiento de Eurasia, un libro de conversaciones con Alexander Dugin, apóstol de este movimiento. Alain de Benoist también es objeto de admiración en la alt-right, la nueva extrema derecha estadounidense que saltó a un primer plano con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca hace dos años. “Estos no me gustan nada”, zanja. “Son pequeños extremistas ridículos”.

Los chalecos amarillos, el movimiento de las clases medias empobrecidas en la Francia de las ciudades pequeñas y medianas, son un fenómeno con pocos precedentes, explica el pensador. Habría que remontarse a la revolución de 1848 o a la Comuna de 1871, dice. “Es una especie de ensayo general”, resume. “De un derrumbe del poder, del sistema. Un cambio de régimen, una VI República. No forzosamente una revolución violenta”. Por el momento quizá sea la expresión posible, en la calle, de una coalición que políticamente, hoy parece improbable. Él, que en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2017 votó al candidato de la izquierda populista, Jean-Luc Mélenchon, y en la segunda a la candidata de la extrema derecha, Marine Le Pen, los ve con simpatía.

“Muchos chalecos amarillos, no todos, simpatizan o bien con Marine Le Pen o bien con Jean-Luc Mélenchon”, describe en otro momento de la conversación. “La unidad que es imposible en el liderazgo entre ambos estados mayores se ha hecho en las rotondas entre personas diferentes, con votos diferentes, que descubrieron que compartían la misma cólera, la misma amargura. Y han recreado los vínculos. Antes, estas personas no se conocían. Ha redescubierto formas de sociabilidad que se habían desagregado. El liberalismo y el capitalismo han destruido lo social, lo común”.

—¿Sueña en un alianza entre Mélenchon y Le Pen?

—No lo planteo en términos de personas. Si soñase, sería en una alianza de los populismos de derechas y de izquierdas.

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