Liderazgo femenino en la pandemia

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Por Pascual Albanese.    En medio de la profundización de la emergencia planetaria provocada por la expansión del COVID-19, la acción contra la pandemia permitió que la primera ministra alemana Ángela Merkel emergiese como el paradigma de un nuevo estilo de liderazgo global. No existe ningún antecedente en la historia de los últimos siglos de otra mujer que haya logrado erigirse en la personalidad política mundial más prestigiosa de su tiempo.
Tras catorce años en el poder, contradiciendo algunas señales de que su estrella empezaba a empalidecer y la propia democracia cristiana alemana preparaba su sucesión, Merkel se transformó en la experta timonel que conduce con mano firme a su pueblo para enfrentar lo que ella misma definió, y con razón, como “la crisis más grave que afronta Alemania desde la segunda guerra mundial”.
Más allá de la singularidad del personaje, el hecho revela un fenómeno de la época: otras seis jefas de Gobierno están consideradas como protagonistas de los mayores éxitos en la lucha la pandemia.Jacinda Ardern en Nueva Zelanda,Tsai Ing-wen en Taiwán, Katrín Jakobsdóttir en Islandia, Sanna Marin en Finlandia, Erna Solberg en Noruega y Mette Frederiksen en Dinamarca completan un elenco femenino que concita el interés de la opinión pública internacional.Ingeniera en el poder

Por sus conocimientos científicos, producto de su formación como ingeniera especializada en física y química, Merkel se granjeó la admiración de los alemanes por su estilo de comunicación sobrio, directo y extraordinariamente didáctico. En un mensaje transmitido por cadena nacional, utilizada por primera vez en sus catorce años de gobierno, explicó en detalle la índole del inédito desafío y la estrategia elegida para afrontarlo.
El impacto fue mayúsculo: la prensa rebautizó a Merkel como “Científica en Jefe”, el contenido de su clase magistral inundó las redes sociales adentro y afuera de Alemania y su tónica docente fue tomado como una fuente de inspiración por gobernantes de otros países. Pero ese uso intensivo del raciocinio no excluyó esta vez la apelación a las emociones. “Esto es serio. Tómenlo en serio”, alertó a sus compatriotas.
Los acieros de Merkel están también asociados a su correcto aprovechamiento político de la solidez del sistema de instituciones de Alemania. A diferencia de lo ocurrido en otros países con una arquitectura constitucional fuertemente federal, como Estados Unidos o Brasil, donde muchas veces se registran contraposiciones entre la autoridad nacional y los gobiernos locales, Merkel logró asociar a los “landers” (estados locales) en un esfuerzo cooperativo que tuvo en cuenta las particularidades territoriales sin desmedro del acatamiento a una política de carácter nacional.
Con su cautela característica, Merkel elude toda apreciación triunfalista. “Caminamos sobre una fina capa de hielo”, advierte. No obstante, su popularidad está por las nubes y sus partidarios empiezan a dejar de lado la hipótesis de su retirada y vuelven a plantear la posibilidad de un nuevo período al frente del gobierno. En ese caso, la primera ministra, que este año iguala el lapso de permanencia de Konrad Adenauer, artífice de la reconstrucción de Alemania luego de la derrota de la Segunda Guerra Mundial, podría superar los dieciséis años de mandato de su antecesor, Helmut Kohl, el gestor de la reunificación nacional materializada tras la caída del muro de Berlín.

Mujeres al frente

Este auge de la “merkelmania” ayudó también a focalizar la atención sobre otros liderazgos femeninos emergentes al calor de la crisis mundial.
En Nueva Zelanda, internacionalmente reputada como una experiencia exitosa en el combate a la pandemia, la primera ministra Jacinda Ardern señaló que “lo hemos eliminado, la batalla está ganada”. Sin embargo, fue más cautelosa en relación a los próximos pasos: “estamos abriendo la economía, pero no estamos abriendo la vida social de las personas”.
En Taiwán, donde la vecindad con China continental permitió tener una versión temprana y de primera mano de las características de la pandemia, la primera ministra Tsai Ing-wen anunció en enero 124 medidas para enfrentar la crisis sanitaria. Los científicos taiwaneses advirtieron de inmediato a la Organización Mundial de la Salud y a todos los gobiernos de la gravedad de los acontecimientos en la entones todavía ignota Wuhan.
La industria se concentró en la producción de millones de mascarillas de protección para toda la población local, que ahora se exportan al mundo entero.
Pero donde el liderazgo femenino tuvo mayor número y diversidad de expresiones fue en el norte de Europa. En la exótica Islandia, la primera ministra Katrín Jakobsdóttir impulsó la realización de test masivos en su población de 270.000 habitantes.
Estos comenzaron incluso antes de que se registrara el primer caso en la isla. Decretó también una cuarentena selectiva que garantizó el cobro de la totalidad de sus salarios a los trabajadores que accedieran a permanecer voluntariamente en sus domicilios. Ambas iniciativas, implementadas a tiempo, posibilitaron el control de la pandemia.En Finlandia, la primera ministra socialdemócrata Sanna Marin, quien con sus 34 años es la jefa de Gobierno más joven del mundo, aprovechó la ventaja de ser uno de los países más digitalizados del planeta para usar a los “influencers” como aliados estratégicos a fin de difundir las recomendaciones gubernamentales que fueron acatadas por la población.
Marin tuvo una ventaja adicional: recelosos de su vecindad con Rusia, que los invadió en más de una oportunidad, los finlandeses conservaban intacto, aún después de la desaparición de la Unión Soviética, un extendido dispositivo de depósitos subterráneos para utilizar en caso de guerra que incluía una amplia provisión de medicinas y equipos sanitarios, que resultó de enorme utilidad en la emergencia.
En Noruega, la primera ministra conservadora Erna Solberg instrumentó una novedosa estrategia de comunicación consistente en la realización de diarias conferencias de prensa con niños que eran trasmitidas en directo por los medios de comunicación. En esos diálogos cotidianos, Solberg logró la complicidad infantil para educar al conjunto de la población en la adopción de las medidas de prevención necesarias para preservar la salud colectiva.
En Dinamarca, el gobierno de la primera ministra Mette Frederiksen, quien imitó a Solberg en el diálogo con los niños, fue el primero en la Unión Europea en adoptar medidas drásticas para prevenir la expansión de la pandemia. Con los primeros casos, resolvió desde el cierre de las fronteras hasta la suspensión de las actividades escolares y de las reuniones en lugares públicos. Esa velocidad le permitió aplanar la curva de contagio y ser también el primer país europeo en avanzar paulatinamente hacia la reanudación de sus actividades normales. Los resultados de esta experiencia de apertura son observados ahora con ansiedad por sus vecinos nórdicos.
De los 197 países del mundo, solo doce, o sea el 3,7% son gobernados por mujeres y siete de ellas sobresalen por el éxito de su gestión frente a la pandemia. Más allá de prejuicios ideológicos de cualquier signo, se trata un dato estadístico que invita a reflexionar.

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