El terrorismo más absurdo

veganos (2)
Por Pascual Albanese.   El Senado chileno aceleró la sanción de la legislación antiterrorista propuesta por el presidente Sebastián Piñera a raíz del atentado perpetrado recientemente en Santiago por un extraño grupo “ecoterrorista”, autodenominado “Individualistas Tendiendo a lo Salvaje” (ITS), que hizo estallar un paquete explosivo en una comisaría, con un saldo de ocho agentes de seguridad heridos.

No es la primera vez que el ITS se jacta de este tipo de atentados. En su página web puede leerse que en enero de 2017 había enviado por correo un artefacto explosivo a Oscar Landerretche, entonces presidente de Codelco (la empresa estatal del cobre, considerada la mayor del mundo) y en mayo pasado otro paquete similar a Louis de Grange, presidente del directorio del subterráneo de Santiago, así como se adjudicaba una bomba colocada en un basurero de la capital trasandina, cuyo estallido hirió a cinco transeúntes de ciudadanía venezolana.

En abril de 2018 ya habían explicado que un artefacto explosivo encontrado en las afueras de la Universidad Católica, Raúl Silva Henríquez, “estaba dirigido a cualquier imbécil estudiante, pero también a algún curioso transeúnte”.

Enemigos de la humanidad

La extraña organización sostiene haber sido fundada en México en 2011 y tener células en distintos países latinoamericanos, entre ellos Brasil y la Argentina. Su primera consigna fue “Guerra a la civilización y al progreso humano”. Para justificar sus ataques indiscriminados contra la población civil, señala: “¿Por qué atentar en contra del “pueblo oprimido’. Pues nos importa un carajo el estatus social. Ricos, pobres, indigentes, cualquier inmundo ser humano civilizado merece morir. En nuestros postulados no encontrarán demandas ni exigencias ni nada. Odiamos las conductas del humano moderno, su aprobación al progreso y a la tecnología nos asquea. ­Que exploten todos!”.

En un inusual reportaje concedido en México a un conocido programa radial, un vocero de la organización afirmó: “nuestro objetivo en concreto es la civilización en su totalidad, las universidades y empresas que generan esclavos para que este sistema siga creciendo, los centros comerciales, e instituciones que llena de basura las mentes de los borregos. Atacamos los símbolos de la modernidad y de la religión, la tecnología y el progreso. Atentamos directamente contra los responsables de que esta mancha urbana siga creciendo y devorando los entornos silvestres que aún quedan”.

Animalismo extremista

No es conveniente que las características demenciales del fenómeno hagan subestimar su gravedad. En 2004, o sea tres años después del atentado contra la Torres Gemelas en Nueva York, John Lewis, vicedirector adjunto de la División Antiterrorismo del FBI, declaró ante el Comité Judicial del Senado estadounidense que “la investigación del FBI de los extremistas de los derechos de los animales y los asuntos de ecoterrorismo es nuestra principal prioridad sobre terrorismo nacional”.

Un informe del FBI difundido en 2002 estimaba que el Frente de Liberación Animal (ALF) y el Frente de Liberación de la Tierra (ELF), dos de las principales organizaciones responsables de actos calificados de ecoterrorismo, habían cometido más de 600 actos delictivos en Estados Unidos.

Un año antes, el FBI había definido al ALF como “uno de los elementos extremistas más activos de los Estados Unidos”. Advertía también que la estructura horizontal y la estrategia de acción descentralizada de estos grupos tornaban muy dificultoso su desmantelamiento.

Ambientalismo armado

Como quedó en evidencia con el empleo de Internet por parte del terrorismo islámico, que permitió el surgimiento de los “lobos solitarios” que perpetran atentados por su cuenta sobre la base de una concepción común y de las instrucciones operativas impartidas desde la web, los ecoterroristas, más que una o varias organizaciones, constituyen un “movimiento”, que funciona como un “brazo armado” no autorizado de los movimientos ambientalistas o de defensa de los derechos de los animales.

Cuando en 1971 William Powell, un librero de Nueva York indignado con la guerra de Vietnam y la discriminación racial en Estados Unidos, escribió su libro “la cocina del anarquista”, que contenía un extenso catálogo de consejos sobre cómo fabricar explosivos caseros o perpetrar atentados individuales, jamás imaginó que su obra pudiera erigirse en una insospechada fuente de inspiración para grupos extremistas de todo pelaje.

En la introducción, Powell aclaró que el libro era “no apto para niños e idiotas”, pero esa advertencia no fue tenía en cuenta por algunos de sus destinatarios.

En ese sentido, muchos medios de comunicación estadounidenses coinciden en asociar a Ted Kaczynski, más conocido como Unabomber, como un precursor de estas prácticas. Entre 1978 y 1995, Unabomber desarrolló una campaña de envío de paquetes con explosivos contra investigadores del ámbito universitario.

En su manifiesto “La sociedad industrial y su futuro”, denunciaba que el avance tecnológico era perjudicial para la Humanidad e instaba a recurrir a cualquier medio para frenar su avance.

Pero aún antes que Estados Unidos, el ecoterrorismo ya había hecho estragos en Gran Bretaña. Desde la década del 80, el ALF (fundado en 1976) realizó miles de acciones violentas para acabar con el “sufrimiento de los animales”. Una de sus campañas más célebres y exitosas tuvo como blanco a los comercios de pieles, con docenas de ataques contra peleterías que obligaron al cierre generalizado de estos comercios, con excepción de un pequeño número de tiendas especializadas. Las acciones del ALF se concentraron también contra los experimentos contra animales, lo que desencadenó otra ola de ataques contra universidades y centros de investigación.

 La idealización de lo salvaje 

El ecoterrorismo, tanto en sus variantes” ambientalistas” como en sus modalidades “animalistas”, se funda en la convicción de que el progreso de la Humanidad, en especial a partir de los avances tecnológicos, está destruyendo la armonía de la Naturaleza. Semejante latrocinio legitima el empleo de la violencia contra las instituciones y personas que corporizan ese fenómeno, a fin de detenerlo, o al menos de aminorar sus efectos.
Esta visión apocalíptica, que en el caso de los “animalistas” está asociada además en el “veganismo” como ideología, abreva en algunos pensadores “anarcoprimitivistas” como el estadounidense John Zerzan, quien en su ensayo titulado “Futuro Primitivo” postula el retorno a las sociedades primitivas, una suerte de “fundamentalismo del pasado” que en algunos países latinoamericanos suele mezclarse con la reivindicación de ciertas creencias ancestrales del mundo indígena, razón por la cual el ITS chileno proclama su solidaridad con la causa de los mapuches.
Es más que seguro que el grupo de inocentes veganos que días pasados invadió el predio donde tenía lugar la Exposición Rural de Palermo no tenía la menor idea de que su exótica iniciativa formaba parte de una corriente mundial en ascenso. Pero seguramente lo mismo sucedía años atrás, mucho antes del nacimiento del ITS, con los pacíficos manifestantes ambientalistas chilenos que manifestaban contra la polución atmosférica en Santiago. Más vale estar prevenidos.

Dejar una respuesta

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>